Por Celia Sutton, Alexandra Vazquez, Claudia Maricel Aguinaldo, Gabriel Leal y Cristina Barile
En este nuevo recorrido que nos regala el festival gratuito organizado en YouTube viajamos por Taiwán, Macao, Cabo Verde, Siria, Japón, Kenia y México. Una auténtica vuelta al mundo cinéfila.
–Sisterhood (Gwat mooi, Hong Kong-Macao-Taiwán/2016, 96′), de Tracy Choi.
La programación de We Are One incluyó el atractivo largometraje Sisterhood, dirigido por Tracy Choi, una realizadora que ha conseguido encarar de frente temas de género, resaltando puntualmente el papel de la mujer en la sociedad, la problemática femenina y los tópicos feministas.
Sisterhood plantea cuestionamientos importantes sobre las relaciones humanas, y los lazos de amor y hermandad que se generan más allá de la sangre. Del mismo modo que Hirokazu Kore-eda lo ha hecho en De tal padre, tal hijo (2013) o Un asunto de familia (2018), películas que profundizan en el peso de los vínculos no sanguíneos, Choi esboza la posibilidad de un amor fraternal construido por la amistad, la ayuda mutua y la sororidad.
El film -primero de ficción de su directora habituada más al género documental- comienza con un travelling por un Taiwán gris y nublado, lluvioso y contaminado, para posar finalmente la mirada sobre Sei, la protagonista de la historia que acude al médico porque está lastimada de la mano y la recomendación del especialista es que debe dejar de beber. Su esposo, mientras tanto, recubre muebles y escaleras para protegerla de golpes y caídas. Cuando ella le cuestiona si cree que debe dejar de beber él le responde que le haría bien, pero que lo que quiere es que sea feliz.
A partir de ahí la trama se desenvuelve entre el presente y el pasado de Sei en Macao para llevarnos a descubrir el origen del caos y los conflictos internos de dicha mujer. El cambio de gama tonal elegida para los diferentes tiempos que se presentan en el film dotan de una fuerza distinta a cada fragmento. En los flashbacks se imprime una pincelada de juventud a través de una paleta de colores brillantes, mientras que ya el presente se percibe en tonos deslavados, sobrios y decadentes.
La melancolía y añoranza por un tiempo distante, complicado pero más intenso, cargado a su vez de sueños y posibilidades se experimenta a lo largo de la película; una sensación que se refuerza a medida que se va develando de a poco la información sobre la vida de este afligido personaje para finalmente comprenderlo mejor. A la postre, Sisterhood resulta sumamente conmovedora y rica por la honestidad que ostenta al exponer aquellos rasgos humanos de sus personajes que se sienten tan universales y, por eso, tan cercanos al espectador. CELIA SUTTON
-Kmêdeus (Cabo Verde/2020, 52′), de Nuno Miranda
La Isla de São Vicente, perteneciente al archipiélago de Cabo Verde, se despliega en su esplendor en Kmêdeus, de Nuno Miranda. Inspirado en un baile performático de António Tavares, el documental indaga en las costumbres y el modo de vida de los habitantes de la isla, donde arte y locura nutren la cultura de la ciudad de Mindelo.
Sobre el imponente Monte Verde el alarido de un hombre que grita Kmêdeus retumba en la llanura rocosa. Aquí, el viento es tan fuerte que es imposible oír a todo aquello que se encuentre a tan solo cinco metros de distancia de uno mismo. Esta idea, de un lugar encapsulado, resguardado quizás, donde no se oye más que las voces de sus habitantes persiste a lo largo de la película. La utilización del gran angular en las entrevistas registradas abarca en un mismo plano a los entrevistados y su entorno, sin discriminar a uno del otro, ni pretender un orden de valor entre los mismos. Aquí, el personaje es su entorno, porque es el ambiente el que configura sus comportamientos y actitudes.
