Cobertura especial del We Are One: A Global Film Festival (Día 5): 7 críticas de cortometrajes

Por Celia Sutton, Vanesa Berenstein, María Eugenia Costa y Claudia Maricel Aguinaldo

En esta quinta jornada de la muestra online y gratuita que continúa hasta el 7 de junio en YouTube analizamos películas breves (ficción, documental y animación) provenientes de Francia, México, India y Ucrania, entre otros orígenes.

-Le Grand Saut / The Jump (Francia/2019, 12′), de Vanessa Dumont y Nicolas Davenel.

El cortometraje documental Le Grand Saut, dirigido por Nicolas Davenel y Vanessa Dumont y estrenado en la Competencia Oficial del Festival de Cannes 2019, inicia de forma abrupta y llamativa con un interesante uso del montaje paralelo, valiéndose de una serie de rápidos cortes para mezclar diferentes espacios cinemáticos, como las olas del mar, alternadas con tomas nocturnas realizadas con la cámara en mano resaltando la iluminación urbana y fijando finalmente la mirada en las rocas de un acantilado.

La intención es la de invitar al espectador a conocer a Alain Demaria, un joven de 22 años, quien -debido a su feroz valentía al saltar de cabeza desde las rocas hasta el mar de Marsella- se ha convertido en ídolo y leyenda entre los jóvenes del puerto.

La propuesta cinematográfica de los debutantes directores, de la mano del fotógrafo David Foulkes, se basa en un ritmo acelerado cargado de adrenalina generada por los osados saltos entre los riscos y el cambio constante de escenarios; asimismo, se combinan una y otra vez distintos formatos para lograr con ello un cortometraje ágil y entretenido, que además permite involucrar emocionalmente al espectador debido a los comentarios que va revelando nuestro atrevido clavadista sobre su infancia, sus intereses, anhelos, y sobre todo, de aquellos obstáculos que ha debido sortear a lo largo de su vida. De tal forma que, serán estos testimonios y experiencias los que guiarán la narrativa dramática a lo largo de los doce minutos de duración del filme.

Le Grand Saut consigue filmar el movimiento: los cuerpos de jóvenes entrando y saliendo del mar en los escenarios tan fotogénicos de Marsella. Logra además reforzar dicha acción con el acertado uso del sonido de las olas chocando con fuerza contra las rocas. La posición de la cámara, observando los saltos desde diferentes puntos de vista acentúa la sensación de libertad y de riesgo que conllevan los saltos; esa adicción a la adrenalina y la necesidad de sentirse al límite, algo que incita a Demaria, y que los niños del puerto desean imitar. CELIA SUTTON



Anna (Ucrania-Reino Unido-Israel/2019, 15’), de Dekel Berenson.

Integrante también de la selección de cortos en Competencia Oficia de Cannes 2019 y destacado participante en festivales alrededor del mundo en el último año, Anna nos cuenta una historia de esperanza y desilusión. Trata de una mujer de unos 45 años, madre soltera de una joven de 16 y habitante de un barrio industrial, que pasa sus días rutinariamente trabajando en una planta procesadora de carne, entre cortes vacunos colgando de ganchos en cámaras refrigeradas.

Anna, interpretada con magistral naturalidad por Svetlana Alekseevna, experimentada actriz ucraniana, aspira a una vida mejor. Es por eso que cuando se entera por una publicidad en la radio del “tour del amor”, un evento para hombres extranjeros que viajan a Europa del Este a buscar mujeres para “llevarse” con ellos, lo ve como su oportunidad para cambiar de realidad y decide presentarse.

Allí se encuentra ubicada en un lugar de objeto entre otras mujeres, más jóvenes en su mayoría, llamativamente arregladas, a merced de ser elegida por uno de estos señores recién llegados de los Estados Unidos para la ocasión. Ana decide disfrutar de la noche y entregarse a la libertad del baile en una escena que recuerda a la de la discoteca para solas y solos en Gloria (2013), del chileno Sebastián Lelio. Cuando finalmente llega la charla de presentación con el candidato que posee la llave para iniciar una nueva vida, la protagonista se confronta con la necesidad de decidir entre sus sueños o su dignidad.

El film destila ternura hacia su personaje y una pincelada de humor en la escena en que Anna y el candidato, arquetipo del redneck texano, conversan por medio de una traductora qu,e a falta evidente de preparación hace honor al “traduttore, traditore”, llevado a la máxima expresión.

