Crítica de «Border», de Ali Abbasi: La metamorfosis

Por Diego Conesa

Premiada en el Festival de Cannes 2018, esta segunda película del iraní -radicado en Dinamarca- Abbasi (Shelley) resulta una inquietante y fascinante fábula.

«Al despertar Gregorio Samsa una mañana,
tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama
transformado en un repugnante bicho» 
(comienzo de La metamorfosis, de Franz Kafka)

Los insectos tienen un rol sutil pero determinante en la trama de Border. La película abre con la imagen de una mujer tomando un bicho a orillas del río, y finaliza con el mismo personaje agarrando un insecto en su jardín. Como un espejo, un arco, un paréntesis argumental y simbólico dentro del cual se desarrolla esta intensa historia de descubrimiento y transformación. Porque esa misma mujer, ya no es la misma. 

¿A qué género cinematográfico pertenece una historia? Entre otras decisiones, depende del momento que se decida contar. Nuestra propia vida puede ser un drama, una comedia romántica, un thriller o una de terror, según el momento que decidamos recortar. Aquí somos testigos del momento exacto en que la vida de Tina se parte en dos, cuando conoce al misterioso Vore, personaje inquietante de una fealdad perturbadora y atemorizante. Alguien como ella.  Podemos imaginar aquí, que estamos ante una profundo drama romántico, una reflexión sobre la fealdad exterior y la belleza interior, pero el relato se nos plantea mucho más rico, complejo e impredecible; nada es simple y lógico en esta historia tan real como fantástica. La aparición de Vore genera en Tina un quiebre profundo y radical, resignificando y transformando por completo la percepción que tiene del mundo, de su historia y de sí misma: quién es, qué es. 

Estamos ante una obra inclasificable que perturba, provoca e incomoda. Por momentos espanta, impresiona y conmueve, pero siempre incomoda. Porque la vida de su protagonista es incómoda; sabe el rechazo que su aspecto genera en los demás. Y es una decisión de su director Ali Abbasi que vivenciemos esta incomodidad al construir un retrato intimista, siguiendo a su personaje a través de, permanentes primeros planos y fuertes planos detalle a lo largo de la historia. La expone y nos expone de manera explícita, cercana y brutal a su condición, y al torbellino de emociones que la van a atravesar.  Y en este recorrido, la narración navega permanentemente entre dos aguas, apelando a la crudeza en los momentos donde nos acercamos al horror; y al lirismo y la belleza cuando el film respira alivio y libertad. 

La originalidad de Border radica en los inusuales giros narrativos y en la fluida mutación y fusión de géneros que vamos experimentando a medida que avanza la trama. La combinación de un relato fantástico, filmado y actuado en un registro íntimo y realista logra un extraño y fascinante verosímil que nos impide tomar distancia. Pero lo que lo hace posible, la pieza que sostiene este «degenerado» experimento cinematográfico, es el deslumbrante trabajo de composición, interpretación -y transformación- de Eva Melander y Eero Milonoff en la piel de los protagonistas. Logran que lo fantástico sea real y conmovedor.

Border (Gräns) es la adaptación de un relato del escritor sueco de novelas de terror John Ajvide Lindqvist, quien es a la vez coguionista junto con su director, el iraní nacionalizado danés, Ali Abbasi. Ganadora en 2018 de la prestigiosa sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, generó uno de esos estimulantes revuelos por su propuesta audaz y radical que excede las posibilidades de encasillarla. Se puede leer como un drama intimista, una triste historia de amor, un oscuro thriller o un relato de terror fantástico. Como una reflexión antropológica sobre el ser humano y la identidad, una metáfora sobre la naturaleza de las personas, sobre los estereotipos y sus marginados.

La tentación de interpretar Border como metáfora y alegoría sobre tantas cosas es grande, y es válida. Pero quizás sea solo lo que vemos; la historia de una transformación, de alguien que despierta y descubre que nada es lo que parece, y que no es un repugnante bicho.

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