Ensayo sobre autoras / Coralie Fargeat: Violencia en espejo para una mirada disruptiva

Un par de cortos («Le Télégramme» y «Reality») y dos largometrqjes («Venganza del más allá» y «La sustancia») le alcanzaron a Fargeat para consolidarse como una de las directoras más provocadoras y exitosas del nuevo cine francés.

Por Martín Vecchio

El Festival de Cannes suele ser la vidriera para algunos de los estrenos más importantes del año. Más allá de la presentación de grandes tanques, varias de las películas que tienen su lanzamiento en este prestigioso encuentro pasan inmediatamente al radar del público cinéfilo -especialmente si vienen acompañadas de críticas positivas-. Este año, La sustancia (The Substance, 2024), segundo largometraje de Coralie Fargeat, fue una de ellas.

Tras hacerse del premio al Mejor Guión, La sustancia pasó al listado de “películas más esperadas de 2024”. Más aún tras el anuncio de que MUBI, la distribuidora en salas y servicio de streaming que conquista tanto a los amantes del cine de arte como a los aficionados a las totebags, anunció que había comprado los derechos para diferentes territorios, incluyendo América Latina.

Con esta película de horror corporal (body horror), Fargeat hace una crítica a los estándares de belleza y a lo que una persona es capaz de hacer para no dejar su momento de fama. “La película trata fundamentalmente de la violencia del control, de cómo se nos dice que seamos delicadas”, indica la directora en una entrevista con la revista Vogue 1. Sin embargo, esta no es la primera vez que trabaja sobre el valor de la mirada del otro. Si bien corta, su filmografía repite este y otros temas a través de diferentes géneros.

Parte uno: Le Télégramme y Reality+

Coralie Fargeat nació en París en 1976. Tras un curso intensivo en la escuela Sciences Po Paris, comenzó a trabajar como asistenta de dirección en diferentes rodajes. Eso le permitió rodar su primer cortometraje, Le Télégramme (2003). En el contexto de la filmografía de la directora, este trabajo no parece tener una relación directa con su trabajo posterior; la puesta es escena es simple, con apenas tres actores, una locación en interiores y una en exteriores.

Le Télégramme transcurre durante la Segunda Guerra Mundial, cuando dos mujeres miran cómo el cartero llega al pueblo con el temor de que él les informen de que alguno de sus hijos ha muerto en el campo de batalla. Aún así, hay una línea de diálogo que adelanta un tema que se repetirá a futuro: la envidia. Blanche (Myriam Boyer), ante la cercanía del cartero a la puerta de su casa, se dice buena madre y buena cristiana, pero desea que el telegrama le llegue a cualquier otra mujer del pueblo, incluso a su amiga Pierrette, a quien le recrimina “¿Por qué [el telegrama] no puede ser para vos?”.

“[Le Télégramme] tuvo éxito en festivales, fue comprada por [el canal de televisión] France 2, me abrió muchas puertas pero como realmente no tenía un proyecto a largo plazo, no pude aprovechar este suceso”, indicó Fargeat en una entrevista de 2018 con el medio Ecran Large 2. De hecho, no volvería a participar en ningún proyecto audiovisual hasta 2008, cuando protagonizó, escribió y dirigió una serie de sketches cómicos titulada Les Fées Cloches (Las hadas de las campanas).

Durante este período, ingresó en la escuela de cine La Fémis, donde realizó un taller de guion de educación continua y comenzó a desarrollar ideas para largometrajes. Sin embargo, la experiencia no fue del todo positiva. “Llegué con un proyecto de cine de género y me enfrenté a la realidad: ‘Lo tuyo aquí no es posible’. Fue súper duro, súper violento, pero a pesar de todo me permitió aprender a sortear los obstáculos”, indicó Fargeat a Ecran Large.

En 2013 se convierte en la primera directora en ganar el Audi Talents Awards, una iniciativa de la filial francesa de la conocida marca de automóviles. Gracias a eso puede realizar su segundo cortometraje: Reality+ (2014). Por primera vez, Fargeat accede a un mayor presupuesto, lo cual le permite crear una narrativa de ciencia ficción convincente. La trama se desarrolla en un futuro cercano en el que las personas pueden cambiar su apariencia gracias a un chip, pero solo para quienes también lo tienen y por 12 horas al día. De esta forma, Vincent Dangeville (Vincent Colombe) crea su “versión ideal” (Aurélien Muller) y sobrepone su timidez. Pero, cuando se enamora de Stella (Vanessa Hessler), comenzará a replantearse si vale la pena vivir como otra persona durante la mitad de un día.

