Por Claudia Maricel Aguinaldo
Del 9 al 31 de octubre se llevó a cabo una nueva entrega del Festival Internacional de Cine Independiente de La Plata (FestiFreak). En esta oportunidad, y en consonancia con estos raros tiempos donde nos sumamos a salas de cine virtuales, la 16ª edición dejó más de 100 títulos para ser visualizados de manera gratuita. Aquí un recorrido por films de directores como el rumano Radu Jude.
En esta oportunidad nos abocaremos a analizar los títulos que integraron la Sección “Los días revueltos”, donde diferentes cortos, mediometrajes y largometrajes permitieron descorrer el velo de la historia y denunciar diferentes hechos que forman parte del “¡Siglo veinte, cambalache problemático y febril!”.
El 19 de octubre se presentó Uppercase Print, de Radu Jude (128′, Rumania/2020), film visualmente provocador, que nos sitúa en un hecho ocurrido durante 1981 en el país balcánico durante el régimen comunista del presidente Nicolae Ceaușescu. La historia gira alrededor de Mugur Calinescu que, en su afán de rebeldía a los 16 años, es capaz de desafiar al régimen escribiendo en una pared con mayúsculas un mensaje de protesta, o escuchar clandestinamente Radio Free Europe. El panorama que se le presenta a él, su familia y allegados no va a ser para nada alentador ante una Policía Secreta que analiza y elabora innumerables registros ante esta osadía.
¿Cómo presentar un hecho en particular que forma parte de más de 20 años de historia rumana que abarcó el período de Ceausescu, pero con una abrumadora cantidad de detalles que hasta rozan la ridiculez? El fecundo Radu Jude lo logra de manera efectiva, como lo dijimos con anterioridad, provocando al espectador desde los monólogos y diálogos que simulan una falsa complicidad con quien está del otro lado de la pantalla y que recrean la lectura de los fríos informes policiales. Pasando por los escenarios que satirizan las puestas televisivas de la época y que en muchos casos recuerdan la conjunción de teatro y cine puestos en un set, como lo realizase Lars Von Trier en Dogville, pero en este caso la mirada cenital es reemplazada por un picado – normal, prevaleciendo los planos medios de cada uno de los actores que toman la palabra.
Las imágenes de archivo que se filtran y las palabras de registros oficiales e íntimos, nos permiten reconstruir toda una época donde la figura del joven Mugur es solo una excusa para conocer esta época de tanta burocracia y represión.
El 23 de octubre se presentaron las siguientes producciones: Noite perpétua, de Pedro Peralta (17′, Portugal, Francia/2020); Apiyemiyekî?, de Ana Vaz (27′, Brasil, Francia, Países Bajos, Portugal/2019) y A Potentiality, de Dana Berman Duff (16′, Estados Unidos/2020).
Noche perpetua quizás sea el material más interesante de esta sección. Muchas imágenes y ríos de tintas se han escrito y se siguen escribiendo sobre la España franquista. El virtuosismo de esta puesta supera toda expectativa para rendirle un homenaje a Matilde Morillo Sánchez, una de las tantas esposas de republicanos que sufrieron la represión de un régimen atroz.
La historia es sencilla, la quietud de la noche alberga a tres mujeres que cuidan de una niña y de otra recién nacida, esa momento es interrumpido por el golpe de la puerta donde aguardan dos guardias falangistas. Paz, la matrona, sabe perfectamente lo que buscan y por ello, comienza a desarrollar un duelo de despedida.
La casa que alberga, pero no protege del exterior, presenta exquisitos y desafiantes contrastes de luz y sombras, que nos sumergen por un momento en la corriente tenebrista que se desarrolló en el Siglo XVII, salvo que en esta oportunidad el foco de luz apuesta a todos aquellos objetos que se plasmarán en la mente de alguien que recurre a las palabras justas y apenas audibles, y que sabe que va a ser arrancada de ese lugar que le pertenece.
Cuando las palabras no pueden decirse, pueden hacerlo los dibujos. Esta afirmación es el eje puesto en Apiyemiyekî?, un collage donde la historia contemporánea de exterminio hacia las pueblos originarios de Brasil, se entrelaza con la experiencia educativa y militancia de Egydio Schwade llevando a la práctica el método de Paulo Freire, junto al incesante fluir del río Amazonas.
La directora Ana Vaz nos transporta desde la magnificencia de una escultura en pleno corazón de Brasilia, que representa la hermandad del pueblo brasileño a la pregunta que se realizan las jóvenes generaciones de la comunidad Waimiri – Atroari: ¿Por qué los civilizados asesinan?, en alusión directa a las inversiones terratenientes de San Pablo que, durante la época de la dictadura en Brasil, permitieron el genocidio de más de 2000 naturales.
La experiencia de alfabetización llevada a cabo entre 1985 y 1986 posibilitó que el profesor Egydio conservase más de 3.000 dibujos para rescatar lo que la historia oficial muchas veces silencia, oculta. Las viviendas, los árboles, las armas, el reloj, la motosierra, los aviones FUNAI, claman la palabra desde las hojas de papel, fundiéndose en el sonido de instrumentos autóctonos, que suenan en el confluir de las aguas del Amazonas y que con creatividad de imágenes superpuestas, son capaces de hacernos reflexionar preguntándonos también sobre el porqué.
