El reciente festival con sede en La Plata se sumó a las distinciones que varias otras muestras ya le habían otorgado a esta íntima y desgarradora ópera prima de la cordobesa Garayalde.
Por Maximiliano Quevedo
“Cuando tenía diez años mi papá compró una Sony 8mm, para guardar los recuerdos familiares”, dice la narración en primera persona de Natalia Garayalde como introducción. Y así fue. Ahora, todo ese material fílmico mantiene esos recuerdos familiares pero atravesados por una tragedia. “Una caja con VHS etiquetados: acto colegio, primer partido Nico, vacaciones, consejos útiles, videoclips por Gabi, explosiones 1995, graduación Caro”. Esquirlas, que es un montaje de todo ese material mezclado con otros archivos de la época, fue filmada por su directora (podríamos decir) a los trece años.
El documental comienza con su papá explicándole cómo usar la cámara, que de ahí en más la utilizaría para filmar el día a día de su familia, y sus aventuras. Vemos a través de esquirlas de imágenes que la vida en esa familia es bastante tranquila y feliz. Hasta el 3 de noviembre de 1995, cuando estalla la fábrica militar de su ciudad, Rio Tercero, Córdoba. Y esas imágenes ahora se parecen más a las de una guerra. Con una mirada genuina, no solo muestra todo el horror que quedó, sino también denuncia a los políticos por no hacer nada, mientras juega a ser reportera junto a su hermano que la filma.
Imágenes que prueban, desde un caso particular de una familia a lo colectivo, las consecuencias en la sociedad de las decisiones y acciones de un gobierno. En este caso, vinculado a lo que luego se conoció sobre el tráfico ilegal de armas que realizó el presidente Carlos Menem, y que nunca fue juzgado. Pero el relato, igualmente, no se aleja de la vivencia familiar, porque ahí radica una experiencia detallada de las dolorosas consecuencias.
Esquirlas, entonces, se suma a la lista de documentales que salieron en los últimos años sobre hechos lamentables en nuestra historia argentina, pero con una impronta intima, como son los casos de El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina Comedi, y Los rubios, de Albertina Carri. Por suerte, como dice Natalia Garayalde, las imágenes sobreviven a los cuerpos´




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