Aquí, Fargeat comienza a mostrar dos temas con los que trabajará en sus dos largometrajes: la mirada del otro y los límites que se pueden llegar a transgredir para poder conseguir un objeto de deseo. Si bien el chip que presenta en este caso no es lo mismo que una sustancia que permite obtener la mejor versión de una persona, no deja de funcionar de la misma forma. En este caso, se asemeja a la construcción de un avatar permanente, como si fuera posible que una especie de comunidad virtual -ya sea Second Life o la idea frustrada de un metaverso- atraviese la vida cotidiana de las personas. Otra línea narrativa que presenta este cortometraje es la posibilidad ilegal de alterar el chip y que las 12 horas de duración se extiendan de forma más permanente. Y, si bien acá se presenta como la base para una pesadilla del personaje de Vincent, constituirá un indicio de los próximos trabajos de la directora.

Reality+ hizo el circuito de festivales, donde ganó el European Sogni Award en el Festival Internacional Corti Da Sogni Antonio Ricci (2014) y fue nominado al Premio del Jurado a Mejor Cortometraje Narrativo en el Festival de Tribeca (2015). Esta exposición internacional le permitió a la directora la posibilidad de financiar su primer largometraje.

Parte 2: Venganza del más allá

Durante su paso por La Fémis, Coralie Fargeat fundó el colectivo La Squadra, el cual integró junto a Mathieu Delozier, Jimmy Bemon, Alban Mench, Christophe Fustini, Sebastien Drouin, Andrew Desmond, Nolwenn Lemesle y Keren Marciano. El mismo funcionaba, en palabras de la directora, para acompañarse y encontrar soluciones para realizar un primer largometraje. “Fue nuestra propia autoformación, y durante varios años nos reunimos dos veces por semana, invitando a gente de la profesión a compartir con nosotros sus experiencias”, mencionó la directora a Ecran Large. “Todo ello nos permitió comprender mejor la realidad: cómo hacer una primera película, por qué es complicado hacer cine de género, por qué la gente no lo quiere, por qué no funciona… Y también qué hace que una película sea sólida”.

Por otro lado, el estreno y posterior éxito de Crudo (Grave, 2016), de Julia Ducournau, allanó las aguas para que varios productores se interesaran en un cine de género realizado por una directora novata. “[Crudo] es una especie de estandarte que ha cristalizado todos los deseos que sentíamos latentes desde hacía tiempo”, indicó Fargeat al webzine Fais Pas Genre! 3. Es en este contexto donde la directora comienza a desarrollar Venganza del más allá (Revenge, 2017), su primer largometraje, disponible en Netflix.

Jen (Matilda Lutz) es una joven que acompaña a su amante Richard (Kevin Janssens) a una casa aislada. Lo que empieza como un fin de semana de placer se convierte en una pesadilla cuando es atacada brutalmente por Stan (Vincent Colombe), uno de los compañeros de caza de Richard. Tras ser dejada por muerta, Jen sobrevive y decide tomar venganza.

Lejos del escenario de la Segunda Guerra Mundial o de un futuro cercano, esta película está ambientada en un desierto que parecería estar en los Estados Unidos -a pesar de que la película fue filmada en Marruecos-. Es este escenario desolado lo que genera una tensión en los personajes que parecen estar atrapados a pesar de estar al aire libre. El personaje de Jen pasa de ser una ingenua aspirante a actriz a renacer como un ángel de venganza que no se detenendrá hasta destruir a quienes la dejaron por muerta.

A primera vista, tanto la trama como el título de la película parecen estar asociadas al subgénero del terror conocido como “rape-and-revenge” (violación y venganza), cuyos máximos exponentes son Pánico a medianoche (The Last House on the Left, 1972) y Tomar revancha (I Spit in your Grave, 1978). Pero, a pesar de conocer la existencia de estas películas, reconoce que no las había visto. Entrevistada por Movie Maker 4, la directora indicó que sus influencias directas a la hora de concebir esta película fueron ambas partes de Kill Bill: La Venganza (Kill Bill: Vol. 1, 2003; Kill Bill: Vol. 2, 2004), Rambo (First Blood, 1982) y Mad Max (1979). “Se trata más bien del nacimiento de un héroe que al principio es una víctima y que va a ir creciendo a lo largo de la película, ambientada en un universo fantasmagórico que lleva la historia a otra parte”, indica la directora.

