Análisis de los distintos elementos (en especial los visuales) que deslumbran en el cine del creador de «La Bruja», «El faro», «El hombre del norte» y la inminente «Nosferatu».
Por Agustín López
Brujas, sirenas, rituales nórdicos y, próximamente, vampiros: las leyendas y cuentos de diferentes partes del mundo vienen siendo retratados de forma preciosa y perfecta por Robert Eggers, uno de mis directores favoritos en la actualidad. Detrás de estas historias se esconden problemas y miedos reales que el cineasta estadounidense mezcla con el terror. Tras conocer el primer anticipo de su próxima película, «Nosferatu», a estrenarse en Navidad, ¿qué mejor momento para hacer un breve repaso y análisis de sus películas?
Como ya he escrito y dicho varias veces, el terror siempre fue uno de mis géneros favoritos y en la búsqueda de películas que me generen algo nuevo, hace ya algunos años me topé con «La Bruja» / “The Witch” (estrenada en 2015) y fue amor a primera vista. Así fue como Robert Eggers entró en mi vida (y en la de muchos) y nos renovó esa pasión por el género.
Ese film inspirado era una leyenda folclórica de brujas en la Nueva Inglaterra de 1630 con una joven Anya Taylor-Joy nos dejó boquiabiertos por un sinfín de recursos: sabíamos perfectamente que no estábamos ante una más del montón de películas de terror. En “La Bruja”, Eggers (director y guionista), nos deja bien en claro su sello: mezclar el horror de las diferentes leyendas con las patologías más humanas y reales. En este caso, el deseo sexual y la opresión mezclada con la religión y un aquelarre de brujas.
Esta base es la que repitió en 2019 con «El faro» / «The Lighthouse» (mi favorita de Eggers): nos trasladó a una isla alejada de todo en 1890 con solo dos protagonistas (interpretados de manera brillante por Willem Dafoe y Robert Pattinson) que deben cuidar un faro. El aislamiento, la locura y la obsesión se combinan con los cuentos de marineros, sirenas y monstruos. Esta cinta está basada en el libro de Edgar Allan Poe del mismo nombre (que nunca pudo terminar, ya que murió en la mitad), y fue una continuación de la idea de su hermano Max Eggers.
En ambas películas, Robert Eggers no sólo logra sumergirte en sus historias y en las épocas en las que están situadas con la información explícita, sino que técnicamente utiliza muchos recursos diferentes para hacerte sentir parte. Por un lado, la relación de aspecto de estas dos es inusual: en “La Bruja”, se utiliza el 1.66:1, algo que solía hacerse en las películas europeas hace muchos años. La decisión de usar ese formato de pantalla (que es más estrecho de lo habitual), es para darle más altura y potencia a los árboles y paisajes que tanto acompañan la cinta. Por otro lado, “El faro” achica mucho más la imagen con un 1.19:1, que era muy usada en el cine mudo. En este caso, es elegido para encerrar muchísimo más a los personajes y, literalmente, aislarlos
Estas decisiones son clave para entender su cine y sus intenciones. Nada está librado al azar y para esto trabaja con alguien importantísimo: el director de fotografía Jardin Blashke. Con él colaboró en sus primeros dos cortos y en todos sus largos (los ya mencionados “The Witch”, “The Lighthouse”, también en “El hombre del norte» / «The Northman” y próximamente en “Nosferatu”). Gracias a su labor, podemos identificar en cada plano que se trata de un film de Eggers, pero… ¿qué es lo que hace que nos llama tanto la atención?
Para mí, el factor principal de todas sus películas es la luz: es una característica muy cuidada y no queda ningún cabo suelto. Para lograr eso hay diferentes recursos como, por ejemplo, el uso de lentes antiguos con una gran apertura o la velocidad de obturación. En “The Witch” se intentó usar una luz más natural, en “The Lighthouse” al ser todo en blanco y negro optaron por lentes que tuvieran un gran rango de contraste y es en “The Northman” donde más lo vemos jugar con estas cosas.
La película, estrenada en 2022, es la más larga y sangrienta hasta ahora de Eggers y en ella se juega constantemente con el día y la noche; la paz y la guerra. En esta producción, Blashke estuvo en búsqueda de diferentes films y filtros para lograr las cosas que él y Eggers querían, y la película es la prueba de ello. Hay escenas directamente donde la luz principal es el fuego o la lava de un volcán, momentos de día muy iluminados y lo que más me llamaron la atención fueron las escenas nocturnas: no tienen casi color pero tampoco es blanco y negro, es como un azul muy desaturado y da una sensación muy extraña. Esto lo lograron usando filtros que opacaban el color rojo y el resultado fue espectacular.
Estos detalles en su tres películas no pasan inadvertidos. Tengamos el ojo más o menos entrenado, nos damos cuenta de que tienen algo diferente y es ahí cuando la curiosidad nos anima a buscar datos y entrevistas y terminamos encontrando todas estas cosas (hay muchísimo más para leer). Ahora solo queda esperar unos meses más por «Nosferatu, su próxima producción.




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