Recorrido por algunas de las fuentes de inspiración en la obra del genial y multifacético artista.
Por Inés Gaburri
Mucho se ha escrito respecto a la obra filmica del director, encontramos combinaciones de sonido, arte e iluminación en conjunto con imágenes en blanco y negro, destellos de luces, sus clásicas tomas largas de alguna carretera que nos interna en un trance del cual no queremos salir jamás, y una cierta sensación de comodidad, lo cual genera bienestar dentro del caos.
Para algunes puede ser muy intrincado el hecho de plasmar esos sentimientos en un objeto de arte; pero para David Lynch, no.
Desde sus comienzos, Lynch retrató, personificó y expuso lo que podría haber sido la peor pesadilla de cualquiera de nosotres, acompañado por sonidos eléctricos, hipnóticos y repetitivos por un lado y unas composiciones magnífica y minuciosamente curadas, por el otro.
Sabemos, gracias al documental The Art Life (2016), que su experiencia en Filadelfia fue clave para su inspiración. En un lugar tan oscuro, turbio y con personajes tan particulares, David forja su personalidad.
Un encuentro cercano con una situación extraña cuando era chico, una señora en la calle completamente desnuda y ensangrentada, lo traumó y años más tarde dio como resultado una escena que vemos en Terciopelo azul / Blue Velvet (1986) donde Dorothy (Isabella Rossellini) se encuentra en un estado similar y de alguna forma David resuelve ese trauma dándole un cierre a la historia de esa mujer.

En varias ocasiones podemos encontrar sus obras dentro de Twin Peaks como Head #2 (de la serie Small Stories, 2013) y I See My Love, representado en Jumping Man.


Con cuadros que van desde el neoexpresismo, un movimiento surgido a finales de los años ’60 en Alemania, el Art Brut, que se refiere a un tipo de arte realizado por personas sin formación académica, y el más conocido surrealismo, David no solo retrata en los propios films sus obras sino también a los autores que son grandes referentes artísticos y su fuente de inspiración.
Lynch logra recrear y adaptar sus mayores influencias visuales como las de Edward Hopper, Rene Magritte y Francis Bacon a su propio estilo.



Principalmente se considera un artista visual y, si no es suficiente con llevar el surrealismo de la pintura a sus películas y plasmar sus sentimientos en propias obras de arte, David también lo hace con la música. Cuenta con diez álbumes de su autoría, como así también otras colaboraciones que recorren diversos géneros como electro pop, electrónica, trip hop, rock experimental y dark ambient. Se destacan principalmente BlueBob (2001) Crazy Clown Time (2011) y The Big Dream (2013).
Pero, sin dudas, su relación con Angelo Badalamenti, a quien conoció en la producción de Terciopelo azul, nos dio uno de los mejores equipos y -algo fundamental para un buen film- con una combinación de imagen y sonido en la misma sintonía, Tanto Lynch como Badalamenti generan el ambiente perfecto para el viaje onírico, terrorífico y surreal. Esa relación artística nos ha dado excelentes delirios y esperemos que lo sigan haciendo por muchos años más.




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