Otro collage es puesto en escena en A Potentiality en clara alusión a la frase de Adolf Eichmann en Jerusalén, y que fuese analizada profundamente por Hannah Arendt: “Una potencialidad mucho después de su actualidad se ha convertido en una cosa del pasado”. Con este punto de partida Dana Berman Duff se basa en la obra de la artista Susan Siton para traernos palabras presentadas en primeros planos y que conforman cinco portadas del New York Times de 1933 a 1934.
Las palabras no solamente surgen de las páginas, sino también de la escena final de la ópera El Emperador de la Atlántida o la negación de la muerte, del compositor Viktor Ullmann y letra de Peter Kien, ambos víctima del nazismo en Auschwitch en 1944.
Esos recortes, esas palabras, posibilitan poner en tensión la frase de Eichmann porque la potencia, la fuerza que emana desde este cortometraje nos trae ese pasado al presente, a modo de memoria colectiva.
Por último, el 29 de octubre se presentaron en el FestiFreak 2020: History of the Revolution, de Maxime Martinot (30′, Francia/2019); Bella, de Thelyia Petraki (24′, Grecia/2020) y An Ordinary Country, de Tomasz Wolski (51′, Polonia/2020).
La sola pronunciación de la palabra Francia, nos trae a consideración las otras de igualdad, libertad y fraternidad, como si de un mundo perfecto y utópico fuésemos testigos, pero el título Historia de la Revolución y su primera frase: “La imagen como revolución no puede hacerse así misma, ambas vienen de circunstancias independientes de voluntad y acción”, anulan de forma intempestiva esa construcción y nos sumerge en el mundo de la imperfección. O para decirlo de otra manera, Maxime Martinot reconstruye el mundo francés a través de dos términos: el de la historia y el de la revolución. ¿Se vuelve ambicioso que esto pueda expresarse en solo 30’? La respuesta al interrogante es afirmativa por cuanto se conjugan fragmentos de diferentes films, material histórico de archivo e imágenes registradas recientemente, en un montaje y en pasajes de voz en off, que tienen un ritmo vertiginoso, tan rápido como el hundimiento y resurgimiento de formas de resistencia a la opresión, en figuras como Espartaco, Robespierre, los chalecos amarillos.
La exaltada voz en off plantea, entre tantas palabras y palabras, una revolución que se congela y que vuelve a estallar… me imagino a Martinot y Raymundo Gleyzer dialogando sobre el devenir de la historia y sus revoluciones.
De los metrajes presentados en esta sección, el más introspectivo es sin lugar a dudas Bella, basado en las cartas que una mujer de mediana edad le escribe a su pareja Christos, que por cuestiones de trabajo se encuentra en Rusia, en una convulsionada Grecia que mira de cerca la caída del Muro del Berlín y el fin de la Guerra Fría.
No solamente Grecia se va sumergiendo en los parámetros de otro modelo de desarrollo, sino que la propia vida de Anthi trata de sostenerse: ser la mamá de un adolescente, sobrellevar los trámites definitivos de adopción de una niña, y sostener económicamente a una familia donde la balanza pesa a favor de las deudas. ¿Hay lugar para la mujer, hay un horizonte que se vuelva visible, o solamente la habitación 1717 de Rusia tiene la respuesta?
Registros audiovisuales familiares, la voz en off en muchos momentos reclamante, el uso del plano medio de la protagonista para acentuar los rasgos de ansiedad y cansancio y el cigarrillo que forma parte inseparable de su mano, conjugan esta mezcla entre documental y ficción que pone a consideración la directora griega.
Por último, Un país ordinario de Tomasz Wolski, presenta más de 30 años de la historia contemporánea de Polonia con el establecimiento en el año 1956 del Servicio de Seguridad, que se dedicó a rastrear, espiar y registrar en espacios públicos y privados, las actividades de quienes eran considerados sospechosos para el régimen comunista de ese momento.
Los ciudadanos lejos estaban de los carteles que a cada rato le indicaban a Winston Smith en 1984 de George Orwell que el Gran Hermano lo estaba vigilando, fue el Instituto de la Memoria Nacional el encargado, a partir de julio de 1990 de hacer públicos todos esos registros (los que se salvaron de la destrucción) y en este caso Wolski rescata algunos de esos metrajes de audio, visuales o de ambos, para construir historias en torno a lo que se espía.
Es interesante el montaje que se realiza logrando diferentes reconstrucciones narrativas, el sonido diegético se utiliza con un fin intencional de darle al espectador la sensación de ser perseguido, al igual que los planos fuera de campo.
Rumania y Polonia ante regímenes comunistas, la España del Generalísimo, el nazismo, los principios capitalistas – liberales en Brasil, Grecia y Francia, han asomado en esta sección de “Los días revueltos” para que sigamos tarareando en voz baja: “Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé…”




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