Una vez más, la mirada del otro vuelve a aparecer como un tema. Durante la escena del baile, Stan ve a Jen como una tentadora con la cual puede satisfacer su deseo. Tanto la cámara como el montaje, con planos cortos y saltos rápidos, se enfocan en el cuerpo y las miradas que ella da, reforzando la idea de que esto se trata del punto de vista de él. Esto se contrapone con la escena de la violación, donde nuevamente los planos son cortos pero la tensión se construye en base a la incomodidad de ella y el discurso de él, que se va violentando de a poco, hasta estallar en la vejación.

A pesar de esto, el verdadero quiebre de la película luego de que Jen cae por el precipicio y es empalada por la rama de un árbol seco, algo que se puede leer como una analogía de que ella se va a ir integrando al ambiente árido que la rodea para poder cazar a sus cazadores. Tanto esto, como la escena de la alucinación por peyote y posterior cauterización de la herida, significan un punto de no retorno tanto para ella como para sus atacantes.

Al momento de su estreno, la prensa francesa notó que tanto Crudo como Venganza del más allá tenían puntos en común. En un artículo para Le Figaro 5, Jean Talabot menciona que ambos largometrajes “presentan a una mujer joven y fuerte, y eso es quedarse corto, dentro de una estética que mezcla lo horrible con una forma de sexualidad morbosa”. La autora también hace mención a una nueva ola de películas de terror -o “terror elevado”, como mencionan algunos críticos que no son afines al género pero necesitan justificar que les gusta esas películas-, donde destaca títulos como Viene de noche (It Comes at Night, 2017) o ¡Huye! (Get Out, 2017).

Otro hecho que aseguró que Venganza del más allá esté en el ojo de la conversación que su estreno en Francia se dio un mes antes de las acusaciones contra el productor Harvey Weinstein y el #MeToo. El hecho de que un personaje femenino tome las armas para vengarse de sus abusadores parecía un aspiracional ante los horribles testimonios de las víctimas del fundador de Miramax y de otros personajes de Hollywood. “El momento fue extraño”, indicó Fargeat durante una entrevista con The Independent 6 en 2021, “Pero no es una coincidencia. Creo que inconscientemente estaba imbuido de conversaciones que salían en ese momento”.

En el circuito de festivales, la película cosechó premios en el Festival de Sitges (Mejor Directora y el premio Citizen Kane a Mejor Director Nuevo), el Monterfest (Mejor película internacional) y en el Festival de Cine Underground de Calgary (Premio del Jurado a Mejor Película Narrativa).

Parte 3: La sustancia

El éxito internacional que recibió Venganza del más allá le permitió a Coralie Fargeat aspirar a una mayor libertad a la hora de filmar. Algo que sería puesto en prueba en su segundo largometraje, La sustancia. Entrevistada por Esquire 7, la directora afirma que los cinco años que tardó entre la concepción del proyecto y su estreno fueron, en parte, por su decisión de ser fiel a su visión, por lo cual consideraba que debía tomar sus propias decisiones y seguir su intuición.

Según indica el artículo, “Fargeat escribió la película para cuestionar el modo en que la sociedad sigue juzgando a las mujeres por su aspecto físico y el daño que eso causa”. Esto es confirmado por la autora, quien consideró un desafío trabajar en una película sobre el envejecimiento y el sexismo: “Me sentí lo suficientemente fuerte como para poder enfrentarme a esto y tener algo que decir al respecto”.

En esta película, Elizabeth Sparkle (Demi Moore) es una actriz relegada a un programa de aerobics que acaba de perder el trabajo por haber cumplido 50 años. Después de un accidente, se le ofrece la posibilidad de acceder a “la sustancia”, un compuesto que promete crear una mejor versión de ella, pero solo de una semana a la vez. De esto surge una nueva versión “perfecta” de ella, Sue (Margaret Qualley) que va a intentar recuperar lo que la primera perdió.

Así como lo hizo con Reality+, la directora vuelve a explorar los cánones de belleza y lo lejos que puede ir una persona para que no se esfume. Pero, si en ese caso se trata de una historia de “cenicientas cyborgs” que vuelven a su estado original pasadas las 12 horas, La sustancia es una pesadilla sobre el fin de la fama y el control del cuerpo.

Desde su estreno en el Festival de Cannes, La sustancia ha sido comparada con algunos de los trabajos de David Cronenberg. Y si bien hay algo hay algo de La mosca (The Fly, 1986) y eXistenZ. Mundo virtual (eXistenZ, 1999), el canadiense no es el único que parece haber influenciado a Fargeat. Una de las lecturas que se puede hacer de esta película es que es una versión más extrema de El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, de Robert Louis Stevenson. Otra, es que se trata de una relectura de El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. En ambos casos hay una guerra entre dos que no pueden tener un enfrentamiento cara a cara porque dependen de su otra mitad para existir.

