Festival de Mar del Plata 2021: Crítica de “Tres en la deriva del acto creativo”, de Pino Solanas (Película de Apertura)

El documental póstumo del director fallecido hace un año es una bella celebración de la amistad y del arte.


Por Kathy Subirana

Cuando en el ámbito cultural latinoamericano hablamos del pintor Luis Felipe «Yuyo» Noé, el dramaturgo Eduardo «Tato» Pavlovsky y el cineasta Fernando «Pino» Solanas; mencionar sus apodos no solo es importante, sino también natural e ineludible. Por ello, una de las cosas hermosas que tiene Tres en la deriva del acto creativo es la honestidad y naturalidad con la que nos muestra que, para los tres, el proceso creativo tiene poco de solemne.

Es simbólico que Mar del Plata elija, para inaugurar su 36ª edición, el trabajo póstumo de Solanas, quien falleció en noviembre de 2020 a causa de COVID-19. Esta decisión se puede entender como el reconocimiento de que la pandemia no nos ha dejado indemnes, y también como un homenaje al cineasta/senador, cuyo compromiso político se pudo palpar siempre en su obra con tono de denuncia, de crítica, más no de panfleto.

La película empieza advirtiendo que nunca tuvo una estructura definida, y una juguetona melodía que será recurrente aparece por primera vez acompañando esta afirmación. Es claro, entonces, que la narrativa se ha ido improvisando y construyendo en base a conversaciones sobre el proceso creativo que sostienen los tres protagonistas, acompañados por una copa de vino y por sus esposas e hijos que participan en el registro y la producción. De alguna manera esta obra es un homenaje a lo que Pino Solanas llamaba “la poética del riesgo”.

Estamos frente a una película espontánea, donde es tan evidente la falta de guion como la presencia de un hilo conductor. “Caos para mí no es desorden. Caos es la vida misma. Creo que la palabra caos no tiene un opuesto, y si lo tuviera, sería ‘muerto’. La vida es la evolución permanente. A mí lo que me gusta es agarrar un instante de este quilombo que es la vida”, dice Noé.

“El proceso creativo es lo más opuesto al orden. El trabajo nuestro es ordenar ese caos, limpiarlo, darle orden y darle curso. Lo importante es la espontaneidad y ese misterio que es la búsqueda de una imagen. Lo que realmente me apasionaba es que en el cine se juntan todos los lenguajes. Todo confluye en el cuadro”, apunta Pino.

Pero no solo la amistad y el proceso creativo son los protagonistas. Lo político también tiene un espacio importante, dado que los tres artistas vivieron exiliados en los años de dictadura. Las vivencias cotidianas de cada uno de los tres, entonces, se cruzan entre sí, como se cruzan sus ideas sobre lo artístico y sobre el compromiso.

“Los personajes de alguna manera están en mí. Y esos personajes pueden ser el torturador y el torturado. Me reconozco como ambos. Y el proceso creativo es mucho más complicado que las leyes, normas que aparecen. El teatro es un lugar de ficción donde descubro muchos sorpresivos devenires que habitaban en mí antes que el personaje lo encarnara. Estamos habitados por devenires que, independientemente de la cultura política que tengamos, nos traspasan. Y eso es la vida: qué te transmiten, qué dices, a dónde voy con lo que digo” añade Tato Pavlovsky.

Lúdico y encantador, este ejercicio bien podría titularse también “tres personajes en busca de un autor”. Si en algo coinciden los tres amigos es en que lo más difícil del proceso creativo es ponerse a trabajar. Y en que, a los respetables años que tenían cuando grabaron este trabajo, aún se seguían haciendo muchas preguntas.

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