La película de mi vida: “2001, odisea del espacio”, de Stanley Kubrick. Aquella vez que me enamoré del cine

Luego de una frustrante experiencia inicial, el clásico de ciencia ficción del director de «La naranja mecánica» y «El resplandor» se convirtió en el film favorito, el que abrió todas las puertas y encendió la mecha de la pasión por el cine y la crítica.

Por Rodrigo Palacios

A finales de 2018, y de manera totalmente causal, me topé en Facebook con la típica lista de películas para “cazar” cinéfilos y curiosos como yo. Tenía títulos como: «Pi» (Darren Aronofsky, 1998); «Mulholland Drive» (David Lynch, 2001), «Donnie Darko» (Richard Kelly, 2001) y «2001: odisea del espacio» (Stanley Kubrick, 1968).

Atrapado por el concepto y por esa especie de reto que la misma lista proponía, me aventuré a ver todas las recomendaciones. Hoy, por supuesto, las encuentro más que básicas para cualquier cinéfilo o hincha fanático del séptimo arte, pero no para alguien que tenía a «Volver al futuro» (1985) como la película más antigua que conocía o para alguien que al ver un artículo de «Casablanca» (1945) en un libro del colegio pensó, solo por las imágenes en blanco y negro, que jamás la vería. Un chico que iba al cine solamente un puñado de veces al año para ver principalmente films de superhéroes o alguna otra saga famosa como «Star Wars», «King Kong», «Shrek» o «Toy Story».

Mi concepto del cine –si acaso tenía alguno- cambiaría drásticamente cuando, 50 años después de su estreno, viera por primera vez «2001: odisea del espacio». En su momento el ritmo me pareció pesado. Hoy no solo no me molesta, sino que me agrada y hasta me parece necesario, ya que le permite a uno deleitarse con ese cine tan puro que proyecta Kubrick. El cansancio, por otro lado, también me pasó factura. Un cine de planos largos, ciertamente puede desalentar a un novato, personalmente me llegó a vencer el sueño en las partes mudas. Esos primeros 25 minutos donde pasamos del amanecer del hombre hasta el presente de la película; ese 2001 al cual llegamos a través de la más grande elipsis de la historia. Así mismo, toda la sección final de “Júpiter y más allá del infinito” se me hizo insufrible, hasta llegar a ese cuarto retrofuturista donde se produce un milagro indescifrable. Mi parte favorita de ese primer visionado fue la más accesible, aquella que contenía mayor cantidad de dialogo y que tenía como protagonista al computador HAL-9000.

Cuando terminó la película me sentí confundido y abrumado; había pasado del aburrimiento al desconcierto absoluto. ¿En qué momento se complicó todo? Al no hallar explicación a ese final, recurrí a Internet para buscar respuestas. En el proceso me encontré con muchos sitios colocando a 2001: odisea del espacio como una obra maestra, un clásico o una película perfecta para críticos y directores. Fue también una sorpresa para mí que la película tuviera como fecha 1968, cuando durante las dos horas y media de metraje tenía la certeza que 2001 era también su año de estreno. Sin embargo, si uno la compara con otra película de ciencia ficción estrenada ese año como es el caso de Barbarella (Roger Vadim), verdaderamente se siente más como una película de este siglo que una filmada antes de la llegada del hombre a la Luna.

La explicación del final perdió relevancia, las dudas que me atormentaban eran otras: ¿por qué esta gran obra de arte me aburrió? ¿Qué vio el mundo que no vi yo? Luego de investigar, leer y escuchar bastante sobre esta película, decidí encararla de nuevo. No sabría decir cuántos días o semanas pasaron, solo sé que coloque la versión de mejor calidad que conseguí en el televisor más grande que tenía a mi alcance, sin tener la menor idea de que al acabar ese visionado mi vida cambiaría para siempre. En esa segunda revisión, me enamoré de cada plano. Me fascinó como el sonido acompañaba y elevaba esos planos cuidadosamente trabajados a un nivel que jamás había visto. Había oído acerca del séptimo arte, pero no sabía que significaba; no realmente, no hasta que vi a Kubrick jugar a ser Dios.

Desde ese momento, «2001: odisea del espacio» es mi película favorita. Después de la experiencia que tuve era imposible volver atrás, había descubierto lo que era el cine. Terminé esa lista que encontré en Facebook y pasé a una similar donde la temática era de finales inesperados. Allí se encontraba «Se7en» (David Fincher, 1995), «El secreto de sus ojos» (Juan José Campanella, 2009) y «Dark City» (Alex Proyas, 1998), entre otras. Por primera vez empecé a fijarme en los directores. Kubrick, el primer autor que conocería junto a David Lynch. Dos directores que sigo admirando y disfrutando al día de hoy.

Pasó el tiempo, llegó la pandemia y seguí viendo cine. Aprendiendo lo que podía; escuchando y leyendo, hasta que empezó a crecer en mí, poco a poco, la necesidad de expresarme. Eso me acercó a la crítica. Primero leyéndola luego considerando la posibilidad de escribir.

¿Qué es «2001: odisea del espacio» hoy? En todas las películas de ciencia ficción hay algo de esa odisea espacial. En «Star Wars», que se estrenó 9 años después, o en «Guardianes de la Galaxia Vol.3» (2023), donde James Gunn homenajea los coloridos trajes espaciales. Sus misterios, sus detalles como aquel homínido que por un segundo parece mirar a cámara; o ese momento (todos) cuando suena «Así habló Zaratustra», de Richard Strauss, en este caso mostrándonos al líder de la manada deteniéndose a ver -con otros ojos- los huesos, esos restos de otras especies que habían sido siempre parte de su paisaje, pero que luego de la aparición del monolito, eran vistos como armas.

La increíble elipse que da lugar a esa danza cósmica con el «Danubio azul» de fondo. Los detalles, las composiciones en el espacio, el hermoso alunizaje. El mítico Hal-9000 con su amenazador ojo rojo, un villano tan frío y, sin embargo, tan humano en sus últimos momentos: «Tengo miedo, Dave». La manera en que Kubrick encuadra, dando la perpetua sensación de que Hall está en todos lados. El terrorífico ojo de Dios dentro de la nave. Todo me encanta.

Hoy valoro muchísimo más cómo Kubrick no se toma un segundo, cómo no dedica un solo plano a entretenernos; él no gasta esfuerzos en intentar captar nuestra atención. «Yo no tengo ese tipo de confianza», dijo Christopher Nolan respecto a esta película. Nos queda más que claro viendo sus historias tan fragmentadas acompañadas -de manera desmesurada- por la música de Hans Zimmer.

Volviendo con el maestro y citando a Roger Ebert: «Lo que en realidad había hecho (Kubrick) era hacer una declaración filosófica sobre el lugar del hombre en el universo, utilizando imágenes como sus antecesores habían utilizado las palabras, la música o la oración». En su espectacularidad técnica, en su importancia histórica, en su belleza y misterio, «2001: odisea del espacio» es la película de mi vida. Si el monolito en la película guardaba para nuestra especie los secretos del universo, «2001: odisea del espacio» guardaba para mí los secretos del cine.

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