La película de mi vida – Star Wars, de George Lucas

Cuando un film no es ya solo un film sino toda una enseñanza de vida.

Por José Rey

“¿Cuál es tu película favorita?”, es la pregunta más frecuente que hacen luego de que una persona menciona al cine como una de sus cosas favoritas. Pregunta que puede llegar a ser incómoda, inoportuna y asfixiante. Para algunos, porque se sienten obligados a dejar la vara en alto; lejos de juzgar, es común escuchar en esa sección a los Fellinis, Tarkovskis y Truffauts. Para otros, porque sienten que de mencionar un film poco conocido por la gran audiencia van a quedar como unos sabelotodos. Y, por último, hay un grupo que, aunque parezca difícil de entender, no sabe explicar bien por qué les gusta lo que les gusta. En mi caso, se nota que Dios decidió blindarme de pocas cosas, porque una de las pocas certezas que poseo, es la de La película de mi vida.

Por el 2005 William, mi padre, decidió llevar a una versión mía de 7 años al cine como cualquier otro fin de semana. Sin embargo, esta vez recuerdo que había una emoción que recorría mi casa diferente a las demás salidas. William, que usualmente decía “Voy a llevar al niño al cine”, esta vez estaba en versión: “Voy al cine y llevo al niño”.

Fuimos al mítico cine del Centro Comercial de Plaza Mayor en Barcelona, Venezuela – mítico porque era el único – y nos dispusimos a disfrutar de esa película, más bien fue William quien disfrutó. Yo tengo pocos recuerdos de ese momento, pero sí estoy seguro de que no logró capturar del todo mi atención. Mis memorias captan imágenes en el espacio, naves, música a todo dar y lava, mucha lava. Sin embargo, sí recuerdo vívidamente el final. Una mujer da a luz a dos hijos y muere. Algo sumamente terrorífico para un chico de mi edad. Preocupado por los niños, presto más atención y veo que son separados y entregados a dos diferentes familias. Cuando me volteó hacia William para preguntarle sobre la situación y mostrar mi preocupación, termina la película. Mi primera experiencia con los finales abiertos no fue para nada buena.

“¿Qué va a pasar con los niños?”, “¿Tienen papá?”, le preguntaba a William. “Hay que ver el siguiente episodio”, me responde. “¿Cuándo sale?”, le pregunto más aliviado y con curiosidad. A lo que me responde William con un comentario digno del final de Volver al Futuro: “Ya salió, hace 25 años”.
La confusión reinaba, pero antes de hacer más preguntas William me aseguró que el siguiente fin de semana íbamos a ver ese episodio. Dicho y hecho. Un sábado llegaría con un DVD que no solo vi 15 veces en el año según mi mamá, y no solo fue el tema de mi cumpleaños de 8, sino que sería la película a la que siempre termino visitando. Ya sea porque esté pasando un momento difícil y feliz, siempre término en Star Wars La guerra de las galaxias (1977), la primera entrega -pero el Episodio IV- de la saga.

La primera entrega de George Lucas debería ser pasada obligatoriamente en las escuelas, en las casas y, si es necesario, en las iglesias. Cuando el director dice que es una película para niños no se equivoca. Recuerdo estar sentado en el sofá viendo y pensando, ya que fue la primera película que realmente me hizo cuestionar cosas. Y es que en Star Wars está todo lo que alguien necesita saber sobre la vida, es la historia más antigua. El bien vs. el mal.

Todos sus personajes cuentan con un significado. Leia representa la esperanza, la valentía y la fe. Han además de ser el tipo cool representa la avaricia por momentos, pero también la reivindicación y el sentido de pertenecía. Chewbacca es la fidelidad misma. C-3PO y R2D2 son el nerviosismo y la astucia, respectivamente. Obi-wan es la sabiduría y el sacrificio por un bien mayor. Luke son los sueños y el bien, mientras que Vader es el poder y el mal. Todos los personajes y la historia contada es la biblia misma. Hasta los tíos de Luke que le piden que renuncie a sus sueños para trabajar te muestran lo que la sociedad te va decir constantemente cuando crezcas.

Crecí en un ambiente de cine, las salidas con William a ver película eran lo mejor de cada semana. Pero no fue hasta ese DVD en mi casa que me empecé a preguntar cómo hacían lo que veíamos en pantalla. Lucas no te tenía que señalar en un dialogo que Vader es el malo, para nada. Es un tipo gigante, con túnica negra y cuando entra en escena se escucha una música tenebrosa. Listo, está todo dicho. Lo mismo con la contemplación de Luke con los dos soles, ¿Cómo una escena donde no se dice nada me pone los pelos de punta? O el final, que ya sabes que Luke va a destruir la Estrella de la Muerte, pero él cómo lo hace, se celebra como un gol.

Más allá de la película, Star Wars quedó incrustada en mí. Toda la saga, los films buenos y malos. Todo lo que hago, lo que me sucede o presencio, me hace volver allí. Es una película que me hace entender el mundo y que me moldeó como persona. Por ahí peco de optimista, pero no sé si la vida sería tan emocionante sin entender que hay bien y mal y algo inexplicable que nos rodea y mantiene el equilibrio. Entiendo que la fuerza no existe, pero algo debe existir.

Star Wars es una película simple. Sin embargo, en lo simple se descubre el verdadero significado de las cosas.

PD: Siempre le recrimino a William que me hizo ver primero Episodio III. No tiene sentido. Hoy puedo decir que esa película sí me gusta bastante.

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