Cobertura especial del We Are One: A Global Film Festival (Día 2): 7 críticas de cortometrajes

Por Vanesa Berenstein, Cristina Barile, Diego Conesa, Candela Vey y Gabriel Leal

El segundo día de la muestra nos permite un recorrido por trabajos breves de orígenes tan disímiles como Japón, Francia, Reino Unido, Suiza y los Estados Unidos.


East of Jefferson (Japón/2018, 21’), de Kôji Fukada.

Noche de revelaciones en la que podría ser perfectamente una intimista escena teatral. Luz tenue, un hombre y una mujer a punto de hacer el amor en un cuarto de hotel cuando una declaración de ella modifica abruptamente el desarrollo del relato en el que apenas nos hemos adentrado. Tan solo unos momentos más tarde la privacidad de la pareja se ve interrumpida por una visita inesperada para el espectador.

Las confesiones continúan. El televisor encendido en el canal del clima anuncia una tormenta, reflejando aquello que puede presentirse al interior de los personajes. Pero aun en los peores temporales, los truenos dejan paso al sonido constante y apacible de la lluvia que irriga la memoria y deja aflorar los recuerdos.

A veces las cosas no resultan ser como creíamos y sea todo más sencillo. Sin embargo, misteriosamente, quizás nos provoquen más decepción que alivio.

Filmada luego de Harmonium, ganadora del Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard del Festival Cannes 2016, este es el primero de los tres cortos de Kôji Fukada a exhibirse en el We Are One bajo la curaduría del Tokyo International Film Festival. Inabe (2013) y The Yalta Conference Online (2020) son los dos restantes, este último creado especialmente para esta ocasión. Ambas serán exhibidas el 1º de Junio y suenan prometedoras teniendo en cuenta lo que pudimos ver en esta primera entrega del singular director japonés. VANESA BERENSTEIN



Alteration (Francia/2017, 20′), de Jérôme Blanquet (VR)

Si el universo de los sueños y el inconsciente se materializara de algún modo, seguramente, tendría alguna semejanza con la construcción de este corto y poético film.

El mundo de Alejandro vive en el interior de este experimento que alguien planeó y del que decidió participar. Aquí no hay certezas: el hábitat, el paisaje, el entorno se mueve, degrada, pixela. Por momentos el contenido se deteriora como una gelatina mal hecha o transmuta en dibujos de un cómic.

La continuidad o ruptura de la música electrónica elevan la sensación de los estados de ánimo y configuran el espacio para las preguntas que, por otro lado, resultan lo más sólido que se puede encontrar en ese universo. ¿Dónde estás?/Where are you?, Te amo/I love you, Algo está mal/Something is wrong, son las frases que, repetidas como un mantra, configuran algún grado de existencia emocional. Todo es bello en su inseguridad y tenebroso a la vez. Desde una pura ficción poética envuelta en sonidos alterados y elegantes, con pocas palabras y en la brevedad de 20 minutos que recurre al 3D, Jerôme Blanquet nos recuerda que el único plano de realidad está en quien mira este film. CRISTINA BARILE



Over (Reino Unido/2015, 14′), de Jörn Threlfall.

Reseña 1

Over es una pieza impactante y original en su estructura, en su narrativa y en su planteo estético y visual. Casi sin darnos cuenta, nos encontramos frente a un puzzle que vamos armando plano a plano, intentando adivinar qué es lo que estamos construyendo. Para hacer más inquietante y complejo este armado, descubrimos que la sucesión de planos – las piezas del puzzle – van en un sentido cronológico inverso. Y hablo de «nosotros», porque es clara la decisión de hacernos participar de este armado, hay algo lúdico en esta decisión narrativa, que nos propone un rol de espectador activo y sagaz.

La narración -sutil y minimalista -, se compone mayormente de amplios planos generales fijos que nos dejan ver y oír – a cierta distancia – lo que está pasando en ese elegante y tradicional barrio típicamente inglés. Una puesta que nos remite al cine de Michael Haneke, en el que un plano fijo aparentemente normal y cotidiano contiene el horror. El horror, que se viene anunciando con indicios en cada plano, irrumpe violentamente en la tranquilidad de la mañana, cuando un cuerpo cae del cielo sobre un auto.

