Por Claudia Maricel Aguinaldo, Tomás Palese, Gabriel Leal y María Eugenia Costa
Dos valiosos documentales y un film episódico con miradas de 13 directores sobre la Primera Guerra Mundial (del que ofrecemos dos reseñas) se presentaron en el marco de esta atractiva muestra online.
-Ricky Powell: The Individualist (Estados Unidos/2020, 107′), de Josh Swade
No es sencilla la tarea de entrar en la intimidad de alguien que brilló o brilla aún en el mundo artístico y, más todavía, si nos situamos en Nueva York y en el encanto de su cultura urbana. Josh Swade tiene experiencia como documentalista especializado en figuras, como el caso de One & Done (2016), dondó contó la historia del basquetbolista australiano y figura de la NBA Ben Simmons.
En Ricky Powell: The Individualist, se embarca en la titánica tarea de narrar la historia de vida de este famoso fotógrafo neoyorquino, conocido gracias a su trabajo con The Beastie Boys, LL Cool J y RUN DMC. La primera escena -con un paneo de su caótico departamento, el juego con su personal look que lo caracteriza y esa mano tomando una cámara Minolta (de esas que funcionan con rollo)- nos abre la puerta para descubrir las calles de su ciudad natal desde su visión, esa que nunca está desolada, con personas que van de aquí para allá, que la transitan, que la viven.
¿Estamos ante alguien al que no podemos caracterizar rápidamente? ¿Estamos ante un “genio” de la fotografía? La música y el ritmo que se le da al documental a partir de las voces de muchas personas que conocieron o conocen a Ricky se suman en cortos relatos para situarnos en diferentes contextos: el de los años ’80 en la ciudad que nunca duerme, con sus clubes nocturnos, sus ambientes jazzísticos, sus paredes grafitadas, y el amor fácil.
Si bien el film termina siendo un relato cronológico de la vida de Powell, el recurso de la animación es el encargado de dar pie a los momentos difíciles de su vida: la relación con su madre, una caída en bicicleta que no solamente dejará una marca en su rostro, el cambio cultural a mediados de los ’90 que lo lleva a transitar un momento de oscuridad. Aquí es donde el metraje tiende a tomarse un respiro y situarnos en la interioridad de Ricky Powell, para lentamente dar paso a un renacimiento no solamente personal sino también artístico.
Mientras más nos sumergimos en su vida, descubrimos que la cámara fotográfica es parte de su personalidad y que estamos ante un sujeto alejado de ambiciones económicas y artísticas. Algo que se disfruta son sus relatos a partir de la relación establecida con fotografías que lo marcaron; para citar algunas, la de RUN DMC con una pose característica y la Torre Eiffel de fondo, y un retrato de Andy Warhol.
El retratista realista -que nunca hace posar a las personas- ha convertido su departamento en urban archaeology y nos aventura en su mundo como espectadores. Profundo documental si los hay. CLAUDIA MARICEL AGUINALDO
–Rudeboy: The Story of Trojan Records (Reino Unido/2018, 85’) de Nicolas Jack Davies
Este documental es, como su título indica, la historia detrás del origen, ascenso y caída de la primera discográfica dedicada a la música jamaiquina y la que ayudó a la formación del reggae.
Sin embargo, esta es también la historia de los prejuicios que enfrentaron los migrantes jamaiquinos y sus hijos en el Reino Unido y cómo la subcultura influyó en los grandes cambios sociales de los años ’60 y los ’70 que perduran hasta hoy.
La narrativa mezcla el relato de los entrevistados con recreaciones de los eventos que describen, con una presentación estilizada, pero sin llamar demasiado la atención sobre sí misma, haciendo del apartado visual más interesante y entretenido de ver, o valga decir “cinematográfico”, sin dañar el aspecto informativo.
