Cobertura especial del We Are One: A Global Film Festival (Día 3): Un encuentro con Guillermo del Toro

Por Cristina Barile

El talentoso realizador mexicano de películas como Cronos, Mimic, El espinazo del diablo, Hellboy, Titanes del Pacífico, La cumbre escarlata y La forma del agua, que le valió el Oscar, contó algunos de sus secretos e ideas sobre el cine.


Esta conversación entre Guillermo del Toro y Kim Morgan se efectuó en el marco del Festival Internacional du Film de Marrakesh de 2018, cuando aún repercutía en los medios de comunicación el premio Oscar que había ganado por su film La forma del agua.

En ese contexto las preguntas pasan por los interrogantes que despierta la construcción de sus monstruos queribles, las técnicas de filmación, el uso del color, el vestuario y los actores.

Resulta muy agradable escuchar las respuestas de Del Toro en un diálogo ameno, preciso, con riqueza conceptual y sensibilidad, como si tuviéramos a un amigo recién llegado de viaje, sentado en el living de nuestras casas.

Para explicar la creación de sus personajes evoca su historia familiar llena de integrantes muy creativos, especialmente su abuela y su madre, también su padre y reconoce a su primer monstruo querible en la figura de su tío. Una infancia rica en matices, diversiones y diversidades familiares, sociales que transcurren en medio de las creencias y mitos de su país natal. Una infancia feliz.

Toda la charla, lentamente, se va armando en función de una serie de sugerencias para los jóvenes directores y los presentes en el recinto, que se orientan hacia lo que se puede hacer, las decisiones que hay que tomar cuando se decide hacer un film; en este caso, sus películas. Para ello pone de relevancia la presencia y el uso del storytelling como instrumento o herramienta, el color y sus matices para pensar estados de ánimo, la música y el vestuario al que le dedica buena parte de la charla, entendiendo por tal, la forma en que nos presentamos en sociedad, y eso mismo es lo que hacen sus personajes y sugiere a los presentes pensar en su propio guardarropa y en las decisiones que tomaron para asistir a este evento.

Recupera, además, el cine de su infancia y encuentra semejanzas absurdas entre Boris Karloff y Santa Teresa, reconoce la influencia de otros directores de los que aprendió, como Alfred Hitchcock, y la de otros realizadores mexicanos, como Alfonso Cuarón. Por último, destaca el respeto que hay que tener por los actores porque son los que darán vida a los personajes y conocen su oficio.

Alguien interroga sobre el final de la conversación respecto de la presencia de su cultura en sus films y a ello responde que México es él, está en él y va con él a todas partes porque para ser un director internacional hay que tener al menos dos cosas con certeza: un pasaporte y raíces. En su reflexión final nos indica que las raíces no sólo identifican sino que además se constituyen en estilo, la marca personal del director y eso es lo que no hay que olvidar.

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