Ensayo: El inventario (sobre la vida y la filmografía de Edward Yang)

Por María Eugenia Costa

Chino de nacimiento, pero clave en la proyección internacional de nuevo cine taiwanés durante el período 1982-2000, Edward Yang construyó una breve (7 largometrajes), pero influyente filmografía que es bueno rescatar, analizar y exaltar.


“El cine es una mezcla de cosas tristes y alegres.
Como la vida, por eso nos gusta el cine.”

(del film Yi yi, de Edward Yang)


Definimos como inventario aquel registro documental de los bienes y demás objetos que pueden pertenecer a una persona física o jurídica y que se encuentra realizado a partir de mucha precisión y prolijidad en la plasmación de datos. Si se me permite, lo hago extensivo al cine.

En este conteo la vida y la muerte se cruzan, coquetean, se unen y se separan.

La vida y la muerte componen círculos perfectos. Caras exactas de una misma moneda. Ambas contemplan ceremonias, rituales que son cumplidos a rajatablas por los seres que habitan este universo.

Parafraseando a John Williams en su libro Stoner, diré lo siguiente: Edward Yang nació en Shanghai, China, en 1947, pero se convirtió en uno de los directores principales del movimiento cinematográfico conocido como Nueva Ola Taiwanesa, llegando ser uno de los más importantes de su época. Falleció a los 59 años, luego de una enfermedad tan dura como el cáncer, que lo sacó de juego para siempre. Cuando murió, tenía en su curriculum 7 películas y un segmento dentro de una antología de 1982, además de un premio a Mejor Director recibido en la 53ª edición del Festival de Cannes por la deliciosa Yi yi (2000).

Cuentan que en sus últimos meses de vida se dedicó a dibujar, dándole forma a una nueva película de animación FIFI, que nunca llegó a completar.

Dejó una mujer y un hijo que tenía 6 años en ese entonces.

Al desandar el camino, descubrimos que crece en Taipei en la época en que la capital experimentaba un crecimiento como consecuencia de los millones de migrantes que huían de la revolución comunista.

Posteriormente se traslada a los Estados Unidos, donde estudia informática y luego cine. En esa época se dedica a trabajar como programador en Seattle, actividad que desarrolla durante 6 años hasta que, según cuenta la leyenda , la película de Werner Herzog Aguirre, la ira de Dios fue su guía en el camino cinematográfico.

La mayoría de la crítica concuerda que su obra se contempla en tres períodos compuestos por: La Trilogía Humana ( That Day on the Beach, Taipei Story y Terrorizers); obras novelísticas (Desires; A Brighter Summer Day y Yi yi) y finalmente las que podrían calificar como sátiras sociales (A Confucian Confusion y Mahjong).

Sus películas suelen tener planos generales, lejanos y sus colores se encuentran acentuados o no, dependiendo de los espacios que filma. Planos a través de ventanas como acentuando lo que podríamos entender como una práctica voyeurística. Las luces, la claridad, los espacios cerrados, los tonos encapsulados, los azules de la noche, los verdes. La luces de neón. Acaso los semáforos.

La increíble luz que suele habitar sus historias. ¿Son reales los colores que atraviesan sus películas? Quiero pensar que sí.

Sus elencos corales, donde el protagonismo están en las familias, o en las formas de familias, en las indecisiones o decisiones precipitadas, con finales o principios, con una mezcla de todo. Con personajes encantadores y otros no tanto, con seres algo disfuncionales, con las calles de Tai Pei como escenario de la vida o también en espacios cerrados, o interiores dando un marco realista e intimista de la vida. En sus películas nos hallamos en general ante la falta de guía, una anomia paterna o también una anomia social. Todo parece transcurrir sin la posibilidad de cambio, todo se precipita, todo se decanta. La violencia, se percibe, se susurra, se siente como solapada.

La comedia, también, personajes que van y vienen, atravesados por la vida y la muerte, como un círculo perfecto.

En A Brighter Summer Day (1991) nos hablará de temas variados como la crisis adolescente, la influencia del cine, la inmigración china, la guerra y sus consecuencias, las diferencias entre padres e hijos, el honor, las bandas juveniles, los enfrentamientos, la camaradería escolar.

En el caso de Yi yi, la historia abarca el espectro de la vida que va desde el nacimiento a la muerte. La película se inicia con una ceremonia de casamiento y concluye con un funeral. En medio de ello, la vida que pasa. Sus personajes parecen simplemente que recorren un pasaje, un lapso en el que parece que nada cambia y efectiva e irreductiblemente el destino los alcanza.

En general, si se analiza su obra podemos observar que los textos que la forman tienen varias capas que no son fácilmente distinguibles, para encontrar los guiños y referencias a las que alude Yang, tal vez sea necesario revisitarlas más de una vez. Los comentarios políticos suelen esconderse bajo la acción de sus personajes , en guiones precisos.

Cada una de sus películas compone un abanico de personalidades, valores, elecciones, comportamientos que diseñan un retrato social. La vida escalando una posición, el consumismo, los ideales, la impersonalidad. Esa misma que tiende a dominar las relaciones profesionales, de amistad y hasta de familia, haciendo transitar a los personajes en un estado de indefinición.