La película se inspira en la figura de un hombre conocido como Kmêdeus, cuya traducción literal significa “El come Dios”. Este personaje, bien conocido por los locales, deambulaba las calles de Mindelo infectando con su humor a donde iba. Al Kmêdeus se lo evoca en presencia a través de los testimonios y relatos, incluso mediante la banda sonora y sus ritmos locales, pero hasta final no se lo ve nunca.
Sin embargo, Kmêdeus parte del imaginario construido en torno a este hombre para abarcar más allá de las dinámicas de relación entre los residentes, los artistas, y aquellas personas que padecían o padecen de algún impedimento mental; lo que interesa al director son las huellas que permanecen en las paredes, y cómo el pasado y el presente se funden sobre un mismo mural. El símbolo de la cruz de David unida a una cruz cristiana se convierte en un emblema que ilustra la convivencia de mundos antagónicos sobre la tierra, como el idioma que no resulta tan extraño a nuestros oídos porque conjuga el portugués con el africano, o como la máscara en forma de cabeza de un pez utilizado en la performance que une dos especies en una. No es descabellado intuir que en cada uno reside una pequeña dosis de locura.
Por otra parte, la combinación de material de archivo diverso, desde fotografías en blanco y negro a afiches de películas o registro de bailes y tapas de disco, pinta de diversos colores el retrato de un pueblo que padeció las consecuencias de la colonización y la descolonización; hambre, pobreza y esclavitud no son términos desconocidos, más bien disfrazados y sobrellevados bajo la extravagancia de los disfraces de carnaval y el particular sentido del humor. Narrado en tres actos distintos, que se corresponden a las personas y la locura, al cine, el carnaval y la música, y por último a la memoria, Kmêdeus afronta lo particular con una lente que engloba las historias de su gente para mirarse a sí mismo y reconocerse frente al espejo. ALEXANDRA VAZQUEZ
-Genius Party: Happy Machine (Japón/2007, 16′), de Masaaki Yuasa.
Reseña 1
La producción de animación en Japón es realmente abrumadora, pero la balanza se desequilibra si analizamos entre productos comerciales y artístico-creativos. Como los segundos son los menos, el Studio 4º C decidió producir en 2007 una antología de 7 cortos de animación titulado Genius Party: Happy Machine es uno de ellos.
La historia gira alrededor de un bebé que vive cómodamente en un mundo aislado, donde todo funciona mecánicamente: hasta su baby sister es virtual. Un día ese reducto deja de funcionar y el bebé es arrojado al mundo, un mundo por demás extraño donde aprende a vivir, convivir y sobrevivir, mientras la existencia transcurre. En ese devenir lo vamos a ver convertido en anciano.
Con un marco colorido y en un constante viaje de gorgoteos, risas y llantos en nuestros oídos, somos capaces de seguir a este bebé y de apreciar reminiscencias del clásico Emilio, o de la educación, de Jean-Jacques Rousseau, donde se describía a través de un tratado filosófico la relación del individuo con la sociedad. Como el hombre es “bueno por naturaleza”, si recibe una educación adecuada (donde la mujer está excluida) puede conservar su bondad natural ante una sociedad que es corrupta inevitablemente.
Enfoquemos esto en el metraje de Masaaki Yuasa y nos encontraremos con la bondad e inocencia de nuestro personaje principal, que crece bajo el amparo de una cuidadora virtual, pero es arrojado a un mundo hostil y, a pesar de todo, de su caminar trastabillante, de su llanto, no pierde su naturaleza.
Tomémonos como espectadores un momento para observar los gestos en el rostro del niño y del anciano en esta animación, y nos daremos cuenta de que estamos ante una verdadero relato sobre el sentido de la vida. CLAUDIA MARICEL AGUINALDO
Reseña 2
¿Cómo es un día en la mente de un bebé? ¿Por qué no guardamos recuerdos de esa temprana etapa en nuestras vidas?
