Esta coproducción brasileño-argentina basada en un relato de Clarice Lispector ganó el premio a Mejor Actuación para Simone Spoladore y la Mención Especial del Jurado.
Por Miguel Pavón
O livro dos prazeres (Brasil-Argentina/2020). Dirección: Marcela Lordy. Con Simone Spoladore, Javier Drolas y Felipe Rocha. Guión: Josefina Trotta, Marcela Lordy. Fotografía: Mauro Pinheiro Jr..Edición: Rosario Suárez. Sonido: Federico Billordo. Música: Edson Secco. Producción: Deborah Osborn, Marcela Lordy, Felipe Guimarães Briso, Gilberto Topczewski, Hernán Musaluppi, Natacha Cervi, Marcello Ludwig Maia. Duración: 98 minutos.
En este primer largometraje de Marcela Lordy, libre adaptación de la novela Aprendizaje o el libro de los placeres, de Clarice Lispector, conocemos la historia de Lóri (personaje interpretado bellamente por Simone Spoladore), quien vive inmersa en una rutina que no le permite mucho más que oscilar entre una serie de encuentros pasajeros y su trabajo de maestra. Hasta que conoce a Ulisses (Javier Drolas), un profesor de filosofía con quien intenta ir más allá de un mero encuentro y la hace cuestionar aspectos de su vida que están dormidos, ocultos.
El miedo de Lóri a sufrir y la imposibilidad de abrirse afectivamente al mundo perpetúan un poco más su monótona existencia y sus sentimientos e inquietudes se filtran en sus clases en la escuela, pero su coraza empieza a resquebrajarse. Esa misma coraza que se refleja en su imposibilidad de adentrarse al mar y ser, en cierto modo, libre.
Muchos elementos visuales del film se relacionan con los sentimientos de la protagonista: los largos planos con la inmensidad del mar de fondo o del enorme y prácticamente vacío departamento donde vive están en sintonía con la gran soledad que ella siente, así como los primeros planos de Lóri mayormente de perfil como analogía de lo difícil que resulta descubrirla completa.
Olas, peces e imágenes oníricas con foco en el agua, elemento que usualmente se vincula a lo que permanece inconsciente y oculto en nuestra mente, nos remiten a su necesidad de descubrirse, así como una escena de la película Tierra en trance, de Glauber Rocha, que Lóri ve en el cine, nos presenta un monólogo que parece emparentarse en cierto punto con su deseo de superar los obstáculos y ser feliz.
«¿Amar es regalar al otro la propia soledad?»: Un interrogante que tanto Lóri como los espectadores deberán responder.




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