Este análisis comparativo entre el film de 1981 dirigido por De Palma y el clásico de 1958 rodado por Hitchcock permite trazar similitudes y diferencias entre ambos cineastas.
Por Felipe Gorjón
Si hay algo que en la obra de Brian De Palma se ha visto recurrentemente, es su obsesión por filmar sobre el cine; como también redefinir o releer al héroe de semblante hitchcockiano, aquel “invitado inesperado” que ve -y hay que hacer énfasis en el acto de mirar- algo que no debería y que, por eso, es puesto en una moral ambigua sobre si su accionar está bien o mal.
Lejos de dar una respuesta concisa, De Palma vuelve a problematizar a estos personajes y, con la misma forma, pone al héroe en duda frente a lo que está viendo y lo que está buscando. Es por eso que Blow Out resulta, por un lado, una mirada hacia atrás, una forma de repensar y reinterpretar otra obra, más concretamente Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock.
En Blow Out el personaje principal, Jack Terry, interpretado increíblemente –y por qué no decirlo, de manera subvalorada- por John Travolta tendrá un objetivo claro: desenmascarar o encontrar la verdad del hecho que registró, poniendo esa idea (lo que él cree es la realidad) por sobre todas las cosas. Es algo similar a lo que ocurre con Scottie en Vértigo, solo que dicho personaje (excelsa actuación de James Stewart) se obsesiona con un amor ideal y con el fantasma de alguien que nunca fue. Ambas obsesiones desembocarán en la tragedia, y tendrán en común el poder desenmascarar una mentira, encontrar una verdad.
En el film de De Palma, el asesino llamado Burke (John Lithgow) no sirve solo como un artificio de guion, como personaje cuyo único propósito es poner en juego los intereses de Jack. Sirve, al igual que Gavin Elster en Vértigo, como personificación, como adaptación o la conversión morfológica del mal mayor que habita en la película.
Blow Out es una búsqueda, una investigación, una ardua labor para poder descubrir una verdad, desentrañar la ficción creada; desmembrar el engaño. Jean-Luc Godard dijo alguna vez que “el cine es la realidad 24 fotogramas por segundo”. De Palma cuestiona esta declaración y en Body Double/Doble de cuerpo (1984) lleva esta idea al otro extremo; que el cine es la mentira, que estamos condenados a creer en lo que vemos.
Pero en Blow Out pareciera que todavía no estaba tan de acuerdo con dicha afirmación, dado que Jack busca una verdad. En Vértigo, el personaje de Madeleine Elster/Judy Barton (Kim Novak) personifica esa mentira, esa fachada que Scottie debe romper para poder así entender y conseguir una verdad. Pero aquí, si bien hay una coprotagonista encarnada por Nancy Allen (y que también se paralela a la figura de Kim Novak), la búsqueda de la verdad estará inscripta mayoritariamente en un grito, un grito simbólico que va a configurar la tragedia desde el principio. Un grito cuyo significado queda inscripto en el film en el que trabaja Jack; ya que desde el comienzo se tratará de conseguir dicho objetivo, no por cuestiones obsesivas sino meramente por cuestiones laborales. Jack trabaja como sonidista de films de clase B y es allí donde el grito aparece por primera vez, de manera desafinada, desacomodada y, aún más importante, inverosímil. Entonces, queda en él, en su trabajo como sonidista, encontrar un grito que sea creíble, que se ajuste al film (pobre) en el cual trabaja.
A tener cuenta; el grito tiene configurado en sí mismo un factor intrínseco, un hecho del cual no puede ser aislado, y es la relación que establece con el espanto. Si se oye a alguien gritar, jamás podemos pensar que es algo bueno, iremos a buscar la fuente, tenemos que ver que causó el acto que perfora nuestros oídos y, por ende, nos asusta, nos incita a corroborar los hechos, a descubrir justamente el porqué del mismo.
Si a lo largo del relato las mujeres que gritan no son para el mismo es porque se recae en la idea de lo genuino. Si el grito, el estruendo a poner en esa película clase B, no era adecuado, es porque quien gritaba no alojaba la concepción de la verdad, solo eran míseras imitaciones.
Que Sally funcione como un paralelismo o, mejor dicho, una relectura de Madeleine Elster, es porque ambas fueron usadas para un mal mayor, fueron víctimas del engaño, de un porvenir que las llevó a la tragedia; no solo personificaban una parte de la mentira mayor, sino que también la sufrían, Judy Barton acepta convertirse en Madeleine Elster por dinero, al igual que Sally crea escenarios ficticios donde los hombres caen engatusados y son extorsionados para (nuevamente) seguir con un engaño y mediante eso, ella consigue dinero. Ambas replican, mienten, fingen. Pero ninguna de ellas es la mente detrás de todo ese invento, son víctimas de un sistema mayor, de una sensación ominosa que acecha, que es superior a las dos protagonistas. No es casual que ambas terminen muriendo, no sin antes evocar algo esencial, un grito.
En Vértigo y en Blow Out el engaño es constante, los escenarios creados se desarman, la puesta en escena se desmembra, la mentira se desenmascara, pero para eso hay que transitarla, hay que navegarla.
Pero si en algo cambia Blow Out respecto de Vértigo es en su final. De Palma nos plantea que la única forma de acceder a una verdad, la única manera de poder entenderla es a través del cine; ya que, el cine toma de la vida para poder crear, toma de la realidad para poder contar sus historias, pero todo lo que vemos siempre resulta en una ficción, en un hecho inexistente, al que solo se puede acceder en la bidimensionalidad de la pantalla, que es una mentira, un escenario, un medio para entender, para descubrir, para aprender.
Sí, el cine es una ficción, es puesta en escena, pero en ella, en esos jeroglificos, se encuentran también las respuestas, se encuentra una verdad.




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