Por Vanesa Berenstein
Tras sus comienzos como actriz y militante, la canadiense Polley ha construido también con «Lejos de ella», «Take This Waltz» y «Stories We Tell» una incipiente, pero valiosa filmografía como directora.
Probablemente ocurra con todos o casi todos los directores de cine pero en el caso de Sarah Polley en particular, es especialmente interesante conocer algo de su recorrido. Hija de actores, comenzó a trabajar de pequeña en el cine y la televisión mainstream. Ya de adolescente, se permitió una mirada crítica sobre la industria de Hollywood y se alejó de la interpretación para dedicarse a la militancia social y política en la ciudad de Toronto, donde nació y creció.
Recién se acercó nuevamente al oficio de actriz participando en un cine autoral e independiente, de la mano de directores canadienses, casualmente también de Toronto, como Atom Egoyan, con el que se destacó en Exótica (1994) y El dulce porvenir (1997); David Cronenberg, con quien hizo eXistenZ (1999); y Don McKellar, en cuya muy indie Ultima noche (1998) participó. Cuando parecía perfilarse hacia el cine de Hollywood habiendo ya trabajado en producciones de Miramax, fue elegida para protagonizar Casi famosos (2000), de Cameron Crowe, papel que rechazó al sentir que era una historia que no deseaba contar y que finalmente contó con Kate Hudson para el papel principal.
A la vez que continuaba militando políticamente, Polley trabajó en algunas películas independientes, entre las que se distinguen Mi vida sin mí (2003) y La vida secreta de las palabras (2005), ambas de la catalana Isabel Coixet.
Estas elecciones artísticas que hizo como actriz están profundamente relacionadas con las que realiza al momento de lanzarse como directora. En cuanto a la temática, el cine de Polley se pasea por el mundo femenino en sus distintas etapas vitales, más específicamente el amor y el deseo desde la mirada femenina. Es un cine embriagador, en el que no escasean las imágenes de ensoñación, un cine que abre la puerta al interior de los personajes y empuja al espectador inevitablemente a preguntarse por la propia vida, por el pasado, presente o futuro según la edad cronológica en que se encuentre.
Su primer largometraje, Lejos de ella (2006), es una adaptación propia del cuento El oso vino por la montaña, de la también canadiense Alice Munro, que nos sitúa en la intimidad de un matrimonio de muchos años que se enfrenta a las primeras etapas del Alzheimer de la mujer, Fiona, interpretada magistralmente por Julie Christie, pese a los esfuerzos de su marido, Grant (Gordon Pinsent), profesor universitario retirado, por no dejarla ir, tanto física como afectivamente.
Mientras Grant maneja por la autopista buscando evitar el distanciamiento de Fiona, la narración viaja hacia el pasado. Así vemos escenas recientes de la vida de la pareja, la aparición de las primeras señales del Alzheimer en lo cotidiano, enmarcadas en el cambio de las estaciones, desde las densas nevadas hasta las caminatas por los senderos arbolados de verano y las lecturas en voz alta, las conversaciones en las que él trata de convencerla para no ir al hogar para adultos mayores y donde se cuelan sutilmente la historia de la pareja y las heridas del pasado.
En contraste, su segundo film, Take This Waltz (2011), pareciera profundizar en el momento opuesto de la vida en pareja. Margot (Michelle Williams) es una escritora freelance casada con Lou (Seth Rogen), autor de libros de cocina. Se quieren y se llevan muy bien pero tienen una relación más parecida a una amistad lúdica y cómplice, donde casi no hay rastros de pasión. En un viaje de trabajo, habitado por coincidencias, Margot conoce a un artista plástico enigmático y seductor que pone en juego todas las certezas y seguridad de su vida con Lou. 
Take This Waltz trata sobre el deseo y la insatisfacción. Polley dice que quiso hacer una película sobre la experiencia tan humana de desear lo que no tenemos y la incomodidad cultural con la idea de “la falta”. Si hay una falta o un vacío en nuestra vida, necesitamos ir inmediatamente a llenarlo. Para ilustrarlo decidió partir de una persona en una relación de pareja que pasa a otra relación de pareja. Al mismo tiempo quiso sumergirse en lo delicioso que puede llegar a ser el deseo y experimentar eso visualmente. La directora confiesa que su intención fue capturar ese momento cuando nos enamoramos y el mundo cobra vida y los objetos cotidianos parecen más vibrantes, en technicolor.
Sus imágenes transmiten los estados de ánimo. Las calles del barrio “bohemio-burgués” de Parkdale con las coloridas casitas victorianas, los colores saturados, dejan sentir el calor sofocante y la humedad de los cortos e intensos veranos en Toronto, así como lo hacían las imágenes de los inviernos nevados del interior de Ontario en Lejos de ella.
Los recursos oníricos son frecuentes en las imágenes y se alimentan de aquellos paisajes nevados como la bella y metafórica imagen de la pareja desplazándose hacia el atardecer o como en Take This Waltz las escenas de los enamorados en la pileta o en el parque de diversiones.
Su último film como directora es absolutamente personal. En Stories We Tell (2012) la directora se anima al documental autobiográfico, apareciendo ella misma como investigadora de su propia historia. La película está construida a partir de los testimonios de los protagonistas y testigos de la historia de la familia Polley y en particular de su madre actriz, Diane, que falleció cuando Sarah tenía 11 años. El detrás de cámara del mismo documental también es un componente fundamental y muestra la dinámica y las relaciones familiares entre Sarah, su padre, sus hermanos y los amigos de su madre. Cada uno cuenta su versión de la historia y no siempre coinciden. Las escenas que narran el pasado incluyen tanto filmaciones familiares como imágenes de ficción interpretadas por actores en una excelente puesta de la directora.
Estas escenas ficcionales que simulan ser filmaciones caseras en Super 8 se entrelazan y confunden con los registros familiares verdaderos, haciéndonos dudar de cuáles son las imágenes reales y cuáles pertenecen a la reconstrucción armada para el documental. Confusión que remite a los laberintos de la memoria y de la narración de la propia historia. ¿Cuál es la realidad y cómo completamos los casilleros vacíos en el relato?
El envejecimiento y las etapas de la vida son una constante en sus películas y no solo en Lejos de ella, donde es un tema central. En Take This Waltz hay una escena en las duchas del vestuario luego de una clase de gimnasia acuática donde las mujeres conversan sobre el paso del tiempo reflejado en los cuerpos desnudos. También se hace presente en Stories We Tell a través de los ejercicios de la memoria en Michael, el padre de Sarah.
Si bien el cine de Sarah Polley atraviesa temáticas universales, la impronta canadiense persiste en los climas y en las referencias al universo cultural de ese país. Abundan los ejemplos literarios y musicales. Los encontramos en las lecturas de Michael Ondaatje y Alistair Macleod en Lejos de ella. Margaret Atwood está presente a través de una cita clave en el comienzo de Stories We Tell. Una canción de Leonard Cohen le presta el título a Take This Waltz. El tema del final en Lejos de ella es un cover de Helpless, de Neil Young, por K.D. Lang.
Lo que es indudable es que esta directora, actriz, guionista, militante, que tenía un camino casi predeterminado, nunca deja de sorprender y que provoca curiosidad saber adónde la llevará su búsqueda artística la próxima vez.




Deja un comentario