El director japonés Masaaki Yuasa, abocado al animé japonés desde 1999, produciendo imágenes creativas e ingeniosas y el estudio de animación Studio 4ºC (fundado en 1986), nos transportan a ese periodo de la vida, a la vida de un bebé. Así, nos sumergimos placenteramente en esta aventura fantástica, de animación surrealista, acompañamos a este bebé, en un disfrute y derroche visual que rompe con el relato lineal clásico y con una paleta de colores que saturan la retira.
Este comienza un viaje surrealista a diversos mundos en los que explora desde una perspectiva lúdica un entorno hostil, agresivo, nuevo, desconocido y potencialmente peligroso, donde su madre aparece retratada como una pantalla de televisor en blanco y negro que se desinfla al tocarla, su experiencia con el agua, con el fuego, el cuerpo propio y el de los que los rodea. En tono onírico y con una visión distorsionada de percepciones, proporciones y tiempo, lo único que le es familiar es su biberón. Yuasa nos transporta a un mundo increíble que invita a explorar y descubrir su obra completa, que incluye varios episodios de Shin Chan, Adventure Time y la película Kimi to, Nami ni Noretara (2019), que fuera premiada en los festivales de Sitges y Shanghai. GABRIEL LEAL
-Tapi! (Kenia/2019, 25´), de Jim Chuchu.
Jim Chuchu es un multifacético artista de Kenia (diseñador gráfico, músico, cantante, fotógrafo, director de cine), que tiene mucho para expresar y sabe cómo hacerlo.
Podemos mencionar por un lado su irrupción en el mundo del cine a través del lanzamiento de su largometraje Historias de nuestras vidas (antología de cinco cortometrajes sobre vidas reales de personas LGTB en Kenia), como parte de un proyecto del The Nest Collective que Chuchu integra. Este film, que se presentó en al Festival de Toronto 2014, fue emitido sin créditos porque la homosexualidad en Kenia es ilegal; sin embargo, luego de esa presentación, Jim Chuchu, George Gachara y Njoki Ngumi (todos integrantes del colectivo) decidieron revelar sus nombres en la proyección.
Por otro lado, y como fotógrafo, creó la serie Pagans, en donde busca reconstruir deidades africanas del pasado y sus ritos, pero que han sido olvidados, destacándose además la búsqueda de una técnica interesante de digitalización a partir del blanco y negro. La mencionada serie integró la exposición Imágenes precarias: visibilidad y medios que rodean la queerness africana, como parte de la Bienal de Dakar, y que fuese prohibida por el gobierno senegalés.
En Tapi! estamos ante un corto documental, en el que continúa la búsqueda que dio lugar a las fotografías Pagans. El director nos sitúa ahora en un momento de la vida del joven curandero ritual Jackson, que entra en conflicto con la iglesia cristiana local, en su pretensión de prohibir la práctica del utapishi (“tapi”), y se enfrentan en una corte de Kenia.
La convencionalidad de la técnica del documental en cuanto a entrevistar a los implicados en el relato, se potencia y se supera en cada escena donde aparece Jackson en una postura reflexiva y en silencio ante su interlocutor, con flashes del ritual en un antes y ahora, en una danza de cuerpos y en el compartir la bebida sagrada, sin tomar partido por ninguno de los bandos. El ritual va más allá de una dimensión espacio-temporal y eso lo sabe el protagonista de esta interesante propuesta fílmica. CLAUDIA MARICEL AGUINALDO
-Cerulia (México/2017, 13′), de Sofía Carrillo
Este corto aportado por el Festival de Guadalajara fue el ganador del 14º Concurso Mexicano de Proyectos de Cortometrajes de Animación y recibió el premio Ariel al mejor cortometraje de animación entregado por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.
