Por Patricio Cascallar
Una película de casi 14 horas concebida durante una década exigía (y merecía) un largo texto que pendula entre el diario cinéfilo y el análisis de una obra decididamente única dentro del cine argentino (y mundial).
La Flor (Argentina/2018)
Guion y dirección: Mariano Llinás.
Elenco: Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa.
Música: Gabriel Chwojnik
Director de fotografía: Agustín Mendilaharzu
Productora: El Pampero Cine.
Duración: 13 horas y 28 minutos.
Disponible en la plataforma de streaming Kabinett
Breve introducción cinéfila
Me críe viendo películas de Disney, de acción, terror, historias románticas, comedias, desde lo que de seguro es para niños (como La Sirenita) hasta lo que en algún momento fue el “cine nuestro de cada día” (Duro de matar, Arma mortal, entre otras).
Sin embargo, a pesar de que en la adolescencia temprana me describía como un futuro director de cine, nunca me adentré en el mundo de la cinefilia.
Así, mi cinefilia nace tardíamente en busca de un hobby, de algo que me sustrajera de mi tarea laboral diaria y me aportara otra visión del mundo. La experiencia no puede ser más que enriquecedora, encontrando un mundo vasto, repleto de excelentes películas.
Lo más importante fue encontrarme con una película argentina independiente llamada La Flor. Ya venía escuchando a gente que sabe de cine hablar de que es un proyecto enorme: en su extensión y en lo artístico. Algunos llegaban a incluirla dentro de las diez mejores del año del estreno (2018) e incluso de la década. Siendo la tercera película narrativa más larga de la historia, se trata de una experiencia cinéfila que se podía atravesar en pocas salas y en contextos de festivales.
Con dificultad para acceder a una sala de cine por asuntos personales, me encontré con la posibilidad de verla gracias a que la productora la subió en una web para que todos podamos disfrutarla libremente.
Este ensayo sobre La Flor contará de seis textos, como episodios tiene la película. Algunos serán sobre personas y otros serán cinematográficos. He aquí, entonces “mi Flor”.
Episodio 1: El cine argentino, el cine independiente y el verdadero valor agregado
Si tuviera que describir de qué se trata la película, lo primero que se me ocurre es que es sobre la libertad.
Libertad de las actrices que son nuestras heroínas y exponen su arte con todo su vasto arsenal, la libertad en su estructura de seis episodios, de los cuales solo uno de ellos termina. Por último, la libertad del director y guionista que hace de esta película una obra de arte absolutamente atrapante. La libertad de contar lo que quiere de la forma que quiere y sin prejuicios.
Llinás no escatima en recursos cinematográficos, se ríe de y con el cine, decide los giros narrativos de cada episodio que nos descolocan, pero nunca dejan de sorprendernos y agradarnos.
Sin lugar a duda La Flor es un excelente ejemplo de que se puede realizar cine de calidad sin tener un logo de una productora enorme con tres a cuatro estrellas.
Además, lejos de ese cine “mainstream”, La Flor ha brillado y sigue brillando en festivales y en múltiples salas alrededor del mundo. Marcando además que la industria audiovisual sirve para el reconocimiento del arte y la cultura nacional a nivel global.
Por supuesto que uno no es ingenuo y no se puede esperar que una película de casi 14 horas sea expuesta en salas de las cadenas multipantallas. No obstante, la pregunta surge: ¿qué pasaría si algún descabellado decidiera proyectarla? Por otro lado, si no se puede presentar en esas cadenas, qué buena idea sería contar con ella en alguna plataforma de streaming de cine argentino (Cine.Ar o Cont.ar, por ejemplo).
Episodio 2: De las actrices, sus vidas y sus actuaciones
Pilar Gamboa, Elisa Carricajo, Laura Paredes y Valeria Correa. Cuatro actrices que conforman una comunidad actoral denominada Piel de Lava, asociadas al Pampero Cine como productora para la realización durante diez años de esta película.
En este sentido, vemos cómo a las cuatro actrices principales les sucede la vida, podemos ver cómo maduran, cómo cambian, cómo se alteran, podemos observar sus embarazos (en dos de ellas), percibir el desarrollo personal y profesional de cada una.
Pero, por sobre todo, podemos ser atrapados por las actuaciones que realizan en “solos” magníficos que Llinás le otorga a cada una.
Elisa Carricajo, con su performance romántico y sexual fallida por algo que no se explica pero que se logra sentir en lo más personal; Pilar Gamboa, con un primerísimo primer plano arrollando a la audiencia y a su antagonista con una ira que surge desde lo más profundo; Valeria Correa, siendo una guerrillera de la América profunda que uno se siente intimidado con todo su poder asesino contenido; y Laura Paredes, que de una asistente de estrella pasa a ser parte de una red siniestra de adictos al veneno de escorpión.
