Festival de Mar del Plata 2023 – crítica de “Animal / Humano”, de Alessandro Pugno (Competencia Internacional): Carne somos

La ópera prima de este director de origen italiano se sumerge en el universo de la tauromaquia en España.

Por Rodrigo Palacios

El director Alessandro Pugno, ciudadano italiano que radica en España (al igual que su protagonista), nos entrega este drama de 92 minutos enfocado en un aspirante a torero; su amigo, un joven mexicano que tiene la vida que Matteo (el protagonista) anhela; y un ternero criado para convertirse en toro de pelea.

La vida de Matteo se ve tempranamente ligada con la muerte cuando descubrimos que el negocio de su familia, desde hace ya varias generaciones, ha sido el de enterrar cadáveres. Un día de su infancia, escucha a una mujer llorar la muerte de su pequeño hijo; más tarde, ve cómo acomodan el ataúd donde descansaran los restos de aquel infante. “No quiero morir como aquel niño”, le dice ese mismo día a su madre.

Más adelante y de manera casual ve en la televisión cómo un torero muere al ser embestido por un toro; esto, en vez de espantarlo, lo anima a correr al cuarto de su madre para decirle que así es como quiere morir. En el tercer capítulo (la película consta de siete), titulado “Ser que siente”, Matteo se imagina siendo torero, mientras su madre postrada en una cama se acerca a la muerte viéndolo jugar. Lo único que le queda al niño son las corridas de toros.

Si bien la película empieza con Matteo de niño observando algunos ataúdes, la cinta se desarrolla en la actualidad; durante su juventud. Los flashbacks son constantes mientras el presente avanza a pasos agigantados. Estos lo podemos deducir por la vida que vemos pasar por un ternero que tiene su aparición desde el primer capítulo del film.

La primera vez que vemos al ternero llamado Fandango es cuando un granjero lo lleva para que se reencuentre con su madre. El mismo hombre lo volverá a salvar cuando descarten a Fandango como toro de pelea y lo manden a matar. Las vidas de Matteo y el animal se ven ligadas desde la edición. Por momentos las dos historias paralelas se intersectan a través de cortes; por ejemplo, cuando Matteo de niño abraza a su mamá para, en el siguiente plano, ver a un ternero acercarse tiernamente a su madre.

A lo largo de los capítulos vemos cómo se juega con los títulos y el contenido de cada uno de ellos. Por ejemplo, en “Bestia” se le explica a Matteo que por ser demasiado impulsivo y temperamental no será un buen torero; su ansiedad por debutar no hará más que perjudicarlo. Esto se nos deja en claro cuando su instructor le recuerda que un torero además de ser valiente debe calmar al animal, esto es lo que los diferencia de los gladiadores. En la parte de “Animal racional”, se dedica bastante metraje a los animales y a cómo se lleva el negocio donde, de acuerdo a su físico, terminan siendo comida o parte del espectáculo.

El padre de Matteo se encuentra ausente durante toda la película. Su rol lo ocupará el papá de su compañero César -quien es un famoso torero mexicano- y el instructor del lugar donde vive. El padre que desea y el padre que necesita. César envidia la vida de Matteo por no estar limitada por sus padres, él cree que su amigo es verdaderamente libre; Matteo, en cambio, anhela el estilo de vida su amigo, porque tiene mucho más sencillo el camino para convertirse en torero. Ambos tienen personalidades opuestas: uno es atrevido (quizá demasiado) mientras el otro es bastante tranquilo y por momentos miedoso. Uno quiere ser torero, pero no puede; mientras el otro puede, pero no quiere. Ambos están envueltos en esta crisis que tienen los jóvenes cuando deben tomar decisiones que definirán el resto de sus vidas.

Si bien son solamente 92 minutos de metraje, la fotografía de colores fríos; los primeros planos; el ritmo y la constante solemnidad que la música inyecta en la película hacen que uno termine cansado, como si hubiera visto una película más larga y densa. La forma antes descrita y la alegoría de las marcas en el cuerpo de Matteo nos alejan del contenido y del discurso del director que nunca toma una posición sobre el delicado tema del maltrato animal. En realidad, hay muchos momentos donde la cámara solamente observa -a veces de muy lejos- los acontecimientos tanto del ternero como del joven.

El encuentro del final entre nuestros protagonistas nos lleva a pensar que la definitiva relación y parentesco de estos personajes, así como la principal razón de igualar a un toro con un torero o un animal con un humano, es que ninguno de los dos tiene control sobre su futuro; es en realidad el azar lo que traza nuestros caminos. Teniendo esto en cuenta y siendo ambos simplemente carne -como se dice en la película-, es que quizá no seamos tan distintos después de todo. Toda la distancia y superioridad que sentimos respecto a las que consideramos bestias no son más que una delgada línea roja como la que separa a los vivos de los muertos.

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