FestiFreak 2021: Ken Jacobs y la reivindicación de la imagen del subalterno

El ciclo de tres cortometrajes de Jacobs reanima estereógrafos mediante la manipulación digital, introduciéndonos en un recorrido histórico de la época y del cine mismo con el énfasis puesto en las particularidades de los esclavos del Capital, un intento de reivindicar a los subalternos frente a la versión oficial de los vencedores.


Por Carlos Eduardo Pérez López

“Se ha dicho que el analfabeto del futuro no será aquel que no conozca por cierto las letras, sino quien no conozca la fotografía. Pero, ¿no hay que considerar del mismo modo analfabeto al fotógrafo incapaz de leernos sus propias imágenes?”
Walter Benjamin en Pequeña historia de la fotografía Obras II, 1, p. 403


Ken Jacobs, conocido por su obra experimental y precursor del cine 3D, hace claro ejemplo de su reconocimiento al utilizar técnicas que dan una sensación de movimiento y profundidad a las imágenes fijas. En los tres cortometrajes presentados en el FestiFreak vemos una evolución del sistema capitalista y posiblemente el espíritu que Jacobs considera de cada etapa. En Capitalism: Slavery (2006) apreciamos mediante el parpadeo constante de la imagen a esclavos afroamericanos en plantíos de algodón vigilados por un capataz blanco. Una obra que marca una etapa determinante para el origen del capitalismo: bajo los hombros de silenciosos esclavos se constituye el principal motor de su sistema, pero dentro de su aislamiento nos obliga a ver su condición de esclavos.

En Capitalism: Child Labor (2006), Jacobs también se enfoca en las particularidades de sus individuos, pero además en el ambiente en general: una herramienta en mano, unos pies descalzos o la maquinaría en sí. En este segundo cortometraje se introduce el contexto de una fabrica, en un inicio inmersivo y terrorífico, para después ir en sincronía con imágenes que se sobreponen y desparecen al son de la máquina que acelera abruptamente en lo que parece un licuado de carne, huesos y tornillos. La aceleración del sonido parece no parar hasta que el mismo concluye con una máquina explotando.

En el tercer y último corto, The Whole Shebang (2019), vemos el riesgo estúpido y absurdo de acróbatas con tal de ganar dinero; desde un choque automovilístico a un señor balanceando a un bebé al borde de un edificio. Parece que el placer por el espectáculo como riesgo es frustrado por el mismo director, pues en la construcción de la escena donde un carro envuelto en llamas que colisiona lentamente con otro vehículo se interrumpe abruptamente, pasando a un plano detalle del rostro de un bebé. El bebé parece estar en otro riesgo innecesario; un hombre lo balancea en el borde de un edificio. Es un estúpido riesgo, pero vemos la ironía del director al poner un plano contrapicado del hombre mientras ondea la bandera de los Estados Unidos, así como se balancea el bebé en los brazos de acróbata.

La necesidad de mostrar al final el origen material por el cual es posible los primeros dos cortometrajes deja en claro su artificialidad, algo que Jacobs busca constantemente en sus obras. Su cine, tal como el movimiento general al que se le atribuye (Underground Cinema), es de autoconciencia en oposición al cine del adormecimiento hollywoodense. Ken Jacobs es un director que intenta leernos sus propias imágenes a través de vestigios visuales con clara contraposición política y estética al sistema en el que habitamos.

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