Conocer algo del director nos permite entender un poco sobre el origen de la película. Dekel Berenson es israelí de abuela ucraniana, aunque vive actualmente en Londres. Se formó en relaciones internacionales y es un activista en derechos humanos. La idea para este, su tercer cortometraje, surgió de una visita a Ucrania de reencuentro con sus raíces, en la cual tomó contacto con la pobreza y corrupción institucional predominantes. Estando en Odessa, reparó en este tipo de eventos en los cuales se inspiró para escribir el guion. En estas veladas que son muy comunes en las zonas más afectadas por un proceso de aumento de la pobreza post-caída de la Cortina de Hierro y se llevan a cabo en los clubes nocturnos de la ciudad, los hombres con frecuencia hacen uso y abuso de una situación asimétrica en la cual a menudo se aprovechan de la desesperación de las mujeres por emigrar al “Primer Mundo” y las seducen con promesas matrimoniales.

Anna no es solo la historia de una mujer individual o un grupo de mujeres, sino que va más allá y alude a todo un contexto social implícito sin acudir a explicaciones de más. VANESA BERENSTEIN



Cerulia (México/ 2017, 13′), de Sofía Carrillo

Reseña 1

“Soy hija de pintores y me gusta decir que mi niñez tuvo olor a óleo y a disolventes. Antes que narrativo mi universo siempre fue visual y tuve mucho contacto con los pintores surrealistas, como mi mamá. Me imagino que de ahí viene este universo de Cerulia” (Sofia Carrillo).

Estas son las palabras de la directora y creadora de este bellísimo trabajo que recibiera el premio a mejor cortometraje de animación en el Festival de Cine de Morelia en su decimoquinta edición, una distinción a la maestría en una perfecta ejecución de la técnica de stop motion.

Carrillo estudió licenciatura en Artes Visuales en el Departamento de Imagen y Sonido de la Universidad de Guadalajara y con esta obra ha recorrido el mundo logrando importantes reconocimientos.

Ingresar al mundo de Cerulia es una invitación a un cuento que parece mágico, aunque luego de unos segundos nos damos cuenta de que raya con el horror. Nos introduce a un universo que bien puede fundirse con el gótico sureño, por ello no puedo evitar pensar en los cuentos de Flannery O’Connor, de Faulkner o de Mc Cullers.

Tiene un estilo que remite al Tim Burton y, a pesar de su apariencia que creemos dulce en primeros momentos, la sensación inmediata es la de estar impregnado de un aroma macabro e irracional. El relato nos lleva como si nos adentráramos en mundo onírico.

Los colores, la profundidad de la mirada y la banda sonora siembran el misterio haciendo de este cortometraje algo realmente disfrutable y complejo a la vez, que está claramente dirigido a un público adulto por las múltiples lecturas que pueden realizarse. Es como sacar lentamente las capas de una cebolla.

Una voz nos dice: “Durante años comprobé lo que muchos me dijeron, esa casa no la comprará nadie..” El mundo adulto y el de la niñez se entremezclan. El presente y el pasado en una misma dimensión.

Por este camino nos guía Cerulia con sus ojos grandes, con su mirada de niña adulta, y eso precisamente nos dice que hay algo que no está bien. La aparición de un posible doppelganger que nos recuerda ese terror como susurrado y que se hace tangible en la película Us / Nosotros, de Jordan Peele.

En algún momento estamos ante una adulta invadida por recuerdos, sus miedos le hacen imposible despedirse de una etapa de su vida. Atrapada en una casa que la retiene. El hecho de no dejar ir en paz a los seres que parten, de aferrarse a lo que ya no es, me hace preguntar: ¿Enfrentar al pasado es un signo de adultez?

“Los sueños se tocan. ¿Son sueños aunque esté despierta?”, se pregunta. Lleva en su mirada el peso de la culpa. Una imagen tan triste como el más encantador de los horrores. MARÍA EUGENIA COSTA


Reseña 2

En esta producción basada en un cuento escrito por la propia directora, cuyo eje se centra en la relación con sus abuelos, nos situamos ante un cortometraje donde se despliega el mundo de lo onírico.

Una casa abandonada, que nunca se vende, es transitada por Cerulia entre juegos, risas y miedos, porque algo se esconde en la misma. No está sola, de su mente surgen esos “amigos” que son los mejores, esos mismos que son materia de análisis para un psicólogo.

A través de la construcción de marionetas y de la música puesta en marcha a través de un contrabajo, estamos ante una interesante historia donde el apego y el desprendimiento hacia nuestros afectos, libran una muda batalla en la casa de Cerulia. CLAUDIA MARICEL AGUINALDO



The Brat (India/2017, 33′), de Shaan Vyas.