Entre tantas decisiones que hacen de este corto una pieza brillante, es el punto de vista elegido para contar una realidad compleja; la decisión de plantear el drama de los «polizones» que huyen de sus países en guerra escondidos en las bodegas de los aviones, desde la tranquilidad lejana e imposible de un tranquilo barrio inglés. DIEGO CONESA


Reseña 2

Un lento travelling lateral nos muestra una calle desértica en un tranquilo barrio londinense a las 11:45 PM. Lo que sigue a esta imagen será otras ocho tomas desde ángulos diferentes de la misma calle en la que sucedió un traumático accidente. Todo nos es mostrado desde cierta distancia, algunos autos estacionados, una mujer que deja un ramo de flores en la acera, un hombre de la limpieza que trata de sacar con agua la mancha de sangre impregnada en el asfalto.

La narración inversamente cronológica nos irá revelando la causa de lo que verdaderamente ocurrió en ese lugar aparentemente pacifico. El contraste genera tal contrapunto que los espectadores nos convertimos en una suerte de detectives a partir de la recogida de las evidencias policiales manchadas con sangre y una fotografía que genera más dudas que certezas.

¿Qué sucedió verdaderamente en ese lugar? ¿Un asesinato? ¿Atropellaron a un hombre? La resolución llegará de una manera abrumadora, sorprendente, que te dejará varios minutos en un auténtico estado de shock. Este corto experimental de Jörn Threlfall, que integra el programa del BFI London Film Festival, obtuvo el Gran Premio del Jurado en Palm Springs en 2015. CANDELA VEY



L’Ile des Morts (Francia/2018, 8′), de Benjamín Nuel.

La muerte es, por lo menos, inquietante. Así lo entendió Arnold Brocklin en 1883, cuando pintó una de las cuatro versiones que se conocen de su obra “La Isla de los muertos”. El artista tenía razones profundas, dolientes para esta creación que ha sido reinterpretada como imagen en el cine en varias oportunidades.

Aquí, el director Benjamin Nuel propone esta ficción partiendo de lo cotidiano hasta llevarnos al mismo umbral donde el pintor se instaló. Lo interesante es la estética con la que construye las imágenes del recorrido hasta la isla, en un mar ni calmo ni violento, al mismo tiempo en que emerge el interrogante que todos nos hemos hecho alguna vez: ¿Qué hay más allá?. Aunque no sabemos la respuesta, el director le da movimiento, singularidad, corporeidad en 3D a la obra y nos lleva a este viaje en la misma nave guiada por Charon para detenernos frente a la Isla de los Muertos imaginada por el pintor. El misterio se redimensiona con la voz en off y la sensibilidad de la composición musical de Sergei Rachmaninoff. No hay miedo aquí, sólo una invitación al sosiego y la reflexión. CRISTINA BARILE



Motorcycle Drive By (Estados Unidos/2020, 22′), de David Wexler. 

Motorcycle Drive By es un corto aportado por la curatoria del Festival de TriBeCa (New York) y toma el nombre de una canción de la banda Third Eye Blind (3eb) que resuena en sus fans en el Jones Beach de New York. “I’ve never been so alone, and I’ve never been so alive” (nunca he estado tan solo y nunca he estado tan vivo), lo que parece un mantra en tiempo de cuarentena e impregna a los espectadores en todo el mundo, al mismo instante, desde la ciudad epicentro de la pandemia, todo somos uno.

Este documental indie que versa sobre la banda de rock alternativo 3eb es dirigido, producido y guionado por David Wexler. En blanco y negro, el film nos invita a conectar con el objeto de deseo de la libertad, a través de las reflexiones de fans, periodistas y sus integrantes, focalizando en su vocalista Stephan Jenkins, quien le aporta un tono intimista mayor que por momentos recuerda a Tarnation, de Jonathan Caouette. La banda, pese a no haber podido concluir con su nuevo álbum para el show masivo, tiene fanáticos que los acompañan, rompiendo todos los récords. GABRIEL LEAL



-Cru – Raw (Suiza/2020, 10′), de David Oesch.

Nosotros sólo comemos, pero la cocina es un mundo y, como tal, puede reproducir la crueldad, la gravedad, la competencia y la locura del entorno.

David Oesch hace uso de la cámara para presentar una imagen cenital de los alimentos como el modo en que aparecen las fotografías de los libros especializados. Los planos van a lo general para dar cuenta del caos de la cocina, el salón y al primer plano para el cara a cara entre la aprendiz y la extraña chef. Estos recursos configuran el clima de tensión y del brevísimo regocijo final. Para disfrutar… en crudo. CRISTINA BARILE

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