En su entrevista con Esquire, Fargeat menciona que, cuando se sentó a escribir el guión, buscaba contar una historia que tuviera en cuenta su propia experiencia como mujer. “Decidí contar las cosas exactamente como yo las veía”, afirma. Esto significaba tener que contar una historia “de una manera violenta, porque la forma en que yo estaba viviendo todo esto era muy violenta”.

Esa violencia, presente en Venganza del más allá, acá se representa de una forma diferente. Si bien en ambas existe la idea de que la mirada ajena puede condenar a un personaje a sufrir un destino trágico, en el caso de la primera película hay una situación de violencia externa, mientras que en la más reciente -si se considera que las dos protagonistas son dos caras de una misma moneda- se puede considerar que la crueldad es interior.

También hay un uso constante del punto de vista de los personajes, algo que recuerda a películas de Jonathan Demme como El silencio de los inocentes (The Silence of the Lambs, 1991) o Filadelfia (Philadelphia, 1993). Esto no solo está presente cuando se trata de Elizabeth o Sue ante un espejo o frente a otros, también está su versión más grotesca que representa la mirada masculina, especialmente cuando se trata del personaje de Harvey (Dennis Quaid), el productor del programa que despide a la actriz y contrata, sin saberlo, a su otra versión.

Toda esta violencia contenida explota en un tercer acto plagado de referencias a Vértigo (1958), El hombre elefante (The Elephant Man, 1980), Carrie (1976). La idea de encontrar la solución definitiva al envejecimiento y el olvido se termina convirtiendo en un festival grotesco que divierte a muchos y deja a otros en estado nauseabundo.

Aún así, el éxito que está teniendo La sustancia a nivel global habla del estado del cine. Con un público cansado de los grandes tanques, el hecho de que una directora pelee por su visión de género (ya sea su acepción cinematográfica como social) y logre atraer a las audiencias es prueba de que las nuevas voces no tienen que dirigir franquicias, sino abocarse a sus propios proyectos. “Esta película me ha hecho más fuerte”, indicó Fargeat a Esquire, “Porque sé que estoy hecho para ser directora. Es lo que soy”.

A través de su obra, Coralie Fargeat ha demostrado que su capacidad para mezclar horror, crítica social y una narrativa visual impactante sigue evolucionando de manera única en el panorama del cine contemporáneo. Con una perspectiva que desafía los estándares de belleza y explora las profundidades de la obsesión por la perfección, su obra se inserta en una conversación más amplia sobre el cuerpo y el control en la era moderna.

Su apuesta por una visión auténtica y disruptiva, lejos de las fórmulas de la industria, consolida su lugar como una directora a seguir, sea cual sea el género que elija para su próxima película.

1 Suh, E. (2024). ‘The Movie Is Fundamentally About the Violence of Control’: Writer-Director Coralie Fargeat Talks The Substance. Vogue. https://www.vogue.com/article/coralie-fargeat-the-substance-interview

2 Foltzer, C. (2018). Rencontre avec Coralie Fargeat, la réalisatrice du très énervé Revenge. Ecran Large. https://www..com/films/interview/1012985-rencontre-avec-coralie-fargeat-la-realisatrice-du-tres-enerve-revenge

3 Laquittant, J. (2018). Coralie Fargeat, sur la branche. Fais Pas Genre! https://faispasgenre.com/2018/01/coralie-fargeat-interview/

4 Weinstein, M. (2023). Desert Eagle: How Coralie Fargeat Shot Revenge in the Moroccan Desert, Preserved Her Creative Freedom, and More. Movie Maker. https://www.moviemaker.com/desert-eagle-how-coralie-fargeat-shot-revenge-in-the-moroccan-desert-preserved-her-creative-freedom-and-more/

5 Talabot, J. (2018) Revenge: après Grave, le cinéma français balance son gore. Le Figaro. https://www.lefigaro.fr/cinema/2018/02/07/03002-20180207ARTFIG00190–revenge-apres-grave-le-cinema-francais-balance-son-gore.php

6 Nugent, A. (2021) ‘I wanted to use violence in excess’: How women filmmakers reclaimed the revenge movie. The Independent. https://www.independent.co.uk/arts-entertainment/films/features/revenge-films-promising-young-woman-b1836483.html

7 O’Keefe, B. (2024). Coralie Fargeat Makes Movies Like No One Else. Esquire. https://www.esquire.com/entertainment/movies/a61777450/coralie-fargeat-interview-2024/

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