Por Iván Castillo
(desde Buenos Aires, Argentina)
Primera entrega de esta saga de la popular factoría Blumhouse que en 2017 tuvo un segundo largometraje y cuya tercera película ya está en pleno desarrollo.
Título original: Creep
Año: 2014
Dirección: Patrick Brice
Guion: Patrick Brice, Mark Duplass
Fotografía: Patrick Brice, Mark Duplass
Elenco: Patrick Brice como Aaron, Mark Duplass como Josef
Producción: Blumhouse Productions, Duplass Brothers Productions
Duración: 77 minutos
Creep (2014) es el debut como director de Patrick Brice y está basado en una historia escrita por él en colaboración con Mark Duplass (The Puffy Chair, Baghead). El film sigue la historia de Aaron, un camarógrafo que acepta una oferta de trabajo por Internet para filmar un día en la vida de un completo extraño. Este sujeto resulta ser Josef, un excéntrico y misterioso personaje con un tumor cerebral que lo deja con solo dos meses de vida. Josef está por tener un bebé con su esposa Angela y planea que el material grabado sea una manera para que el futuro niño lo conozca luego de su muerte. El protagonista, tentado por el salario de mil dólares por un día de trabajo, acepta y se dirige hacia la cabaña en las montañas que habita su cliente.
Desde el comienzo Brice sabe exactamente qué tipo de película quiere y no subestima al público. Su material promocional, por no mencionar el título del largometraje y el sello de Blumhouse, dirigen claramente al espectador hacia el género del terror. Asimismo su estilo de filmación, hecha íntegramente a través de una cámara diegética controlada por el protagonista, remite al subgénero del found footage.
La película evita los típicos clichés que uno esperaría y coquetea muy explícitamente y de manera irónica con la idea de que Josef es un asesino serial. Quizás el mejor ejemplo del balance tonal que encuentra el film entre la comedia y el terror se produce a los 15 minutos de película, cuando Aaron es asustado (mediante uno de los muchos jumpscares) al encontrar una terrorífica máscara de lobo dentro del armario en la cabaña de Josef. Acto seguido, Josef aclara entre risas que se trata de su amigo Peachfuzz, mientras se pone la máscara y baila al compás de una ridícula canción cantada por él mismo.
Este equilibrio entre géneros se sostiene en el tipo de actuación que siguen ambos intérpretes, que son los únicos que aparecen en pantalla. Con un naturalismo característico del subgénero mumblecore (en el que Duplass se ha destacado), ambos actores hacen que las bizarras situaciones que comparten se sientan “reales” y cotidianas, sensación que se ve aún más reforzada por la falta total de banda de sonido.
Como si de un vlog de YouTube se tratara, la cámara permanece registrando de manera cruda las actividades de Josef durante todo el día, mientras que vislumbramos idiosincrasias y detalles sobre el personaje, pero nunca llegamos a conocerlo del todo. Es esta naturalidad encontrada tanto en la actuación como en el tipo de montaje (lleno de jumpcuts, lo que también remite al estilo de un video de YouTube) y fotografía de cámara en mano, lo que hace que los momentos terroríficos den más miedo y los de comedia provoquen más risa. Es justamente cuando el film comienza a romper este código y se adentra en el territorio del horror clásico, olvidando su premisa que le da su distinción y originalidad, que Creep empieza a flaquear.
El personaje de Josef, así como la interpretación de Mark Duplass, es la clave para que el film funcione. Él, así como la película misma, juega de manera constante con la mente de Aaron (y por extensión, del espectador), llevándolo a pensar que lo va a asesinar antes de que termine su día de trabajo. La mayoría de sus diálogos contiene algún tipo de referencia a la muerte y, justo cuando sus motivos están cerca de explicitarse, se asegura de hacer un chiste que lo exonera. Es este carisma y persuasión natural que exuda Duplass lo que ayuda a creernos todo lo que dice Josef. Si bien no somos tan ingenuos como Aaron, el personaje (casi) logra convencernos de que no es un psicópata. Sin embargo, no es hasta una escena en la mitad del film que por un momento lo vemos como realmente es, una vez que Josef cree que se apaga la cámara y deja de interpretar un papel.
El film entero es un juego de gato y ratón entre ambos, con la peculiaridad de que los dos participantes comienzan a tener una particular conexión sentimental. La pregunta que el espectador se repite una y otra vez en este tipo de películas es: “¿Cómo no se da cuenta de que el tipo es un asesino?”. Y la respuesta hay que buscarla en la clara relación de amistad genuina que nace entre ambos y que muta progresivamente, convirtiéndose en algo mucho más grotesco a medida que transcurre la película, hasta llegar a su inevitable conclusión. Si algo demuestra Creep mediante su final es que se trata de una historia de amor perverso, una relación tóxica entre un mentiroso patológico y, como Josef mismo describe a Aaron, “la mejor persona del mundo”.




Es malísima esa película
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