FestiFreak 2020: Un recorrido por los cortometrajes del festival

Por Diego Conesa

«Siempre puedo dormir pero hoy no puedo «, de los españoles Andrea Morán y Fernando Vílchez; y «Suquía», del cordobés Ezequiel Salinas, son los mejores exponentes de los primeros cortos disponibles en esta edición 2020 (íntegramente en streaming) de la muestra platense.


El formato del corto es casi por definición el que todo creador audiovisual utiliza para comenzar a experimentar en la búsqueda de su lenguaje, de su identidad. Es un paso fundamental para ensayar y plasmar ideas narrativas, estéticas, visuales y sonoras. Esto se palpa con claridad en algunos de los cortometrajes que se están proyectando en los primeros días del FestiFreak 2020, en su formato streaming. 

La serie de cortos que se pudo ver tiene, dentro de su diversidad, un rasgo común, y es la necesidad aparente de romper con la narrativa tradicional cinematográfica, experimentando en el uso y montaje de formas, formatos, sonidos y texturas. 

Esto que puede definir el camino o la identidad de artistas en formación tiene su contrapeso en la experiencia del espectador, que debe estar preparado en muchos casos para la incomprensión y el desconcierto. En este proceso de experimentación y búsqueda parece haber un elemento del lenguaje audiovisual que se pierde, se desdibuja y me atrevo a afirmar que se menosprecia, y es la trama. Se percibe más peso y disfrute en el juego de las formas que en el trabajo del fondo.  

Como una obra conceptual abstracta o una instalación sin título el espectador se aferra a las sensaciones que le transmiten la sucesión de imágenes, palabras y sonidos, intentando captar algún sentido, idea o vestigios de trama que el artista quiere (¿quiere?) transmitir. 

Cuando comienzo a tejer la hipótesis de que la -necesaria- exploración de nuevas formas e ideas narrativas suele traer aparejado un costo para el espectador que es la incomprensión y el hastío me cruzo con dos cortos que echan por tierra todo lo dicho hasta el momento y entonces agrego: «no necesariamente».

El primero se titula Siempre puedo dormir pero hoy no puedo (Andrea Morán, Fernando Vílchez, España) y se trata sencillamente del registro de personas leyendo fragmentos literarios a cámara o en off, en distintos escenarios urbanos o naturales. Por supuesto, aquí tampoco hay trama, no hay un relato, no hay una historia, pero no hace falta. Quizás sea la frescura de los personajes, quizás la belleza de los textos que, sin relación aparente, nos dicen que existe un hilo sutil e invisible que une todas las piezas. Y que sí hay una historia.

El segundo es una pequeña gema y se titula Suquía (Ezequiel Salinas, Argentina), refiriendo al río que atraviesa la provincia de Córdoba. Ese río que todo lo ve, que todo la sabe, que todo y a todos conoce, es el narrador que nos cuenta lo que es, y algo de lo que piensa y siente. Vamos junto al río mirando lo que él ve, confundiendo cielo, arriba y abajo, reflejo y realidad, recorriendo con él su camino, andando a su ritmo, sintiendo el sonido de sus caudales por momentos suaves, por momentos intensos. El Suquía se vuelve de a poco un personaje inquietante, como La casa de aquella novela de Manuel Mujica Lainez o aquel mar vivo, silencioso, e inabarcable de Solaris.

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