Cobertura especial del We Are One: A Global Film Festival (Día 10): Cuatro ensayos personales a modo de balances

Por Cristina Barile, Candela Vey, Claudia Maricel Aguinaldo y María Eugenia Costa

Todo concluye al fin, incluida esta amplia cobertura del festival online al que le dedicamos decenas de reseñas y crónicas durante los últimos diez días. Y, a modo de despedida, publicamos cuatro textos en primera persona sobre cómo fue esta experiencia, que para varios tuvo mucho de iniciática.


Experimentar (aprender escribiendo), por Cristina Barile

HACER

La cobertura del We Are One, a Global Film Festival fue, efectivamente, toda una experiencia.

En pocas palabras, fue deslumbrante por la cantidad y variedad de largometrajes, cortos, animaciones y encuentros con artistas. En 10 días hubo elevación del entusiasmo y compromiso con la escritura porque ya no era una desarrollando esta tarea, sino que había certeza de que otros compañeros del Taller de Crítica estaban en la misma web eligiendo y decidiendo aquello que se iba a ver y comentar.

Hubo un reordenamiento del calendario propio en función de los horarios del festival y, aun así, el tiempo no alcanzaba para ver todo lo que uno quería.

VER

Seguramente no ha sido fácil para los organizadores el armado del festival con tantas perspectivas, directores, países y festivales que contribuyeron. Sin embargo, resultó breve la participación latinoamericana y fue interesante ver la filmografía asiática e india en cuanto a las problemáticas que planteaban. Las conversaciones fueron excelentes pero, a veces, mal traducidas o con traducciones superpuestas que dificultaban la comprensión.

CRITICAR

Confío en el hacer y, en este caso, en la escritura como modo de aprender. No se trató, sólo, de la producción propia sino de reconocer los modos de la escritura de los otros, de las correcciones y de los agregados a los escritos. En mi caso, descubrí por la corrección de Diego Batlle que a veces me enredaba en la repetición de palabras y que, claramente, había varios sinónimos para reemplazarlas. Descubrí que el copete ayuda, aclara, agrega aquello que no es necesario desplegar en el texto pero que contribuye y encuadra al lector. Aquí hay un conocimiento por inducción: cuando algo se corrige o se agrega al texto, aun de modo sutil, si puedo verlo y reconocer que ello mejora la escritura, entonces hay aprendizaje.

Tengo muy presente varias producciones críticas de los compañeros del taller y reconozco que hay poética, humor y reflexión; más aun, en aquellos film que no tuve motivación alguna para comentar.

El tiempo siempre fue escaso, hubo que empezar a correr para ver y comentar, imagino que los festivales presenciales son aún peor en este sentido.

AGRADECER

Agradezco la posibilidad de esta experiencia tan placentera, el haber conocido otras formas de escritura en las palabras de los compañeros de taller, otras perspectivas que iluminaron mi propia visión.

No sé cómo sigue la tarea pero ojalá tengamos, en algún momento, la posibilidad de conocernos y reconocernos en el más acá de las palabras.



El placer de la mirada, por Candela Vey

Terminó el We Are One: A Global Film Festival, primer festival de cine online que se realiza en tiempos de pandemia. Desde el 29 de mayo y hasta el 7 de junio estuvimos disfrutando de la más variada programación, tratando de escribir a contrarreloj sobre las películas que íbamos viendo. Largometrajes y cortometrajes de diversos géneros y latitudes, experiencias en 360°, películas animadas, documentales y charlas con personalidades del cine hicieron de este festival atípico unos días de disfrute y de compañía cinéfila necesarios.

Vi cortometrajes en otros idiomas, estrenos mundiales, restauraciones de películas antiguas, historias sobre la vida y la muerte, desigualdades sociales y films con perspectiva de género. Hice un viaje a través de formas y movimientos, colores y texturas, me dejé llevar por otros universos; si bien no pude maravillarme ni saltar de la butaca del cine, lo hice desde el sillón de mi casa.

En estos tiempos que corren se extrañan los viajes a los festivales, mirar películas de mis directores y directoras favoritas, hacer filas para comprar las entradas o entrar a las salas de cine con una grilla en la mano marcada con la programación del día. Pero con el We Are One casi todo eso fue posible, pude viajar a través de las programaciones de algunos de los prestigiosos festivales participantes como el Annecy International Animation Film Festival, BFI London Film Festival, Guadalajara International Film Festival, Festival de Cine de Nueva York, Festival de Cine Internacional de San Sebastián, Cannes Film Festival, Festival de Cine Internacional de Toronto, entre otros tantos que desfilaron durante diez días de puro cine.