Una de las revelaciones más fascinantes que me ha dado es ver cómo la cultura skinhead, a la cual siempre asocié con la extrema derecha y el supremacismo blanco, no sólo surgió a la par del movimiento reggae en Gran Bretaña, sino que interseccionó con este de forma positiva y ayudó a popularizar su música y su mensaje. Y, si bien estos aspectos son piezas fundamentales para entender el fenómeno, y al nivel ritmo están muy bien llevadas, la corta duración de la película lo hace sentir como un tour muy general, sin profundizar demasiado en ninguno de ellos. Esto no es en sí algo malo, pero habría resultado interesante poder ver un análisis un poco más extensivo al respecto.
Como estudiante de música y melómano tengo una predisposición a creer en el poder sanador y unificador de esta forma de arte. Lamentablemente, muchas veces la situación del mundo me inclina a dudar seriamente de eso. Sin embargo, historias de vida como la de Rudeboy: The Story of Trojan Records son un buen alimento para revitalizar esa creencia. No
por nada Don Letts, director de cine entrevistado, dice: “El impacto del reggae dice mucho acerca de las posibilidades de la cultura de unir a las personas. La iglesia no lo hizo. El gobierno y la política tampoco. La música, sí.” TOMÁS PALESE
–Les ponts de Sarajevo (Francia, Italia, Suiza, Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Alemania y Portugal/2014, 115′), de Aida Begic, Leonardo Di Costanzo, Jean-Luc Godard, Kamen Kalev, Isild Le Besco, Sergei Loznitsa, Vincenzo Marra, Ursula Meier, Vladimir Perisic, Cristi Puiu, Marc Recha, Angela Schanelec y Teresa Villaverde.
Reseña 1
Este docudrama coral reúne la mirada de 13 directores sobre un acontecimiento histórico que fue la Casus Belli de la Primera Guerra Mundial y que significaría el inicio en Europa de un cambio profundo, político, económico y social. Esta causa beligerante a la que se hace referencia fue el asesinato del archiduque François Ferdinand el 28 de junio de 1914, un mes antes del inicio del conflicto bélico que dejó 19 millones de muertos.
Es justamente la muerte del heredero a la corona del Imperio Austro-húngaro el punto de partida de este docudrama, con el episodio Ma chère nuit (Mi querida noche), de Kamen Kalev. En un primer plano, en un sauna, François expresa que su esposa tuvo un terrible sueño anoche y que dejarán el palacio; su ayudante le revela que le quieren matar. La imagen del lente por momentos se nubla con el vapor cálido del sauna, presagiando un destino incierto. El búlgaro Kalev nos muestra los últimos minutos del archiduque en una prolija panorámica acompasada con una banda sonora que nos anticipa el destino del monarca. Es así que, mientras circula por la calles de Sarajevo en su automóvil con su esposa, su mirada se dirige al pueblo que lo despide, y entre ellos, vemos diferentes rostros, los de sus enemigos, que son mostrados sonrientes sin saludar en un lento travelling horizontal, expresivo, acentuado por el sonido lo que le aporta un mayor dramatismo. La música pasa a otra capa sonora y en primer plano escuchamos el ruido del motor. Una granada explota. El auto acelera. Le oímos decir a su esposa “El destino está en mis propias manos”. Vuelve la música a un primer plano. El auto frena, dos disparos y vemos al monarca y su esposa enfrentar a su destino.
Un animación de dos manos se extienden sobre un rio, que se escucha, se encuentran en el centro de la imagen, se reconocen y se conectan formando un puente, invitándonos a asistir al próximo episodio. En este episodio titulado Au gré de nos ombres (A la sombra de nuestras sombras), del serbio Vladimir Perišić, oímos los susurros de un grupo de jóvenes nacionalistas yugoslavos de 17 a 24 años, estudiantes graduados de la secundaria o con apenas algunos años de colegio, profesores, con bajos recursos y oportunidades, sobre un fundido negro se confiesan susurrando “yo no soy un criminal, eliminé al malvado, mis intenciones fueron buenas, no lo quise matar, fue un accidente”, “mi deseo era una República Yugoslava, libre de Austria”. Luego la imagen se abre y con cámara en mano recorremos lo que parece ser un edificio escolar, los pasillos, una laberíntica biblioteca, el comedor vacío con polvo. Con la cámara seguimos a un estudiante subir las escaleras hasta su aula, las voces siguen susurrando hablan de la revolución, de sus ideales, de la cultura y de la educación. Las voces se silencian, y oímos y vemos en un corto paneo a los jóvenes del presente, todos hablan al mismo tiempo, sentados, no se escuchan, uno habla con un buzo con las letras KGB. Vuelven las voces del pasado, la imagen se torna blanca.
