Por Patricio Cascallar
De «El gran Lebowski» a «Dolemite is my Name», pasando por «Boda sangrienta», «Después de hora» y «Los paranoicos». Un viaje por las comedias que es, también, un recorrido por la propia existencia con sus risas y sus lágrimas.
Algunos postulan como una verdad revelada que la risa salva vidas, así como a veces pueden salvarlas el ejercicio, alguna hierba recién descubierta y puesta luego de un laborioso proceso en un té comercial o, en el mejor de los casos, los antibióticos al tratar enfermedades bacterianas.
El otro día estaba viendo El gran Lebowski / The Big Lebowski (Joel y Ethan Coen, 1998) por primera vez en mi vida y experimenté varias sensaciones: la primera fue el interrogante de por qué no me había dedicado a disfrutarla antes;; la segunda, francamente demoledora, una diversión de principio a fin.
Mientras atravesaba el film de los hermanos Coen me quedé pensando qué venía pasando en mi vida en los últimos tres años.
Recordé escenas de un humor negro como parte de la factoría de este dúo familiar de autores con Fargo, en la que una escena de un matadero humano perturba pero arranca risas tímidas; algún destello de comedia en el contexto de una película como Barton Fink, donde nuevamente John Goodman destruye el paradigma de personaje secundario para arrebatar las miradas de los espectadores en su paso; y en su última película en streaming, La balada de Buster Scruggs, donde no permiten un minuto de descanso con una serie de episodios desbordados de humor negro y mórbido.
No obstante, no solo de los hermanos Coen (sobre)vive uno, sino también de Tres anuncios por un crimen / Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017), dirigida por Martin Mc Donagh, que nos regaló un Sam Rockwell que trae a la vida a un personaje absolutamente siniestro, pero por igual torpe, lo que no impide reírse mientras la fórmula con Frances McDormand hace que sea una excelente comedia negra.
Pero ya en 2019 nos encontramos con Shaft, de Tim Story que agarró al blackxplotaition y le subió el volumen a mil transformando lo que otrora fue una película de género y había recibido un homenaje en 2000 con pretensión de seriedad que no terminaba de cuajar del todo, en algo absolutamente hilarante con un tridente ofensivo con Samuel L. Jackson, Jessie Usher y Richard Roundtree digno de respetarse.
Eddie Murphy, promediando el mismo año, nos presentó como productor y personaje estrella al homenaje más sentido a Rudy Ray Moore, comediante de Estados Unidos de los años ’70 que tuvo su peso en el género Blackxplotaition, en Dolemite is my Name. Murphy lo interpreta como solo él puede hacer a un personaje pintoresco que se esforzó en destacarse haciendo reír a la gente.
Dentro del género de la comedia de terror algunas maravillas a destacar son Boda sangrienta / Ready or Not en 2019 del duo Matt Bettinelli Olpin- Tyler Gillet, y Feliz día de tu muerte / Happy Death Day (2017), de Christopher Landon, que acompañan el aspecto de terror y gore con pinceladas de comedia, riéndose del género, pero con suficiente respeto para que sean piezas bien dirigidas, con buena puesta en escena y con actuaciones respetables.
Este breve repaso no deja de reparar en obras, recién descubiertas por quien escribe, como Después de hora y El rey de la comedia, ambas de Martin Scorsese, una más del New Hollywood la otra notoriamente a la salida de este; Los paranoicos, de Gabriel Medina, con sus giros de comedia romántica bañado con drama existencial marcando cancha de los triunfadores con una generación que ya nada tenía por perder, y el mismísimo Buster Keaton explotando su cuerpo en búsqueda de una carcajada nuestra y siendo 100% efectivo en dicha empresa.
Pasaron muchas horas de comedia, muchas carcajadas, mucho equilibrio para sostener en brazos a un pequeño bebé que duerme mientras el padre mira películas y se encuentra profiriendo risas audibles con insultos de por medio como desahogo de la fascinación que estos autores y otros tantos saben desplegar.
Los géneros que acompañan la comedia no importan, los actores pueden ser del Método, utilizar su cuerpo, sus rostros, gritar o insultar a vivas voces, o ser serios sin ningún vestigio de ridiculez. Sin embargo, al final del film las veces que uno sonrió, rio a carcajadas, lloró de la risa puede contabilizarse como un día ganado. Una batalla ganada.
El primero de agosto del 2017 mi primer hijo Juan sufrió muerte encefálica secundaria a una infección severa, tres días más tarde con mi compañera decidimos solicitar la donación de sus órganos. Luego nos enteramos de que seis personas vivieron gracias a Juan.
Donar sangre salva vidas, donar órganos salva vidas. La risa, también.




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