Por Diego Conesa
Este encuentro moderado por el francés Olivier Pére en la 72ª edición del Festival de Locarno reunió a la dupla director-actor de varias de las películas más importantes del cine coreano reciente como Memorias de un asesino, The Host, Snowpiercer y la multipremiada Parasite.
En el marco de la entrega del Excellence Award 2019 a Song Kang-ho, uno de los intérpretes más populares de Corea del Sur, participó de una charla junto al realizador y amigo Bong Joon-ho
Parasite venía de obtener tres meses antes la Palma de Oro en el Festival de Cannes y ya era la película de la que todos hablaban, la nueva hazaña del deslumbrante cine coreano. Pero todavía faltaban mucho tiempo hasta que llegara al Oscar. Ni en sus sueños, estos dos artistas allí sentados podían imaginar el batacazo histórico que iban a dar unos meses después, al llevarse las estatuillas a Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Guion Original, Mejor Film Internacional.
Olivier Pére, quien supo ser director artístico del Festival de Locarno hace algunos años, abre la charla con sincera admiración por el homenajeado Song kang-ho, a quien presenta como la mayor estrella del cine coreano y un auténtico ícono y referente cultural en su país, por haber trabajado en las últimas décadas con todos los grandes directores protagonistas del “Nuevo Cine Coreano”. Song, de camisa roja y bermudas, irradia en su forma de hablar y en sus pausas una suerte de magnetismo que podemos definir como presencia escénica natural. Nos cuenta de sus orígenes de pueblo chico sin cines y de su primera etapa de formación como actor de teatro, que marcaría su estilo y su impronta. Al momento de abordar la interpretación de un personaje, nos habla de algún proceso de investigación e indagación, pero mayormente se apoya en su costado intuitivo. Entre sus influencias y referentes, no lo duda: Steve McQueen es el responsable de que eligiera ser actor.
Cuando la palabra pasa a Bong Joon-ho, le piden que explique cómo es que se ha dado este fenómeno de las últimas décadas del cine coreano, con una amplitud que incluye grandes éxitos que alimentan un amplio mercado internacional hasta películas de autor que hoy son protagonistas en los festivales de todo el mundo. Lo explica -o lo intenta- desde la aparición de una nueva generación de artistas y realizadores que surge en las postrimerías de la dictadura militar a fines de los años ’80, como es su caso, el de Lee Chang-dong y el de Park Chan-wook, entre otros. Más de una vez en la charla intenta brindar respuestas y definiciones sobre el “fenómeno del cine coreano”, pero se lo ve incómodo, le cuesta. Quizás está harto de repetirlo en cada entrevista, en cada festival. Termina amablemente diciendo que es difícil explicarlo siendo parte y propone que mejor lo hagan los demás.
Como en sus películas, ambos alternan en sus respuestas un aire reflexivo y profundo, con toques de humor. Alguien le pregunta a Bong si la idea de Parasite se basó en una experiencia personal, a lo cual responde que pudo escribir y dirigir Memorias de un asesino– la primera película en la que trabajó junto a Song Kang-ho sobre el caso de un asesino serial- sin tener que matar a nadie.
Cuando le consultan por el gran Akira Kurosawa, el realizador de Mother destaca el valor de su obra, pero puntualiza que admira profundamente a otro Kurosawa: Kiyoshi. Y también habla de Claude Chabrol, quien aún es influencia e inspiración.
Olivier Père es curioso y quiere saber cuál es la relación que une a director y actor: ¿Son amigos? ¿Es un vínculo solo profesional?¿Se juntan cuando no están filmando juntos?. Olivier quiere que así sea, y nosotros también. «We love each other», suelta Bong, despertando la risa general, y nos cuenta que cuando se juntan fuera del set prefieren hablar de fútbol.
Yo los escucho y disfruto bajo la fórmula de suspenso de Alfred Hitchcock: sé algo que ellos no. Que en unos meses darían el batacazo de sus vidas.




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