Otra vez el río y las manos que forman un puente, esta vez de noche, dando inicio al episodio L’Avant-Poste (El puesto avanzado), del director y director de fotografía italiano Leonardo Di Costanzo. Ha comenzado la Primer Guerra Mundial y Di Costanzo divide el corto en dos escenarios: el exterior, el de una montaña nevada donde se aprecia al ejército italiano combatiendo, la mayoría replegados en el piso, con una cámara en mano vertiginosa; y un interior, el de un bunker, donde presenciamos a un teniente con el resto de su pelotón en el interior de una cueva. Di Costanzo hace alarde de lo que más sabe, la iluminación, que proviene de dos fuentes, una interna artificial cálida y otra externa más fría, que ingresa por los huecos de la cueva, de manera diagonal, como en un cuadro de Caravaggio. El director juega con recursos como el uso de claroscuro y la profundidad de campo, mostrando un gran destreza en la continuidad de la luz con los movimientos de los actores. El conflicto se centra en la negativa a una orden impartida por el teniente del joven soldado Morana. Después de escenas cargadas de alto dramatismo, en un imagen sin sonido y en plano fijo del exterior, de la montaña nevada, unos títulos nos cuenta, que 5.900.000 soldados italianos fueron llevados a combatir y que 240.000 de ellos fueron sentenciados a muerte o prisión por indisciplina, deserción o rebelión a una autoridad.
Retorna la animación, un hombre atraviesa el puente, asegurándose con saltos que el mismo es firme. La directora, actriz y guionista alemana Ángela Schanelec en el episodio Princip, Texte (Princip, Texto) nos muestra entre primeros planos a dos jóvenes adolescentes, separados todos estos planos por fundidos en negro. El primero de ellos duerme sobre un cama con el sonido de su respiración, luego lo vemos jugando con la mirada inexpresiva, con la mirada perdida, pensativo, intuimos que está jugando por el joystick y los sonidos del videojuego y la música intradiegética del mismo. Luego vemos a una joven en un viaje en bus con el sonido ambiente. En ambos casos, el fondo siempre aparece desenfocado, de esta manera la directora despega a nuestros personajes, los pone en resalto y nos muestra sus emociones. A continuación los dos están compartiendo el mismo aula, la joven lee un texto de Gavrilo Princip, autor material del atentado al archiduque, en un idioma y el profesor lo traduce en otro, uno de los textos reza: “Oí algo trágico, Serbia no persistirá” fechado en 12 de mayo de 1916, el joven escucha activamente. Observamos y oímos al final, el sonido del tic tac de un reloj que aumenta en intensidad como los pensamientos del joven acostado y pensativo. Bosnia y Herzegovina tiene actualmente tres idiomas oficiales el bosnio, el croata y el serbio.
Personas animadas vienen de ambos lados del puente, celebran la unión con fuegos de artificios. El sonido de una bomba oscurece la fiesta en nuestra animación.
El guionista y director rumano Cristi Puiu, nos trae el siguiente corto Réveillon (Víspera de año nuevo), donde un matrimonio, en la cama, reflexionan sobre un texto del filósofo alemán Hermann Keyserling de 1929 sobre un análisis espectral de Europa. La pareja aparece enmarcada en el fondo de la imagen, adelante hay oscuridad, destacando las luces de un pino navideño.