Ojalá pronto podamos volver a las salas, pero si eso no sucede en un futuro cercano, ojalá podamos seguir disfrutando de los festivales favoritos desde nuestras casas y dispositivos. Sabemos que eso no es cine, pero así como la nueva normalidad se impone en el mundo, también lo harán nuestras nuevas formas de mirarlo. Porque mientras las películas no se acaben seguiremos teniendo mundo.



Por amor al cine, por Claudia Maricel Aguinaldo

Dicen que la virtualidad llegó para quedarse. Tomando esto como una hipótesis, pero no desde el campo de lo académico sino del de la subjetividad, cubrir el We Are One: A Global Film Festival ha sido sin lugar a dudas un desafío personal que toma forma desde la distancia.

Volvamos el tiempo atrás. En marzo, justo antes de estos raros tiempos que nos tocaron y nos tocan vivenciar, pensé largamente en sumarme al cursado del Taller de Crítica de Cine de Diego Batlle y Roger Koza. Me causaba una especie de debate interior en el sentido de que con esas personas a las que conocía a través de seguir sus críticas, a partir de horas y horas de ver películas, pudiese surgir un trabajo personal que remotamente fuese capaz de ser leído y analizado por “nuestros profes”. Por eso, y confesándome en voz alta, había pensado en ver qué pasaba en los tres primeros meses de cursado.

Cuando un proceso de formación, a pesar de la virtualidad, es acompañado por docentes, compañeros y autores que nos interpelan y nos abren un sinfín de puertas para que nos introduzcamos en el arte cinematográfico, el desafío cede paso a la búsqueda. Búsqueda que, desde los antiguos griegos, nos marcan el comienzo de un camino, desde donde van a ir surgiendo innumerables interrogantes que nos hacen llegar a la esencia del amor. Amor por lo que hacemos y, si esto está anexado a un arte, ese amor se vuelve sublime.

En este andar surgió la idea de que el grupo que estaba cursando este Taller de Crítica, (aquel que aceptase este desafío) pudiese cubrir la programación del We Are One: A Global Film Festival, propuesta que había surgido de Tribeca Enterprises junto a YouTube, y que reunía de forma online a 21 de los festivales de cine más importantes del mundo.

El evento, celebrado del 29 de mayo al 7 de junio, estuvo conformado por más de 100 películas escogidas por esos festivales, a lo que se sumaban entrevistas, contenidos de realidad virtual y actuaciones musicales. Los objetivos de este megaevento era llegar a los espectadores de todo el mundo, dentro de este escenario de crisis mundial provocada por la pandemia del Covid-19, permitiendo la promoción de películas, proporcionar entretenimiento y apoyar al sector cultural y audiovisual.

Volviendo al grupo conformado por 17 personas y coordinado por Diego Batlle, nos sumergimos con mucha ansiedad al ejercicio de lo que es cubrir un festival de cine. Dentro de ese grupo por demás heterogéneo en cuanto a experiencias de formación y laborales relacionadas con la crítica de cine, comenzamos esta ardua tarea. Y hablo de ardua puesto que fuimos sorteando muchos obstáculos para poder llevar adelante la tarea: vencer las distancias idiomáticas y culturales de los contenidos que visualizábamos, sumergirnos a los procesos de escritura y en cómo darle forma a los mismos, los tiempos marcados de entrega diarios, los intercambios vía WhatsApp sobre algo que habíamos visto y nuestras divergencias o convergencias, las correcciones del profe y sus sugerencias siempre bienvenidas (sobre todo si había que volver atrás), ver nuestros nombres y producciones en el blog, leer y analizar los que nuestros compañeros habían producido, los amigos que en forma privada y a la distancia daban sus valoraciones. Todas y cada una de esas vivencias, en estos 10 días nos han hecho mirarnos.

Seguramente la tarea realizada tenga más debilidades que fortalezas en cuanto a las producciones, pero a quienes han sido nuestros lectores sepan que lo hemos hecho con toda nuestra mejor predisposición y nuestro amor por el séptimo arte.