Aun cuando en el episodio 5 Llinás nos avisa que las actrices principales no van a participar, en ese pequeño acto mediado por la narración el director nos instala sus presencias hasta el final.
Pero no solo del drama, del terror o la fantasía se vive en la actuación y cuando deben interpretar facetas cómicas en el capítulo de «La Araña” es imposible no sonreír desde el inicio.
Episodio 3: Los géneros ya no importan
Uno se acostumbró en su vida a buscar películas por género. En consecuencia, si había ganas de ver una de terror buscábamos en el catálogo de la revista del cable o cuando visitábamos nuestro videoclub amigo. Por supuesto, que los géneros son orientativos y no necesariamente deba existir linealidad.
Al ver La Flor lo primero en describir es que sería imposible encontrarle un género, ya que son 6 episodios, cada uno va en una línea; sin embargo, el autor decide giros narrativos que rompen con los formatos.
Hay elementos fantásticos en el primer capítulo mixturado con terror (explicado por el director como de “clase B como las que hacían los americanos pero ahora se han olvidado”); luego inicia una película sobre dos cantantes que va del musical a decantar en una historia sobre una secta consumidora de veneno de escorpiones; el capítulo 3 es una gigantesca película de espías que en ningún momento deja de entretener; la cuarta y por lejos la más divertida es una propuesta de cine sobre el cine, con unos rasgos de comedia muy fuertes que termina relatando una historia sobre brujas; el quinto episodio hace libre alusión a Un día de campo, de Jean Renoir, en blanco y negro y en mudo. Por último, el sexto episodio filmado con cámara estenopeica se acerca mucho al cine experimental.
Para remarcar es la fotografía utilizada en toda la película para contar cada uno de estos episodios, decidiendo narrativamente cómo acompañar cada plano. Por obvios motivos está exaltada en el sexto.
Por otro lado, la estructura de la película, que Llinás nos explica desde el principio tendrá cuatro episodios que no terminarán, un único capítulo que tiene principio y final; y, por último, un sexto episodio que inicia desde el medio y finaliza junto a la película. Esta disrupción de la lógica cinematográfica hace de La Flor una especie en sí misma.
Episodio 4: Sintiendo la narración como propia
Otro gran aspecto de esta película es la presencia en casi todos los capítulos de un narrador omnipresente. El uso de la voz en off tiene un sentido de revalorización del mismo como herramienta cinematográfica, cada plano y su narración están pensados, digitados para que nos sintamos acompañados por un narrador como cuando éramos niños y alguien nos contaba historias maravillosas.
En este caso, el narrador principal es el propio Llinás, que utiliza su voz particular para acompañarnos por todas las aventuras que él diseñó, a su vez incluye su voz como doblaje del director en el cuarto episodio que hace que toda la película roce lo “meta” y la transforme en una comedia digna de recordar. Por último, La Flor cuenta como invitada a Verónica Llinás para ser la segunda narradora lo que impone un sentido más profundo a la historia brindando un “plano y contraplano” sonoro.
Episodio 5. La industria audiovisual
Desde el cine independiente con toda la libertad para entregarse al arte nace esta obra de dimensiones majestuosas, una producción que llevó 10 años. Período en el que no solo en lo introspectivo y personal sufrieron cambios, sino que además es una etapa en la que cruzaron caminos con otros productos que debieron realizar. Momentos de profundo desarrollo, aprendizaje y evolución profesional.
No debemos perder de eje estas cuestiones, ya que La Flor como empresa otorgó trabajo a centenares de trabajadores, con un enorme número de actores y actrices, técnicos, personal agregado. Todo con sumo nivel de especialización y profesionalismo, por lo que es importante destacar la necesidad de valorizar a la película como una obra lograda por un trabajo mancomunado.
Episodio 6: Como encarar a la cinefilia
De algo hay que estar seguros, La Flor ha puesto a prueba la cinefilia en todos los niveles, desde aquellos que la ejercen desde siempre, los que han ido a la presentación en el BAFICI participando tres días de la experiencia de verla en pantalla grande, hasta aquellos que quieren experimentar desde la comodidad del hogar con cómodas cuotas a través de la plataforma Kabinett.
Sin lugar a duda, La Flor es un ejercicio maravilloso de cinefilia, que requiere concentración y cierto grado de compromiso con todos los que la hicieron posible.




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