Embanderados suben al puente para dar comienzo al episodio del director de la Nouvelle Vague francesa Jean-Luc Godard titulado Le pont des soupirs (El puente de los suspiros). La realidad de un pasado, mostrado con un montaje de imágenes de archivo fotográfico y videos documental, en su terrible crudeza, la muerte y la estupidez humana son combinadas con abstracción experimental de imágenes de pinturas y del cine, con textos y videos actuales de arte, que resignifican y transforman la horrorosa realidad vivida. Nos exige un ejercicio intelectual mayor esa concatenación de imágenes surrealistas. El arte nos abstrae y capta, mientras escuchamos la canción Palabras para Julia, del español Paco Ibáñez a partir de un texto del poeta José Agustín Goytisolo, “Pero tú siempre acuérdate de lo que un día yo escribí, pensando en ti, pensando en ti, como ahora pienso”, con imágenes en blanco y negro de una cámara fotográfica Nikon analógica, que apunta y dispara como un fusil. “La tragedia de la imagen” texto que antecede al triste deambular de una mujer con un bebe en la vereda. Descubrimos que las imágenes animadas de las manos tienen origen en su corto y forman un puente entre tanta muerte.
Ataúdes, atraviesan por debajo del puente, de esta forma se nos presenta el séptimo episodio del director ucraniano Sergei Loznitsa, Reflexions (Reflexiones). El sonido propio de la ciudad, la vida cotidiana de sus habitantes, realizando sus actividades habituales, el puente que los une son el fondo de diferentes sobreimpresiones fotográficas de soldados con fusiles, cascos, granadas, que permanecen como fantasmas a lo largo del corto. Un disparo de repente nos hace saltar de nuestras sillas y nos recuerda su existencia. Una invitación a reflexionar sobre la vida en comunidad que no es tan distinta de uno del otro lado del puente.
El puente se resquebraja y explota, presagiándonos la destrucción que el catalán Marc Recha nos contará en Le voyage de Zan (El viaje de Zan). Una voz en off nos relatará el viaje. Será la voz de sus familiares, los sobrevivientes. El Sarajevo que conocerá en su viaje Zan, no es el Sarajevo de su padre, ni de su familia, los recuerdos de una generación no les pertenece como propios a la nueva generación. Este ejercicio de la memoria como base para la reconstrucción, a Zan no le servirá porque simplemente no recordará. Todos los edificios, como la vieja estación Bistrik, el cementerio, la biblioteca e incluso el hospital donde nació ya no existen como tal en el mundo actual. En el relato que le cuenta la familia, quienes aparecen como imágenes sobreimpresa a lo largo del recorrido que Zan efectúa por la ciudad y su antigua casa, ahora en ruina, destruida por la guerra y el mismo paso del tiempo. La voz en off le recuerda que era una ciudad bloqueada por chetniks (organización nacionalista, conservadora y monárquica serbia) y la armada yugoslava disparando desde la montaña a cualquiera que se moviera y a su vez, en el interior del ciudad, había militares sublevados atrincherados. Que su padre, la familia y los pobladores arriesgaron su vida salvando los libros de una incendiada biblioteca. Zan encuentra una caja de cartón y de repente consigue quizás las respuestas que fue a buscar a Sarajevo, la base para la reconstrucción de una memoria que le fue robada. Nuevamente la animación, esta vez nos muestra un puente que se reconstruye con libros.
Por fin llegamos al corto de la única directora que participa en este ensamble episódico: Album, de la bosnia Aida Begić. Con la voz en off de habitantes bosnios se construye este relato, en blanco y negro, en color, cámara en mano, en movimiento, fija, todos los recursos son puestos por esta directora con las marcas endebles en la memoria y en los distintos edificios y construcciones, restos estigmatizante de una guerra, que necesita exponer sus heridas para ser curada.