Con una atmosfera oscura, tétrica, cargada de viejos juguetes, poleas oxidadas, sonidos guturales y un banda sonora propia de una película de terror, este corto realizado con la técnica de stop motion nos lleva a la antigua casa de Coralina, hogar que se encuentra en venta hace mucho tiempo y en donde pasó su infancia, para experimentar un viaje onírico y de recuerdos teñidos de un estética gótica que parece beber de la influencia de Alice (1984), de Jan Svankmajer (adaptación de Alice, de Lewis Carroll); de Coraline (2002), de Henry Selick; y de El cadáver de la novia (2005), de Tim Burton y Mike Johnson. Pero -a diferencias de esos relatos- Cerulia no emite su voz, nos habla por intermedio de sus recuerdos a través de un pato, una nutria y un conejo con máscara humana, acompañada de su amiga imaginaria que tampoco emite sonido, pero en un pequeño teatro de marionetas, al que dirige con maestría, nos contará una terrorífica historia familiar. GABRIEL LEAL
-Stories of Destroyed Cities: Shengal (Siria/2020, 17′), de Sêro Hindê.
La Comuna del Cine de Rojava es una joven organización creada durante la guerra civil en la región kurda en el norte de Siria. Sus objetivos culturales y políticos de resistencia al Estado Islámico los llevaron a desarrollar varios proyectos cinematográficos. Este film de Sêro Hindê es uno de ellos.
Las ruinas, cualquier ruina, tienen una dimensión de tristeza que se agranda cuando descubrimos que se trata de la destrucción por una guerra.
Teniendo en cuenta esta premisa, la cámara recorre la ciudad derruida por las bombas y los disparos, aún se ven las vainas servidas como larvas malignas desparramadas por el suelo. Sin embargo, el director recupera, al menos en parte, algo de la vida de aquella ciudad. Vemos cómo la cámara recorre los ámbitos llenos de escombros, con objetos destrozados, sin vida alguna pero aún reconocibles, mientras una voz en off reproduce los diálogos imaginarios que hubieran podido efectuarse en esos espacios: alguien necesita un corte de pelo, en aquel recinto hubo un oficio religioso, cuánto tiempo sin ver a nadie, el precio de las cosas.
El foco se desplaza a las calles, los comercios, la escuela y escuchamos las voces de niños ausentes jugando y aprendiendo, siempre en la ciudad en ruinas. Maniquíes aún colgados nos miran con sonrisa eterna y pelo colorado que combina con las manchas de sangre en su cuerpo producto de otros cuerpos que nunca veremos.
La ciudad, recientemente recuperada por los kurdos, se resiste a morir. Hay amor en la voz inicial de una mujer afirmando que la violencia ha pasado pero ella sigue aquí, viva. La lente nos hace sentir y pensar, seguramente, ha logrado su objetivo. CRISTINA BARILE
-Parparim (Israel/2019, 8′), de Yona Rozenkier
Aportado por Cannes, se presentó en el quinto día del festival este viaje realizado por un adulto mayor, con dificultad para respirar, con su familia y con toda la incertidumbre de sobrevivir a cuesta. Acompañamos sus preparativos para emprender el viaje en un escenario bucólico con el canto de los pájaros, se asegura de llevar un libro y su radio, somos testigos de la resistencia a abandonar su hogar. La cámara lo sigue en primer plano a través de la ventanilla, en la que se ve reflejado el trayecto de árboles, observamos su mirada al horizonte, la espera angustiosa. Su hijo rompe con la tensión dramática y todo se distiende en una risa colectiva. Se frena el vehículo y el campo visual es invadido por millones de mariposas. El no las ve, no sabe ni el color ni cuántas hay. En un primerísimo primer plano asistimos a la toma de conciencia del derrumbe de la salud del padre en el rostro de su hijo. En un plano general conjunto, vemos a los tres de espalda enmarcados en la ventanilla del auto.
De esta manera Yona Rozenkier, director israelí del largometraje Hatzilla (2018), nos proporciona en este corto una mirada sobre la vejez, su fragilidad y lo insegura que puede ser nuestra existencia cuando perdemos la salud. La incertidumbre sobre el fin de sus días se detiene por un momento, y no evita a este hombre seguir disfrutando la vivencia de momentos mágicos junto a su familia como el que acaba de ocurrir. GABRIEL LEAL




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