Cobertura especial del We Are One: A Global Film Festival (Día 3): Masterclass de Nadav Lapid

Por Vanesa Berenstein

En esta charla moderada por Romi Aboulafial y aportada por el Festival de Jerusalén, el director de films como «Policeman», «La maestra de jardín» y Sinónimos: Un israelí en París» habló sobre su particular concepción del cine y su nuevo proyecto.


El Jerusalem Film Festival nos brindó una charla corta, pero sin desperdicios, con el director Israelí Nadav Lapid cuyo film, Sinónimos: Un israelí en París (Milim Nirdafot, 2019), se alzó con el Oso de Oro en la Berlinale 2019.

Para quienes aun no lo hayan descubierto, Lapid es un representante destacado de la nueva generación de cineastas israelíes que ha venido cosechando elogios de crítica y público en festivales internacionales en los últimos años. Sus largometrajes anteriores, Policeman (Ha-shoter, 2011) y La maestra de Jardín (Ha-ganenet, 2014) también recibieron premios y recorrieron festivales, incluido el BAFICI. Es más, Netflix compró la remake de esta última en Estados Unidos, aunque con resultados no tan positivos, como suele suceder. 

La conversación comienza por los aspectos autobiográficos en su cine, especialmente en Sinónimos, en la que un joven israelí viaja a París luego de finalizar el servicio militar con la firme convicción de abandonar su identidad nacional israelí y convertirse en un auténtico ciudadano francés. Lapid también vivió en la ciudad de la luces en la misma etapa de la vida que Yoav, protagonista de su película, con lo cual interesa escucharlo hablar sobre los puntos de contacto entre su propia historia y la de sus personajes. 

Nos cuenta que prefiere la idea de film como “restauración” en lugar de “invención”. Su cine no inventa, sino que revela situaciones que ya existen. 

La maestra de jardín también nace de una idea autobiográfica. Lapid confiesa que en su infancia, creaba poemas como el chico de la película, aunque Sinónimos es aun más personal y la historia fue construida en base a memorias vívidas de sus largas noches y sus días en París. De todas formas todo su cine es personal porque está basado en un fuerte deseo por impregnarle verdad y una intensa necesidad de hacer este cine y de esta manera. Sabe que sus películas no siempre son fáciles de digerir y que tienen elementos provocativos y compara la relación con su público con aquella que se establece con alguien muy cercano, en la que si bien existe afectividad y respeto, también comprende sentimientos contradictorios, un juego de tensiones sin las cuales no puede haber profundidad. 

En cuanto a identificarse como “cineasta israelí”, cuando piensa en lo frontal y directo que implica ser israelí y en cómo esa idiosincrasia se refleja en el lenguaje, admite que sí, que probablemente lo sea. La luz en su cine también lo hace reconocerse como un realizador israelí.  En este sentido señala que nunca podría utilizar una luz suave que no se condice con la luz imponente y brillante con la que creció en su país. 

Para finalizar la charla, Nadav Lapid expresa su preocupación sobre el futuro del cine en el contexto actual y la tendencia en declive de asistencia a las salas que ya existía previamente al COVID-19. El desearía que la gente alrededor del mundo se encontrara en este momento arañando las paredes, desesperada por salir corriendo a una sala de cine pero sabe que esto no es así. De todas maneras sigue adelante. Su próxima película ya tiene nombre, Ahed’s Knee. 

Ser ganador de la Berlinale, según Lapid, es como un título de nobleza que lo acompaña a todos lados. Ya nadie lo presenta sin referirse a él como tal. Y es sabido que de los portadores de semejante título en el mundo del cine, probablemente se espera que realicen una coproducción europea con interpretes reconocidos y prestigiosos. El continúa filmando aquello que le resulta internamente necesario aunque se supone que este no sea el cine que un triunfador debería hacer. Ahed’s Knee trata de un director de cine de cuarenta y pico que se encuentra en un pequeño pueblo en medio del desierto envuelto en una doble desesperanza, la batalla por la libertad artística en su país y la muerte de su madre. Una vez más seguramente su urgencia por hacer un cine personal nos regale nuevamente la posibilidad de sentarnos en la butaca y percibir la verdadera profundidad de la experiencia humana.

Deja un comentario

Crea una web o blog en WordPress.com

Subir ↑