Por Claudia Maricel Aguinaldo
(desde Villa del Rosario, Córdoba)
Dos recientes estrenos de la plataforma Cine.Ar Play que cuestionan los prejuicios y las diferencias de clase.
Crítica de “Las furias”
Los tiempos de pandemia han permitido que los estrenos de los jueves se puedan ver desde la comodidad de nuestro sillón y por alguna señal o plataforma online. En este caso Cine.ar TV y Cine.ar Play nos posibilitan sumergirnos en el cine nacional que depara muchas atenciones, tal el caso de volver a encontrarnos con la prolífica Tamae Garateguy, que en esta oportunidad nos introduce en un mundo diferente, un western en tierras mendocinas.
La historia gira en torno al amor entre Lourdes (hija de un terrateniente) y Leónidas (sucesor de una devastada comunidad huarpe). Ambos protagonistas, interpretados por Guadalupe Docampo y Nicolás Goldschmidt (dupla de la que surgió la idea original para convertirse luego en guión a cargo de Diego Fleischer, quien ya trabajara en otras oportunidades con Garateguy), sufren los embates de sendas familias que no ven con buenos ojos la unión entre “el indio” y la “joven blanca”. La hostilidad -que raya lo más violento- surge de parte del padre de ella, quien ve en ello la oportunidad de quitarles definitivamente las tierras a esos “indeseables”.
Los 75 minutos del film se desarrollan entre un presente y una vuelta constante a un pasado del que, hasta el final, no podremos deducir cuánto tiempo ha transcurrido. En ese recorrido el trote de un caballo o los pies cansados de un Leónidas en búsqueda de su amada serán reemplazados por una camioneta en pleno desierto, donde los avatares del tiempo acompañan la huida, lo lúgubre de la vida de los amantes.
Desde 2004 con su corto ¿Quién es Rael? la obra de Tamae Garateguy, como ya mencionáramos, es realmente prolífica, no solamente en el rol de directora, autora, guionista, productora y hasta intérprete, sino también en el hecho de no ajustarse a un determinado género a la hora de presentar una historia. Por eso ha realizado un recorrido por la comedia (Upa, Upa 2: El regreso), lo gansteril (Pompeya), lo fantástico – erótico (Mujer lobo), lo psicológico (Hasta que me desate) y la reciente 50 Chuseok, donde de la mano de un colega Chang Sung Kim se asoma al mundo del metraje documental.
Hay un denominador común en los films de Tamae Garateguy y es que sus personajes en un determinado momento se salen de su andar rutinario y cotidiano, se disparan, se desbordan, se conducen por una senda en donde ya no hay una vertiente moral que los marque: Fernando, el guionista y director de cine independiente (en sendas Upa); Dylan, Timmy, Shadow y Lana de Pompeya; la Mujer Lobo y el médico y la joven bailarina de Hasta que me desates.
Nota aparte merece el rol que cumple la mujer en varias de sus películas, de lo atormentado de sus existencias pasa a la más cruda sed de venganza, explotando al máximo el hecho de “poner el cuerpo”, porque el alma ha tomado vuelo propio de la cárcel a la que ha estado expuesta. Y así lo demuestra cada vez que aparece en el tiempo presente Lourdes en defensa del amor hacia Leónidas, en este Romeo y Julieta en desolado paisaje argentino.
Por eso Tamae Garateguy nos trae un cine donde no hay lugar para un mensaje indirecto en cuanto a la historia por mostrar, por eso no hay medias tintas para plantear el amor y la violencia que se suscita cuando a éste se le ponen trabas. Las furias cautiva y la película cobra su efecto artístico a través de la fotografía y la música. La utilización de tonalidades ocres en los exteriores, la luz natural o artificial que recorre la casa del estanciero y la sutileza de un cielo digitalizado para plantear el devenir, junto a la música de Sami Buccella (otro recurrente en la filmografía de Garateguy) marcando solos de guitarra y flauta con efectos que nos trasladan a la naturaleza, son de un deleite para disfrutar.
Quizás el guión y el montaje nos lleven a quedarnos a medio camino en cuanto a la lucha entre terratenientes y pueblos originarios, las miradas racistas (solamente queda en el marco de algunos insultos por parte de un estereotipado Daniel Araoz, como el cruel hacendado y padre de Lourdes) y los enfoques místicos y rituales.

Crítica de “El maestro”
“Ha sido golpeado delante de todos los vecinos.
Humillado delante de todos. Y ahora está allí,
atado en un poste de la parra, expuesto
a la curiosidad torpe, estúpida, irritante de todos…”
(“La cartera”, Álvaro Yunque)
La ópera prima de estos dos jóvenes realizadores y coguionistas nos cuenta la historia de Natalio (interpretado por Diego Velázquez), un maestro de nivel primario de un pequeño pueblo, de esos “donde todos se conocen” y cuya vida rutinaria y la de la propia comunidad se ve alterada por la llegada de un amigo en problemas.
La trama está inspirada en la vida de Eric Sattler, quien fuese docente de Cristina Tamagnini y hacedor cultural de la localidad cordobesa de Ucacha. A partir de una entrevista con él, surge la idea de la realización del guion, coescrito junto a su colega Julián Dabien. Dicho proyecto, a través de la productora independiente Caschi Cine (cuyos socios son la propia Tamagnini y Lalo Mamaní) fue seleccionado en 2014 para el concurso Raymundo Gleyzer por la Región del Noroeste y en 2015 obtuvo los fondos del INCAA para que, en dos meses de filmación en la pequeña localidad salteña de La Merced, se pudiese concretar esta película.
El guion y la interpretación de Diego Velázquez (que potencia todo su talento cuando se acerca a este marco intimista del cine independiente marcan la diferencia en este film que se acerca al mundo de la literatura realista, que en nuestro país cobra relevancia a partir de la descripción de las inequidades sociales y la defensa de aquellos seres más indefensos, en este caso representado en la figura del maestro.
La vida de Natalio transcurre en el aula, los pasillos, el despacho de su compañera directora, el trayecto por calles de tierra el cruce de la plaza central que lo llevan al hogar materno, donde lo recibe la comida siempre lista de una abnegada empleada y la figura de una madre que conoce su vida y sabe prestidigitarla. Sus proyectos se circunscriben al ámbito meramente escolar: el de acompañar a un niño que sufre bullying y el de poner en escena una obra de teatro. Pero, ¿qué sucede cuando el maestro cambia su rutina porque presenta a un amigo? ¿Por qué comienzan los comentarios por debajo y cada vez se van haciendo más fuertes? ¿Es factible una vida más allá de lo meramente escolar cuando se tiene en la espalda la mirada de los otros?
Es esa mirada que siempre planteó la literatura realista argentina la que nos llega en todo su esplendor en las imágenes de El maestro: la dicotomía entre seres inocentes, cotidianos, y un mundo que se vuelve injusto porque se lo comienza a sufrir, a padecer. No hay golpes bajos en esta película que prioriza en cada mirada de Natalio una introspección psicológica que nos posibilita como espectadores preguntarnos, mirarnos y observar a nuestro alrededor de lo que somos capaces cuando le ponemos a un vecino una marca para que comience a agachar su mirada.




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