La película de mi vida: “Capitán de mar y guerra: La costa más lejana del mundo”, de Peter Weir

Una obligación de los padres en principio rechazada por un niño rebelde y caprichoso se constituyó en la puerta de ingreso a los films de época y de aventuras, así como a una creciente fascinación por la Historia.

Por Ernesto Bay Joulia

Sin ser un clásico de la historia del cine moderno la película dirigida por el australiano Peter Weir me recuerda a mis vacaciones familiares en febrero de 2004, cuando en un shopping de Buenos Aires mis padres sin mediar palabras obligaron a sus tres hijos menores edad a concurrir a una sala y enfrentarnos a un género cinematográfico que nunca habíamos visto en una pantalla grande.

Ya habíamos visto películas similares en el zapping de la tele o cuando alquilábamos VHS, pero me llamó la atención que nos llevaran con ellos (a esa edad ni siquiera nos dejaban ver «Los Simpson»). Todo esto lo pienso ahora, ya que en su momento solo estaba enojado como buen niño caprichoso. No quería ver la película ni aunque me valiera un castigo, pero aun así la terminé viendo.

Hasta entonces había ido a ver varias películas en el cine, pero eran los clásicos taquilleros para toda la familia (Disney, Star Wars, Harry Potter o películas nacionales populares). Este fue el primer film “serio” que aprecié en una sala y, aunque con el paso del tiempo terminé disfrutando de más obras audiovisuales de ese género, siempre estaré agradecido de cuando mis padres me obligaron a salir de mi burbuja de confort y abrir mis ojos a otras experiencias. No solo a ver películas de otros géneros o de países cuyos idiomas no fuera el inglés o español sino también defender a muerte que toda experiencia audiovisual sea con subtítulos.

Otra de las varias ventanas que se abrieron aquella noche fue mi fascinación por la Historia, la curiosidad de aprender más sobre cada hecho de cualquier país. Con el tiempo distintas películas me hicieron valorar distintas maneras de apreciarla, como “Braveheart”; de Mel Gibson; “El silencio del mar”, de Jean-Pierre Melville; “La caída”, de Oliver Hirschbiegel; “Estado de sitio”, de Costa-Gavras; “No habrá mas penas ni olvido”; de Héctor Olivera; “Barry Lyndon”, de Stanley Kubrick; “Amadeus”, de Milos Forman. y varias más que me dejaron una marca personal. Hoy sigo aprendiendo, descubriendo nuevas cosas con solo leer sobre la materia y defendiéndolas frente a multitudes que desean mirarla con una perspectiva solo actual o directamente quieren borrarlas.

Sin ponerme en modo de crítico, a este film protagonizado por Russell Crowe y Paul Bettany lo ubico como «la película de mi vida» no solo por su belleza visual, la exactitud histórica o el excelente trabajo narrativo en cuanto a dirección o guion, sino porque fue mi pequeña puerta de ingreso a un mundo al que abracé con el tiempo y terminó siendo mi pasión.

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