Podemos establecer que los estados soslayados no solamente lo dan sus personajes , sino también de los lugares en los que transcurren las acciones. Filma en pasillos, ascensores, salas de estar, oficinas, fachadas, en intersecciones callejeras en la noche, o a plena luz, todo en un marco de una sensación de encierro de opresión, podríamos sostener que la ciudad ahoga de vez en cuando. También hay suntuosidad, despojo, bodas, nacimientos, muertes, funerales, depresión, delincuencia juvenil, hermandad.

El paso del tiempo, la vida. Nuevamente el ciclo perfecto.

Cuando recibió su premio en Cannes por la dirección en Yi yi, se le preguntó sobre el proceso de creación y el sostuvo: “Esta película en realidad es acerca de todo lo que cae dentro del espectro que va del nacimiento a la muerte. Todo comenzó a mediados de los ’80, cuando el pariente de un amigo cayó en coma: los doctores nos aconsejaron que fuéramos seguido a hablarle a su pieza de hospital, pero era una situación muy extraña. nadie nos obligaba a ir, pero íbamos. Es el tipo de cosa que te obliga a ser muy honesto contigo mismo. Me tomó cerca de 15 años poder desarrollar finalmente esa idea. Conseguí armar cerca de la mitad de la historia hasta que me di cuenta que todavía era muy joven para lograrlo. Así que la archivé. Cuando por fin logré retomarla, todo fue muy rápido: terminé la primera versión del guión en alrededor de una semana! Lo interesante del proceso es que -pese a lo ambicioso de mis objetivos- no tuve que ser grandilocuente al momento de narrar. No me largué de golpe a filmar La Guerra y la Paz de Tolstoi, sino algo manifiestamente íntimo: una pequeña historia de una familia, padres, abuelos e hijos. Me han preguntado por qué mi historia parte con una boda y termina con un funeral. En la cultura china, las bodas siempre simbolizan algo propicio, algo bueno y de lo que quieres formar parte. Los funerales, entonces, son lo malo, el lado oscuro y lo que quieres evitar. Pero la vida, y en realidad también el cine, no funcionan de este modo: a veces las cosas supuestamente buenas revelan un lado negro, y las desgracias contienen momentos que debes apreciar. De hecho, así es como yo definiría un buen drama: cuando tipos «buenos» hacen cosas malas y gente «mala» hace cosas buenas.«

Yang tiene el don de darle a sus criaturas un poder de reflexión al cual el cine nos tiene desacostumbrados. Tiene una delicadeza casi imperceptible. Los filma mezclados, enroscados en la trama social, atrapados en realidades o con ambiciones de querer superar etapas.

A través de sus películas ha intentado Yang crear un inventario sobre la vida de la sociedad en Taiwan.

Encaré el cierre de una etapa intentando escribir acerca de Yang, desandando el camino de su vida, tomando la idea de inventario y llego a la conclusión que su corta filmografía tiene tantas aristas, lecturas sociales, referencias a otras obras, mensajes, y guiños, de tal forma que hace que debamos revisitarlas de vez en cuando para ver lo que no vimos, para intentar descifrar su mensaje oculto.

Aún así puedo afirmar que podríamos reinterpretar el sentido de su cine de maneras absolutamente diferentes.

Descubrí a Yang hace no mucho tiempo, me hubiese encantado ser consciente de su existencia cuando aún tenía su tiempo en este mundo.

Intenté reflejar su vida y su cine con una idea primigenia de tres etapas, vida, muerte y resurrección, sin embargo no salió nada de lo planificado, había algo que aún después de leer, ver sus películas, volver a leer, que hacía ruido. Y sí, precisamente era la vida. Leí un ensayo de alguien (en este momento no recuerdo de quién), que decía que al hablar de Yang uno terminaba abusando del término vida.

Todo lo que hizo, aunque poco es totalmente valioso y exuda vida.

Sé que no me cansaré de revisitarlo y de recomendarlo.


Apostilla:

Entiendo que sonará raro, pero así como la vida y la muerte cierran ciclos, esta semblanza acerca de Yang cierra el mío en esta etapa de un taller de crítica. El balance que puedo hacer siempre es bueno, es ganancia para quien comparte este espacio, este tiempo. Me cuesta finalizar, me cuesta despedirme. Me llevó un montón de instrumentos y alguna idea de cómo despuntar el camino de la crítica. Conocí gente genial, de muchos me quedan los contactos, sé que nos estaremos cruzando. Es extraño cómo se han dado algunas cosas, un año pandémico ha hecho que yo encontrara un grupo genial con un irrefrenable amor al cine. También debo decir que solo por mi instinto de kamikaze me uní virtualmente a dos compañeros de este curso y pasé a ser parte de un podcast (algunas veces me escucho y quisiera tirarme de la roca Tarpeya- referencia directa al derecho Romano), pero aquí estoy.

Me llevo lo mejor de Roger y sus increíbles y eternas clases (su sentido del humor) y de Diego me llevo la guía, la paciencia para editar y su genial manera de entrevistar.

De todos y cada uno de los entrevistados, me llevo sugerencias, consejos, películas para ver, libros que leer.

De mis compañeros de cursada, qué decirles, fueron geniales en esta etapa.

Gracias, gracias, gracias. Sería interminable la cantidad de veces que repita esa misma palabra.

Gracias.

Nos estaremos viendo.

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