Para los que vemos lejos aún la posibilidad de cubrir en vivo y en directo los grandes festivales del mundo, aplaudimos esta propuesta del We Are One: A Global Film Festival, puesto que en los eventos por venir, aunque ya se nos permitan las salidas y las reuniones, bien deberían tener en cuenta estas formas de contacto, porque el disfrutar de los festivales y poder realizar un acompañamiento desde la escritura de críticas o el solo hecho de ver una producción, no debe quedar limitado al ámbito de una elite que puede acceder a ellos… es para todes.

Dicen que la virtualidad llegó para quedarse. Hipótesis confirmada. Gracias profes y a cada uno de los cumpas que sabemos que desde la distancia están tendiendo esos puentes que son esenciales para este andar por la vida.



Sin red, por María Eugenia Costa

Mucha veces, la mayoría de las veces, el azar tiene que ver en nuestro destino. Una pandemia cambió nuestros planes, nuestros viajes, nuestros cumpleaños, nuestras reuniones.

Mi plan más próximo, antes de todo, era seguir haciendo lo que hago: ir a la oficina, concurrir a audiencias, etc., celebrar cumpleaños, reunirme con amigos, visitar a mi familia y, como fanática del cine, era (aún es un deseo que espero pueda concretarse) prepararme para noviembre, mes en que se celebra el Festival de Mar del Plata. Planificar si este año me acredito o no, tratar de que esta vez no se superpongan horarios para ver todo lo que quiero y lo que ofrece la programación, tratar de concurrir a la mayor cantidad de masterclasses posibles y, en medio de todo, eso llevar una vida medianamente normal, eso sí casi desapareciendo durante esos 8, 9 o 10 días.

No tenía en mis planes (y creo que nadie) atravesar una pandemia. Tampoco participar de un Taller de Crítica; y sin embargo aquí estoy. Como parte de la experiencia se nos presentó la posibilidad de cubrir el festival online We are One: A Global Film Festival y tratar de ensayar a partir de prueba y error lo que hace a un crítico. Escribir sobre una de las cosas más maravillosas que existen en este mundo: el cine.

La variedad de largos y cortometrajes fue increíble. Algunos me incomodaron, otros me divirtieron, otros me parecieron sencillamente bellos y bien ejecutados. Siempre rescato que los festivales de cine me sacan de la comodidad de ver solo films que me gustan y me muestran películas de ficción y documentales que habitualmente decido dejar de lado. En este, como en otros festivales, se suele tener poca información de lo que se ve, me refiero que solo se cuenta con lo justo, una reseña acotada, y uno recurre a los críticos como guías dentro de un festival. Algún día escribiré sobre la experiencia que me quedó al seguir un listado de películas que recomendó Roger Koza durante una edición del Festival de Mar del Plata hace algunos años.

Tal vez lo único que podría criticar de este festival online (y también lo hago en los presenciales) es que algunas películas se emitieron en un solo horario y que luego fueron eliminadas de la plataforma, impidiendo que se pudieran ver con posterioridad.

Personalmente, lo que sentí durante estos 10 días fue fue adrenalina. El ejercicio consistió en ensayar, probar lo que es escribir una crítica y someter a la edición las “criaturas” que tienen mucho de uno. Sobre todo, debemos tener presente que pueden salir bien, mal, regular, y encima se debe lidiar con lo que uno piensa y cree que es un buen texto y en realidad no lo es, distinguir en algo trabajado, de lo que no lo es. Dormir, pensar, respirar cine. Darse cuenta de que una está sola y sin red, una pantalla en blanco, un teclado y las palabras dando vueltas. Una tarea en solitario que requirió del apoyo de otros que estaban en la misma situación que yo.

Toda esta maraña sentimental no hubiese sido sobrellevada sin el incontable apoyo de los compañeros que estaban del otro lado del chat para apoyarme, para comparar pareceres. Algunos con un talento innato e inmenso para la escritura.

Nunca escribí una crítica. Mi primera experiencia fue este festival. Errores y dudas, muchísimas. Creo que todo se reduce a realizar la experiencia más seguido. Continuar entrenándose, aprender a tomar los elementos necesarios para formar un espíritu crítico y comprometerse con la actividad.

Esta vez me tocó a mí. Mi notebook y yo, con mis palabras revueltas y mis páginas en blanco, sin poder preguntar qué hacer o qué decir, sorprenderme para bien con algunas elecciones y con otras no tanto. Algunos análisis me costaron muchísimo, otros menos. Así como llegó todo en esta etapa, sin demasiada preparación, y sin red.

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