El puente vuelve a ser transitado. La película concluye con los films de la directora portuguesa Teresa Villaverde, Sara et sa mère (Sara y su madre); Le pont (El puente), del italiano Vincenzo Marra; Little Boy (Pequeño muchacho), de la directora francesa Isild Le Besco; y, por último, el corto de la directora franco-suiza Úrsula Meier, Silence Mujo. GABRIEL LEAL
Reseña 2
13 historias. 13 directores. 13 formas de ver una ciudad, 13 puntos de vista. Los puentes son manos, son libros, son recuerdos de lo que fue y ya no es. El idioma no es una barrera, de lo que no entendemos podemos inferir que toda la historia se repite, que las guerras borran y dejan marcas, en los edificios, en las bibliotecas, en las almas. Todos siguen pero nunca volverán a ser los mismos. Historias que van desde 1914 a 2014.
Y así se inicia, con una semblanza de lo que originó una guerra (el atentado contra el archiduque en las calles de Sarajevo), el primero de los cortos, Ma Chere nuit, que conforman este film. Luces y sombras, el comienzo del fin.
En Au Gré de nos ombres, de Vladimir Peresic, las voces en off nos cuentan las motivaciones para cometer el asesinato. Lavant- Poste, de Leonardo Di Costanzo, nos lleva a un frente de batalla o lo que queda de él con la milicia italiana durante la Primera Guerra Mundial, entre desertores. En Princip Text, de Angela Shanelec, voces en off narran acerca de la destrucción, de la gente de Serbia, del instinto, del espíritu, de la resignación. En Reveillon, de Cristi Puiu, un plano, un árbol de Navidad y un matrimonio hablan acerca de la guerra, los Balcanes, la historia del siglo ‘20. Un niño corriendo en una Sarajevo fantasma nos cuenta una historia y deambula en las calles. La utilización de la voz en off nos hace sentir esa extrañeza en Little Boy, de Isild Le Besco. Un director como Jean-Luc Godard que juega con las palabras y las imágenes en Le Pont Des Soupirs, con los fotogramas de la guerra, con el arte y fotografía, nos lleva, nos introduce en un mundo que no vemos. The War is There… La tragedia de la imagen.
Alguien que admiro, como Sergei Loznitsa, en Reflexions fija su cámara y filma a través de una vidriera a los transeúntes que circunstancialmente caminan por ese sector (lo había hecho ya en la maravillosa Austerlitz, de 2016, pero en ese caso su ámbito de estudio era el comportamiento humano en las visitas a un campo de concentración); Le Voyage de Zan, de Marc Recha, tal vez es quien más muestra las consecuencias de lo que queda y lo que se olvida de Sarajevo: miradas, libros, almas quebradas. Oscuridad dia tras días entre quienes recuerdan, planos y colores ocres, abundan el esa paleta que nos muestra Sarajevo, árboles en primavera. Todo se olvida. Todo lo que no sabemos ni sentimos.
En Silence Mujo, de Ursula Meier, nos cuenta el circunstancial encuentro de un niño de 10 años por ir a buscar una pelota y una mujer en un cementerio. Los colores, lo pálido del cemento de las tumbas, la mujer pelirroja con un vestido verde, el niño simpatizante de Chelsea, lo bello, lo triste, la vida y la muerte. De los 13 directores, Aida Belcig es la única originaria de Sarajevo y nos cuenta en Album los recuerdos en bellos planos en blanco y negro, luces y sombras, destrucción, ruinas. De la mano de Teresa Villaverde nos llega Sara et sa mere. La cultura es necesaria y no un lujo, eso lo dice todo. Sara deambula sola en una calle y se escucha el llamado de su madre, en una ciudad vacìa. Le pont, de Vicenzo Marra, nos cuenta de alguien que quiere volver a Sarajevo, de alguien que dejó atrás una historia. De el dolor de una mujer dejar a su pareja en pos de un regreso.
Les Ponts de Sarajevo es un gran puzzle de historias que nos recuerda lo que sucedió y las consecuencias. Planos y fotos en blanco y negro, colores, rastros, voces en off con una pantalla en negro. Cementerios, marcas de balas en las paredes, edificios destruidos, bellas canciones, voces y libros. Vida y Muerte. Manos que unen y que desunen. Puentes, solo puentes que construyen una memoria colectiva. MARÍA EUGENIA COSTA




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