Humor negro, mirada crítica y un dejo de optimismo en este nuevo trabajo de la dupla de “Aaltra”, “Louise-Michel”, “Mammuth”, “Le grand soir”, “Near Death Experience”, “I Feel Good” y “Saint Amour”.
Por Axel Nicolás Bosso
-Effacer l’historique (Francia-Bélgica/2020), de Benoît Delépine y Gustave Kervern. Duración: 100 minutos.
Una feta de fiambre permanece arrojada en el piso mientras observamos los pies de una protagonista que está hablando por teléfono, quejándose acaloradamente de los precios y de la calidad de su servicio de internet. Luego de un instante que se siente eterno, la mujer levanta el alimento, lo vuelve a colocar en su paquete y lo guarda en la heladera. Un paquete que fue robado la madrugada anterior del departamento de su hijo, con quien dejó de convivir por ausencia de trabajo y exceso de deudas.
Decir, hoy en día, que las redes sociales y la creciente dependencia con la tecnología nos ha cambiado la vida de innumerables formas suena a redundancia o incluso a frase del siglo pasado. Sin embargo, explorar hasta qué punto aspectos de nuestra vida y modos de relacionarnos se ven afectados puede volverse muy valioso. Esta es la propuesta de Effacer l’historique (Borrar la historia), un relato en el que acompañaremos principalmente a dos mujeres y a un hombre en sus malabares cotidianos para poder sobrellevar una vida absorbida por las pantallas y dominada por las problemáticas del sistema económico reinante.
Con un humor absurdo pero efectivo, lleno de ironía y una acidez que genera carcajadas y también marcados signos de incomodidad, experimentaremos un bombardeo de escenas que plantean algunos escenarios bizarros (y otros bastante cercanos), en los cuales los últimos avances de la tecnología y la sociedad de consumo han transformado la rutina. Los personajes se desesperan por descubrir qué más pueden vender online de su hogar, por no saber qué hacer con el ciberacoso que recibe una hija, el amor y la sexualidad que solo se experimenta a través de una llamada a un callcenter o la frustración por recibir tan solo una estrella de quienes solicitan nuestros servicios de transporte, perjudicando así la paga y la demanda general.
El film sabe cómo representar su época contemporánea, con frases de fake news como “se murió Kim Kardashian” en los primeros minutos, o llantos por tener una “adicción” a ver series y terminarlas a la brevedad. Effacer l’historique quiere siempre elevar la apuesta con la creatividad de sus situaciones y las reacciones de sus sujetos, y sabe cómo hacerlo. Además, los planos sonoros suelen ser muy reafirmativos, con canciones que relatan sobre el “ser un vampiro en una ciudad endemoniada” o la exacerbada alegría, fugaz e ilusoria, de empezar un nuevo empleo.
Aunque la película llega a extremos absurdos para explicitar su postura crítica, sorpresivamente también tiene un dejo de optimismo: el afecto no murió. Este amistoso grupo de adultos todavía se abraza, compartiendo lamentos y cariños, a pesar de cómo se manejan regularmente. Por supuesto, si un “extranjero” les quiere comprar su malgastado vehículo para suicidarse, aceptarán sin siquiera levantar una ceja. Pero cuando ven a alguien del grupo sufrir, no tardarán en ofrecer un hombro y un “te quiero”.
Otro elemento curioso sucede al esperar las posibles “soluciones” que la película podría plantear a esta forma de existenciarios. La gracia es que no ofrece ninguna. Más allá de que uno de sus protagonistas caiga en la resolución cliché de gritar “basta” y arrojar su celular al océano, el resto las personas solo meditan, en un momento de calma y disfrute, cómo seguir adelante en una sociedad occidental que no da indicios de intentar retroceder con alguna de estas problemáticas. Algo que probablemente también hagamos desde este lado de la pantalla.




Deja un comentario