Por Tomás Palese y Claudia Maricel Aguinaldo
En la primera jornada del festival online y gratuito que se desarrolla en la plataforma de YouTube reseñamos una audaz y delirante producción de bajo presupuesto proveniente de Uganda.
-Crazy World (Uganda/2019, 65′), de Nabwana IGG
RESEÑA 1
El primer largometraje de We Are One es uno que estaba esperando desde hacía tiempo, ya que es la nueva entrega de Wakaliwood, el estudio independiente ugandés especializado en cine de acción de bajo presupuesto y responsables de la aclamada Who Killed Captain Alex? (2010), del mismo director, quien rodó casi 50 largometrajes en los últimos 15 años.
En Crazy World volvemos una vez más a los barrios bajos de Kampala, donde una banda que secuestra niños termina capturando a los Waka Stars, un equipo de maestros de kung fu, quienes usarán sus habilidades e ingenio para escapar y vencer a estos criminales. Esta es básicamente la historia. Y, si bien vale destacar el hecho de que está presentada de una forma un poco más coherente que las anteriores producciones, lo cierto es que también funciona como marco para el principal atractivo de todas las películas del estudio: súper acción y entretenimiento brindado por lo mejor del cine de guerrilla.
Además de la narrativa, todos los aspectos técnicos de la producción han mejorado considerablemente: desde la fotografía y las coreografías de peleas hasta los efectos especiales. Dicho esto, quienes no estén acostumbrados a este tipo de propuestas puede que se vean repelidos por la estética amateur y los elementos menos convencionales como la presencia de un “video joker” (un comediante que comenta y hace chistes mientras ve la película).
En resumen, quienes ya estén familiarizado con la filmografía del estudio obtendrán lo que ya conocen, pero mejorado. Para los desconocedores y potenciales detractores, les recomiendo de todas formas de acercarse con la mente abierta a Crazy World. La bandera del DIY se mantiene ondeando en Wakaliwood, y sigue probándonos que todo el mundo puede crear sin importar los recursos o las circunstancias. TOMÁS PALESE
RESEÑA 2
Dentro del imaginario de los países periféricos ante la industria cinematográfica norteamericana, esta se presenta como un coloso inaccesible y que el solo hecho de que alguna vez se acceda allí implica pasar a forma parte del sueño americano. El director ugandés IGG Nabwana, conocido por los medios africanos como el Quentin Tarantino de esa región, comenzó desde pequeño a admirar el cine de acción norteamericano de los años ’80, a través del relato de un hermano al que sí le permitían entrar a los cines porque solamente lo podían hacer los mayores; los productos venidos de los Estados Unidos resultaban ser demasiados violentos para los niños y adolescentes.
Así fue como en su mente forjó la admiración hacia figuras como Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme, Wesley Snipes, y las películas de artes marciales a través de Bruce Lee. Y luego pasó a formar parte del movimiento denominado Wakaliwood y especializado en la realización de películas de bajo presupuesto y filmadas en la capital de Uganda, Kampala.
Crazy World, que aquí nos convoca, nos cuenta la historia de una pandilla de los bajos fondos, que se dedican a secuestrar a niños. El problema se suscita porque en esta oportunidad a los que someten son a las Waka Stars, un equipo de maestros del Kung-fu que utilizan una variedad de herramientas para tratar de zafar de estos mafiosos.
Si a finales de la década de 1960 fuimos testigos en la televisión y pudimos disfrutar de la acción y la comedia de la mano de Batman y Robin, con esas escenas donde los efectos de sonido ante los coreográficos golpes iban acompañados de las grandes onomatopeyas y nos resultaban graciosas las medias de nylon y las botas de hadas de Robin; estos elementos son reemplazados en Crazy World por una voz en off al modo de los youtubers de Minecraft y por un indigente (que no va a ser tal) que se pasea con una vestimenta rosa y con un mantel a modo de chal.
La experiencia de ver Crazy World puede resultar chocante si no estamos acostumbrados a un lenguaje cinematográfico más coloquial, si los efectos especiales son realizados con esos elementos que dan vueltas a nuestro alrededor (resulta divertido el armado de una bomba) y si nunca nos hemos atrevido a convertirnos por un rato en un gamer. Bienvenidos al desafío de ser parte de un juego de niños para adultos, con mucha acción y humor. CLAUDIA MARICEL AGUINALDO




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