Festival de Mar del Plata 2021: Crítica de “9”, de Martín Barrenechea y Nicolás Branca (Competencia Latinoamericana)

Esta ópera prima, que le valió a la dupla uruguaya el premio a Mejor Dirección en Festival de Huelva y tres distinciones de los jurados independientes en Mar del Plata, se sumerge en las desventuras de un jugador de fútbol con muchas similitudes con el caso de Luis Suárez.


Por Guillermo Ferrer

9 cuenta la historia de Christian Arias, un joven jugador de fútbol que regresa a su país (Uruguay) tras provocar un incidente en las canchas europeas. Allí se aislará en un barrio privado con sus asistentes y su padre (a la vez representante) para así sobreponerse al mal momento personal. Luego de entablar una relación sentimental con una vecina, debe decidir entre seguir con la carrera o explorar su propia juventud en su país.

Desde aquí parte la primera película del dúo de directores Martín Barrenechea y Nicolás Branca, una coproducción uruguayo-argentina. Lo que empieza como un drama deportivo se convierte en una mirada sobre la alienación de la fama, la presión profesional y, más que nada, la relación de un joven con su padre explotador. Tomando la forma de un relato coming of age, se ingresa al mundo de cuestiones muy comentadas en los últimos años como son los incidentes de estrellas deportivas.

Hay que mencionar la semejanza con lo ocurrido con Luis Suarez, de quien el actor Enzo Vogrincic parece inspirarse en la forma de hablar para componer al protagonista. Mostrar a un futbolista reconocido mundialmente como un niño perdido entre decisiones de adultos (sin que lo veamos jugar), es una idea refrescante. No solo está encerrado en sí mismo, sino en un mundo deshumanizante donde la violencia irrumpe inesperadamente. Por si lo habíamos olvidado, el film nos intenta hacer recordar que estas máquinas de hacer dinero son también personas.

Narrativamente, los directores se centran en las actuaciones a través de planos de larga duración con composiciones fijas y descentradas. La buena noticia es que sus intérpretes están a la altura del desafío y saben aprovechar el espacio que se les da para crear a sus personajes. Aunque sean elementos difíciles de filmar, el tiempo vacío, la rutina y el aislamiento son mostrados generalmente de forma exitosa, aunque a veces suelen estancar el ritmo de la obra. Las líneas limitando los espacios interiores y los personajes que encierran a otros personajes son los medios para generar tensión, cuyo efecto se diluye ante la repetición excesiva. Sonoramente se destaca la casi nula presencia de música, la cual es solo usada en contraposición al encierro del futbolista.

Christian es el detrás de escena del futbolista todopoderoso, admirado y ganador. Se lo mira desde una mirada terrenal y empática, como si saliera de una de esas películas de niños solos tan populares en los años ’60. Este desplazamiento es la idea más interesante del film que, de todas maneras, resulta demasiado gritada. El problema es que se quieren mostrar todas las variantes posibles de la idea de “deportista joven perdido y explotado”, es decir: las fiestas con amigos artificiales, la presión del entrenamiento y los medios de comunicación, la imposibilidad de llevar una juventud normal, la creación de una imagen pública, entre otras. Todas estas ventanas a la vida del protagonista son abiertas para ser exploradas superficialmente. Además, los dos personajes centrales, el padre controlador y su hijo prisionero, parecen quedarse en meros victimarios y víctimas. Son pocas las preguntas que el film se hace, describiendo una situación con pocos matices.

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