Viajeros que recorren la India, aseguran que no vuelven a ser los mismos después de la experiencia vivida, ya que su enigmática cultura cautiva. Pero desde hace poco tiempo, desde el cine, hay quienes tratan de descorrer el verdadero velo de las cosas, sortean espacios de censura y ante tanta producción y público (la “Bollywood” con unos 1.300 estrenos y 3.000 millones de espectadores anuales) surgen producciones como la de Shaan Vyas, presentada el año pasado en el marco del Festival de Cine de Mumbai.

El velo de las cosas se descorre para que temas tabúes en la India como la sumisión de la mujer, la violencia que sufre y su sexualidad, vayan teniendo espacios de discusión.

The Brat, o “el mocoso”, cuenta la historia de un niño de 7 años llamado Sonu (excelente actuación de Sanika Patel, que algunos videos de YouTube lo muestran también en todo su potencial histriónico), que vive su infancia en una rutina de travesuras que va desde su hogar, la escuela y la relación con su pandilla.

Una tarde forma parte de un acto horrible, que solamente recibe como castigo de parte de los varones de la casa el no ver más TV. Aquí es donde aparece fuertemente la figura de su madre Surekha, que decide desde las sombras educar, enseñar la virtud de la igualdad entre hombres y mujeres.

Hay en el cortometraje de Vyas un equilibrio para contar la historia entre la crueldad de una sociedad india machista y la de la mujer/reina que deposita en su regazo a su pequeño príncipe, trasladándolo a un mundo de bellas palabras para que entienda lo que la vida trata de ocultarle.

La experiencia de ver The Brat nos da lugar para lágrimas, para sonrisas, pero sobre todo para la reflexión, en un mundo que no deja de partirse en desigualdades cuando de identidad de género se habla. CLAUDIA MARICEL AGUINALDO



Los gatos (México/2016, 9′), de Victor Alejandro Ríos Rodriguez.

Ríos Rodriguez es egresado de la licenciatura en Animación y Arte Digital del Tecnológico de Monterrey y becado por Guillermo Del Toro. Este corto donde se refleja un dedicado trabajo de ilustración le valió el premio al mejor corto animado en el Festival de Cine de Guadalajara.

Para llevarlo a cabo se requirió de un equipo integrado por más de 50 personas desde su conceptualización hasta la entrega final. La preproducción del corto le tomó dos años de desarrollo con la colaboración esencial de ilustradores. Las texturas fueron realizadas en acuarela y luego integradas de forma digital al ambiente 3D. Las grabaciones se efectuaron en estudios de México y Guadalajara, integrándose mezcla de sonido en Corea.

Un gato callejero conoce una noche a un hombre mayor que vive en compañía de una cantidad de gatos negros. En algún momento de la narración algo se tuerce, algo se quiebra. Soledad, dependencia, maltrato. Tema universal del que no podemos quedar ajenos, pues nos interpela todo el tiempo. ¿Aceptamos tan fácil la realidad que se nos presenta? Corto polémico si los hay. Con una innecesaria frase final. No siempre hay que explicar todo, a veces es necesario dejar que el espectador haga el resto.

Pensé muchas veces como escribir sobre algo que me disgustó, generando en mí una incomodidad que no puedo catalogar. Este es el resultado. Vean y saquen sus propias conclusiones. MARÍA EUGENIA COSTA



32-RBIT (México-Alemania/2018, 8′), de Víctor Orozco Ramírez.

“Mi abuela estaba convencida de que el único animal que comete el mismo error más de dos veces es el ser humano”, así comienza este ensayo filosófico de Víctor Orozco Ramírez, que ya en el 2005 con La letra con sangre entra se acercaba a plantear otro cuestionamiento filosófico, en este caso retratando el extremismo religioso en dos culturas: la mexicana y la de medio oriente.

En 32-RBIT deja de lado el color para con innumerables juegos simbólicos para sumergirnos en una paleta de trazos que giran en el negro y toques de blanco. Allí es donde la presencia de una situación límite, como lo es la inminencia de la muerte de un ser querido (magnífica recreación en imágenes y palabras al comienzo del corto), resulta el disparador para contar una historia. Historia de un hombre, de un “individuo asediado” como dice Zygmunt Bauman, donde sus únicas referencias existenciales son la base de datos o registros.

En una nota de enero de 2016, en el diario El País, el pensador polaco decía: “Mucha gente usa las redes sociales no para unir, no para ampliar sus horizontes, sino al contrario, para encerrarse en lo que llamo zonas de confort, donde el único sonido que oyen es el eco de su voz, donde lo único que ven son los reflejos de su propia cara”. Ese es el personaje que surge en estos 8 minutos, ese es (somos) el sujeto invadido, asediado, devorado por una vida de algoritmos, de “estupidez humana”, como nos grita en nuestros oídos Orozco Ramírez. Invitados estamos a mirarnos a través de esta producción. CLAUDIA MARICEL AGUINALDO

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